Visita al Hotel Almenara (Golf Club), Sotogrande (Cádiz).

Bueno, pues continuamos llevando a la práctica la intención de abandonar totalmente las redes sociales no particulares (del tipo facebook, twitter, instagram y toa la pesca) a las que tanto asco les he cogido y que NO estén bajo mi control y propiedad de autoría personal.

Como ya comenté en su momento, voy a eliminar todo contenido que dejé reflejado en esas redes (bueno, yo sólo tuve una: un perfil de facebook) y trasladarlo a los blogs y dominios web de mi propiedad particular. Faltaría más, también voy a dejar de crear contenido nuevo en esas redes. Considero que las redes sociales “generalistas”, muy especialmente las pertenecientes al grupo de Mark Zuckerberg (y más especialmente aún, facebook) han hecho (y continúan haciendo) muchísimo daño a la sociedad humana del siglo XXI, han participado de grandes escándalos, se han aprovechado de nosotros, sus usuarios… y merecen, por tanto, el castigo acorde de dejar de ser utilizadas.

Resumiendo muy mucho: las redes sociales como facebook han dado mucho por culo y ahora voy yo a darles por culo en la medida de mis posibilidades, empezando por no reírles las gracias y dejar de usarlas. Allá cada cual pero aconsejo encarecidamente hacer lo mismo. Los que no habéis estudiado técnicas SEO (posicionamiento de buscadores) no tenéis ni repajolera idea de las burradas que hacen con vuestros datos y con el seguimiento que os hacen.

Otros motivos particulares son: que no me sale de los cojones no tener el control ni autoría sobre los contenidos que creo; tener un formato más cómodo y acorde a mi estilo (escribo mucho y añado muchísimas imágenes); que los buscadores lo tengan más fácil para encontrar esos contenidos, etc.

La mejor forma que he encontrado es la de volver a usar los clásicos blogs (ya sin cursiva porque la palabra está aceptada por la RAE) o bitácoras. Sí, ya sé que no están muy de moda entre los “nativos digitales”, “niños ratas”, los que sólo (seguiré acentuando el “sólo” que sea adverbio por cuestiones prácticas, ahí la RAE se equivoca) escriben cuatro renglones, los que sólo ven internet a través del móvil y/o la usan sólo para enviar memes y attention whores fanáticas del instagram. Pero yo no estoy creando contenido nuevo para ese público que para mí ni es público… ni deberían ser personas con derecho al voto, ya puestos.

Mis blogs son mis diarios personales donde trato bastante pormenorizadamente los temas que me interesan y los dejo de cara al público para que a éste le pueda aprovechar. Que le aproveche o no de verdad, me la suda porque tengo un motivo superior: dejar constancia para mí de lo que he hecho a lo largo de mi vida.

Al que le guste, bien y al que no, que le den por delante, por detrás y por el entremedio.

Dicho eso… vamos a la manteca (colorá).

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El fin de semana del 6 al 8 de julio de 2019, Isabel y yo hicimos una desusada escapada de relax y nos fuimos al Hotel Almenara en Sotogrande, Cádiz, un hotel de cuatro estrellas.

¿Por qué digo “desusada”? Porque si habéis visto otras entradas de nuestras excursiones, habréis notado que las condenso al máximo: soy el tío más ansias del mundo cuando viajo y no me gusta dejarme atrás nada de nothing de rien de res y la verdad es que Isabel se echa a temblar cuando “programo” (sí, yo no “planeo”, yo “programo”) una excursión porque sabe de sobra que lo que menos va a hacer es… descansar. Todavía se caga en mis muelas recordando el viaje a Japón que le di que tuvo que acudir a un masajista podólogo profesional en Kioto. No te digo y te lo digo .

Total, que juntamos unos cuantos días libres ella y yo (época baja de ventas para mí y ya acabados los exámenes de sus alumnos, ella) y tomó la iniciativa de organizar una escapadilla corta de relax. Dado que la escapada anterior fue a Estepona, en Málaga, decidió buscar algo por la zona y se dio de bruces con una oferta en el susodicho Hotel Almenara Golf Club.

Pero, ¿vosotros jugáis al golf?

Qué cojones. ¿No os estoy diciendo que lo escogió Isabel para relax? La gracia del sitio es que es un lugar de retiro con todos los servicios. Es una forma de disfrutar integralmente de unas vacaciones. El atractivo principal del lugar es, obviamente, que puedes practicar el golf (que no se puede en todos lados) lejos del mundanal ruido pero también tiene gimnasio, un spa enorme (Isa se decidió principalmente por éste), tratamiento de masajes, varios restaurantes, piscina al aire libre… y que las “habitaciones” son casitas adosadas muy amplias que dan al campo y con vistas al mar.

¿Qué es lo que más hicimos en Sotogrande?

Vaguear.

Pero, como dice Isabel, “en plan destroyer.”

Es el típico sitio de lujo donde vas a que te lo pongan todo por delante y… ya está. Descansar veramente, en suma.

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Entorno físico.

El Hotel Almenara está en Sotogrande (municipio de San Roque, Cádiz… pero pegadito a Málaga), al sur de la serranía de Grazalema, a unas tres horas y un pico más de nuestro pueblo, La Carlota. El entorno es muy bonito, el típico sotobosque mediterráneo andaluz, con mucho pino, mucha adelfa y mucha jara. La zona es tan bonita que seguramente la conozcáis muchos por la actividad turística de alto standing (oisss…). Muchísimos famosos tienen una residencia en la zona que es, básicamente, una urbanización de lujo gigantesca.

La zona se empezó a desarrollar turísticamente desde los años sesenta precisamente porque está a tiro de piedra de Gibraltar (tiene conexiones con el aeropuerto), de la playa (hay un puerto deportivo cerca, el Puerto deportivo de Sotogrande), es bastante fresca (está en alto sin ser abrupta), muy arbolada, hay abundancia de agua subterránea… y porque es uno de los pocos lugares de Andalucía aptos para hacer un campo de golf y donde se puede practicar el polo.

Personalmente y ya deberíais conocerme, no estoy a favor de los campos de golf por cuestiones ecológicas (ni deportivas: considero que el golf es a los deportes lo que el trap a la música: se les califica como tal por pura caridad). Pero los turistas extranjeros, que son la inmensa mayoría de los visitantes de la zona y que se dejan su buen dinero, demandan este tipo de instalaciones con verdadera ansia. El turista español no es tan “golfista” ni tan “polista” pero es que, muy especialmente los británicos, son fanáticos del green… y se la pelan las cuestiones ecológicas: ellos quieren golfear con el sol dándoles en toda la chorla. Si os sirve de consuelo a los más concienciados hay que decir que la mayoría de estos centros ya cuentan con sus propias reservas de agua (hay varios embalses y lagos artificiales en la zona) y que, gracias a la altura, no hace falta tanto riego. He llegado a estar en campos de golf… ¡en pleno desierto de Almería!

No voy a mentir… ya pasada Estepona empezaban a verse cochazos de lujo de los de doblar cuellos. Como íbamos con maletas (Isa sieeeempre lleva de tres maletas para arriba), decidí ir con el monovolumen y, claro, destacábamos como el rojo sobre la nieve entre la “fauna automovilística.” Más aún porque todavía no había arreglado el bollo de la puerta lateral derecha (de hecho, lo dejé en el taller después de este viaje).

Mi cuñado: Pues con el dinero que tienes ya podrías tener un cochazo.

No me sale de los cojones. Considero el automóvil una cuestión utilitaria, no estética ni de estatus. Antes que gastarlo en eso prefiero invertirlo para que me dé más dinero… o gastármelo en estos viajes, así de claro lo digo. Mi monovolumen me ha dado tal apaño (he llegado a llevar frigoríficos con él) que lo considero una de las mejores “compras maestras” que he hecho en mi vida.

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Cómo llegar.

Básicamente, lo de siempre: las comunicaciones son mejores si venís por el lado de Málaga (A7, salida 130). La serranía de Cádiz impide una buena y rápida circulación por carretera por el lado occidental como podréis ver en el mapa. Aunque no os creáis… si conocéis las carreteras malagueñas, ya deberíais saber que las de costa en esta época del año tienen algunas retenciones (puntuales, eso sí, nada que ver con los atascos de Madrid… o de Ciudad de México, ya puestos). Pillamos varias a la vuelta, de hecho.

Nosotros hicimos sólo una parada, la obligatoria por ley de cada dos horas. En una gasolinera, para comprar un sándwich e ir al servicio. No, nada de beber. Tengo la costumbre de ir siempre bien provisto de bebidas energéticas (Monster Ultra zero calorías, los que son blancos, sin azúcar, los mejores y menos agresivos, al menos para mí) para eliminar sueño y cansancio.

Pantallazo ou yeah mapa hotel almenara sotogrande

No cuesta nada llegar porque la zona se comunica directamente con la autovía (es un simple desvío desde una rotonda).

Os daréis cuenta enseguida de que habéis llegado porque tooooooda la zona está llena de cámaras, barreras y badenes. Muchos políticos y gente “importante” pasa sus vacaciones en la zona y las medidas de seguridad son palpables. Me estoy imaginando la cara del guardia de seguridad al vernos entrar en la urbanización con el coche diciéndose: “pero, ¿dónde irán estos muertos de hambre? ¿Se habrán equivocado en la rotonda? ¿O son los jardineros nuevos?”

Insisto: cuidado con los badenes que los amortiguadores sufren. Y más si conduce Isabel, que la mayor parte del tiempo condujo de puta madre pero fue entrar en la rotonda y poner el coche a más revoluciones que la república de Haití. Normalmente conduzco yo porque me pone muy nervioso su particular estilo de conducción pero los gabronesh de mis jefes han decidido este año no meter a nadie de refuerzo por vacaciones veraniegas (de algún lado hay que recortar para conseguir esos bonuses por productividad, ¿eeeeeeh, pillines?) y me dejaron tan reventado el sábado por la mañana que le pedí a Isa que nos llevara ella.

Otra cosilla por la que os daréis cuenta es que la mayoría de los carteles y rótulos están en español e inglés. Y que muchos (por no decir la mayoría) de las matrículas de los coches que os encontraréis son extranjeras (británicas, alemanas, francesas…). Por la zona hay varios colegios internacionales, academias, centros deportivos de élite, etc. E inmobiliarias de lujo. Muchas y muy caras.

El hotel está muy en el interior de la zona. Y muy alto, también.

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El hotel en sí mismo.

Por el aparcamiento no hay que preocuparse. La carretera lleva con desvío propio del hotel a sus párkings. Tiene dos: uno a la entrada a mano izquierda y otro, mucho más amplio, por detrás del hotel. Nos fuimos a este último porque, como os dije, los terrenos del hotel son muy grandes ya que contiene campos de golf… y las “habitaciones” son casas adosadas. La verdad es que pudimos dejarlo a muy poca distancia de nuestra casa-habitación. Aunque las llaman bungalows a mi parecer son casas auténticas, no viviendas prefabricadas; las hay de otros dos tipos: suites y villas, algunas con capacidad para albergar familias de varios miembros.

De hecho, en recepción se ofrecieron a llevarnos las maletas pero estaba tan cerca que las llevamos nosotros mismos (Isa y yo somos bastante “antiseñoritismos”, nos gusta vivir bien, sí, pero sin abusar del personal).

Antes que nada, mis disculpas por no poder subir más que fotos tiradas desde el móvil (Xiaomi MiMax2) pero es que teníamos prisa por salir, no encontraba la Lumix compacta y no tenía ganas de cargar con la Nikon, que pesa un huevo y tres cuartos del otro.

El primer día y parte del domingo por la mañana estuvo un poco nublado pero la temperatura fue muy, muy buena, especialmente si la comparamos con nuestro amado y caluroso valle del Guadalquivir. Os recuerdo que vivimos al ladito mismo de Écija, la sartén de Andalucía. O sea, que os podéis hacer una idea del calorcito que pasamos en verano. Eso sí, hacía un viento no diré que fuerte pero sí notable (coño, hay que entenderlo: no estábamos muy lejos del Estrecho).

Almenara entrada blush
Almenara rotonda auto
Almenara West
Almenara entrada auto
El móvil es muy cómodo y qué pantallón tan útil tiene (fue por lo que me lo compré) pero, joíos, qué malos son los Xiaomi para sacar fotos de noche. Ya me lo avisaron en los foros especializados. A ver, qué se le va a hacer.

Almenara noche 2

Lo dicho, aparcamos dejando las maletas en el coche porque allí es prácticamente imposible que te roben con tanta seguridad y porque no pueden entrar particulares (es una zona reservada, de pago).

En recepción, el trato muy bueno, muy correcto. La cuestión es… la de siempre. Que como es verano y hay que sustituir por vacaciones (o días libres), siempre hay quien está atendiendo que a la vez está siendo formado. Nada de particular salvo que notamos que la muchacha que nos atendió no estaba tan curtida como la que le enseñaba y nos llegó a dar un precio (el del spa), equivocado. Pero nada grave, de verdad.

Almenara recepción

Los caramelos azules de la recepción estaban buenísimos (Isa cogía un buen puñado cada vez que pasaba, ahí, sin vergüenza ninguna; y bien que hacía, qué coño). También había piruletas (pero de eso nos dimos cuenta el último día). Me llamó la atención que tenían un cartel actualizado al día de las cotizaciones de la libra esterlina ahí, bien puesto delante. Qué descojone, de verdad: con el Brexit, la diferencia con el euro es cada vez más ridícula (0,87€). Se van a dar una hostia guapa, guapa. Eso sí… creo que el turismo español se va a resentir cosa mala, por ello.

El conjunto consta del edificio principal, donde están la recepción y el bar de bebidas (Pentagrama) y, en la planta superior, el restaurante de lujo (Gaia), las casas-habitaciones adosadas, en hileras separadas, y las instalaciones (separadas) del spa (Elysium), gimnasio, la piscina con su bar de cocktails, otro edificio con el restaurante del bufé (se llama así: “restaurante Veinteeocho”) y terraza, de cara al campo de golf y la tienda e instalaciones para el golf (y una sala para juegos de niños). Tan extensos son los terrenos del hotel que en recepción te dan un mapa junto con los horarios de actividades, contraseña WiFi (4G), tarjeta-llave e información sobre servicios.

Las instalaciones están (y ya comienzan algunas críticas) bastante bien cuidadas pero se notan algunas cuestiones de diseño y de mantenimiento. Lo primero que noté fue que las hileras de casas del sector oriental no están comunicadas directamente mediante asfalto o camino llano con el edificio principal. Esto es, para llegar de nuestra casa a recepción, había que pasar por varios tramos de caminos de adoquines. Y hacerlo en chanclas para ir al spa o, como le pasó a Isabel cuando fuimos al restaurante, con tacones, es muy incómodo. Si me preguntan por qué eso es así supongo que será porque los servicios (conserjes, botones, limpieza, seguridad, mantenimiento, etc.), se desplazan por todas las instalaciones en buggies eléctricos (adaptados) de esos que se usan para desplazarse por el campo de golf.

Los jardineros, de diez. Mucha gente no se fija en ello pero como soy jardinero aficionado y técnico fitosanitario profesional, tengo un ojo clínico muy desarrollado al respecto. La jara había sido arrancada para dejar sitio al green pero los setos (adelfas) y árboles (pinos, olivos y laureles, principalmente, con algún jodido eucalipto aislado y muchos palmitos y palmeras) eran autóctonos salvo los que rodeaban a los edificios principales que eran de flores estacionales: jacarandas, acacias…). Los jardines laterales, los de los caminos, eran xerófilos. Bien hecho. La especie más invasiva que llegué a ver fueron las lantanas. La verdad es que tiene su puñetero mérito mantener un campo de golf en clima mediterráneo pero insisto en que ello se ve favorecido por la altura y el frescor de la zona. Los campos más inferiores tenían algunas calvas de césped. Bueno, más que calvas, áreas ralas. Muy pocas, eso sí. Todo bien regado y recortado.

La limpieza, muy, muy correcta (pudimos ver cómo sacaban los colchones de las camas para limpiarlos en el exterior). Lo que sí os digo es que si vais, notaréis cosas como que ya se ve la edad del hotel en algunas manchitas antiguas de aguarrás de las obras (es el problema de tener los suelos de mármol, que hay que saber limpiarlos porque son muy delicados), algún pequeño óxido de cobre (es decir, “verdina” de origen mineral, no vegetal) en la grifería y algunas pequeñas grietas en las bañeras. Nada serio, salvo una excepción en el spa que detallaré más adelante.

Es decir, que el problema no es la limpieza, sino el mantenimiento de las instalaciones, porque hay que decirlo… se notaba “regulero” (para ser un hotel de lujo).

A mi juicio, la puntuación de cuatro estrellas es justa. Muy buen hotel pero con alguna carencia puntual que le impedía alcanzar la excelencia.

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La habitación.

Nos dieron la 114. Nota: creo personalmente (pero no puedo demostrarlo) que nos dieron esa casita porque Isa pilló una oferta y las de esa hilera no tenían vistas directas al mar, como las de la fila más adelantada. La nuestra daba con una puerta trasera a una terraza a pie de suelo con vistas al soto y la sierra. Esto es, si queréis una casita con vistas frontales al mar (que está lejos pero se ve de maravilla), me imagino que tendréis que especificarlo y que seguramente valga más aún.

Almenara entrada habitación auto

La casita-habitación, la verdad es que estaba muy, muy bien. Me encanta la idea de tener tu propia habitación “independiente” en forma de vivienda. Muy amplia y con un señor baño.

Una de las cosas que más me gustan de estos hoteles de muchas estrellas es que, aunque lo rente un matrimonio, las camas estén separadas y, además, sean de buen tamaño. Por comparar, las fatiguitas y el calor apretujaos en pleno agosto que pasamos varias veces en Japón en aquellas habitaciones teenie-weenieayyyyyn, pa’ mí se quean.

Otra cosa que me llamó la atención es que el techo, de vigas de madera (o imitación, yo qué sé)… era altísimo. Eso ayudaba mucho a que no se calentara la habitación. Y eso que contaba con un buen aire acondicionado.

Almenara trasera casa auto.jpg

Del baño poco había que objetar. Isa lo flipó con la ducha, es de esas de cabezal con varias funciones. De hecho, se podía combinar con otra fija que no se ve en la imagen. Yo me duché varias veces, una nada más llegar que estaba de viajar en el coche hasta las narices. Las miniaturas de hotel, bastante generosas, la verdad. No tenían peine, eso sí. El baño tenía incluso bidé. Puede parecer una chorrada (yo no lo uso, obviamente) pero que un baño tenga bidé indica un cierto nivel. Y un derrrrrroche de espacio (ou, yeah).

Almenara baño auto

Las camas, buenísimas. Y un detalle curioso: estaban vestidas de entretiempo. Supongo que porque por la noche refrescaba, la verdad. Las sábanas, una delicia de suavidad.

Almenara camas auto

Almenara habitación auto

Las casitas dan a una terracita a nivel de suelo, desde la que se puede ver la sierra. Por si os extraña de ver el cenicero: Isabel y yo somos furibundos antitabaquismo, sumamente intolerantes con la nicotina. Pedimos la habitación expresamente para no fumadores pero, por lo visto, todas las habitaciones tienen en la terraza un cenicero de fondo de agua de serie (nos da hasta rabia ver ceniceros). Supongo que por si acaso los clientes quieren fumar fuera de la habitación porque dentro está prohibido.

Almenara trasera mesa y sillones auto
Los que sepáis del mundo de la aceituna, no os llevéis la cabeza a las manos con la poda tan particular de estos olivos: son de adorno (muchos eran acebuches), no productivos.

Almenara olivos
Almenara olivos 2
Almenara trasera jacaranda
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Estética del entorno.

En los folletos y anuncios te venden el entorno arquitectónico como de inspiración “hispánica” y “mediterránea” pero lo cierto es que son construcciones más pragmáticas que otra cosa aunque tengan los detalles de las tejas, farolas y una combinación cromática tradicional. Quedan bien en el paisaje mediterráneo de sotobosque, eso sí. No son ningún atentado contra el entorno. No visualmente, al menos.

Entorno Almenara uno
Entorno Almenara dos
Panorama Sotogrande
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Gastronomía.

Después de “expandirnos” (esto es, abrir las maletas y soltar todos los avíos por todas partes) lo primero que hicimos fue… zampar. ¿Qué esperábais, si llegamos a las cuatro? Milagro que pillamos la cocina del Veinteeocho abierta.

Como dije antes, este restaurante es el que se encarga de “proveer” de comida y bebida a los golfistas. Tiene una amplísima terraza que da a los campos de golf y al sotobosque de San Roque.

Almenara Veinteeocho.jpg
Esta es mi chica (sin maquillar ni ná de ná). Más guapa que los euros.

Almenara Isabel Veinteeocho
Vistas de los campos de golf desde la terraza del Veinteeocho. Como se puede ver, las instalaciones cuentan con su propia reserva de agua bajo la forma de una charca-embalse (hay muchas por la zona)… y se ve una grúa al fondo. Estamos a mediados del 2019 y el ladrillo vuelve a estar en auge una vez pasada la crisis, especialmente en zonas de lujo como ésta. Ay…

Almenara Golf Metro
Almenara campos de golf
Almenara campos de golf 2

Este restaurante sirve de bufé por las mañanas (teníamos contratado el desayuno) pero cierra por la noche, turnándose a las siete con el mucho más lujoso Gaia, en la planta superior del edificio principal.

Lo dicho: al llegar estábamos esmayaos así que pedimos de comer. ¿El qué? Esto:

Almenara almuerzo veinteeocho
Salteado de verduras con tiras de pollo, huevos rotos con jamón ibérico y una hamburguesa de ternera ecológica. No la pedí por “ecológica.” Soy fitosanitario, sé de sobra que no se diferencia una mierda de la normal. La pedí pues… porque no había otra hamburguesa de ternera.

Como ya sabréis si me habéis seguido algún tiempo, soy (somos) un auténtico sibarita del buen comer y tengo el paladar muy fino (aunque no educado a nivel profesional, obviamente). La comida estaba muy buena. No era top (eso es muy difícil de conseguir) pero más que digna. A ver cómo lo digo: muy bien preparada pero los ingredientes, salvo excepciones (las patatas cortadas a mano y fritas en aceite de oliva extra de primera) no es lo que estoy acostumbrado a comer en los mejores resaurantes de la Costa del Sol. Se lo atribuyo (como ya comentaré más adelante) al hecho de que Sotogrande está relativamente aislado, muy arriba en el monte y eso dificulta el acceso a materia prima de alta calidad. Pero, insisto: muy buena, de categoría profesional. La carta tenía una selección relativamente corta pero muy bien surtida para satisfacer gustos variados. desde mi punto de vista, el Veinteeocho tiene mejor relación calidad-precio que el Gaia. Que no es que el Gaia no haga buena comida ni muchísimo menos sino que para lo carísimo que es el Gaia, el Veinteeocho está mucho, mucho mejor. Con una excepción: el servicio de habitaciones.

Isabel se pidió un postre (cómo no) que compartimos. Tarta de manzana con helado de canela y frutos rojos. Cómo no, casi no me deja tomar la foto (ahí la veis, cuchara en ristre).

Almenara postre Veinteeocho
Después de aquello y debido al viaje y a la paliza que teníamos encima (yo había trabajado y muy duro por la mañana), nos pegamos una siesta que no se la saltó una pulga epiléptica.

Insisto: si nos decidimos por esta excursión fue precisamente para relajarnos y descansar (el mes de mayo y junio fueron muy movidos en nuestros trabajos y familias).

Nos pegamos tal siestaca que cuando nos levantamos ya estaba anocheciendo: nos dio el tiempo justo a ducharnos once again, dar una vuelta por las instalaciones, a ver dónde estaba todo y a pasear por los campos de golf (ya de noche, lo bueno de ser un tío “táctico” es que siempre llevo una batería portátil con linterna incluida.

Ya dije que sólo teníamos incluido el desayuno y se nos cerraron los restaurantes de la zona. Podríamos haber cogido el coche y haber bajado a la costa a comer algo pero no teníamos ni puñeteras ganas de conducir tarde de noche por una zona que conocíamos poquísimo y a Isabel se le ocurrió algo que resultó ser una bendición: llamó a recepción para pedir cena mediante servicio de habitaciones. Yo creía que como estaban cerrados los dos restaurantes y los dos bares no habría cocina pero… ¡qué va! El servicio de habitaciones cerraba mucho más tarde que el restaurante Gaia. Pedimos, y al ratito vino a nuestro bungalow una camarera en un buggy con nuestra cena calentita en una bandeja que pesaba dos arrobas porque era de acero integral.

Almenara servicio de habitaciones
Almenara cena servicio habitaciones dos
Penne rigate con pollo y salsa pesto para Isabel y hamburguesa extra grande de cerdo con queso. Compartimos. Y estaba todo de muerrrrrrte. Fue la mejor comida de toda nuestra estancia pero con franca diferencia. Las cosas que se descubren así por casualidad, ¿eh?

Si alguien me pregunta que por qué me pedí otra hamburguesa fue por varios motivos pero el principal fue porque me salió de los cojones. No, ya hablando en serio, la pedí porque me salió de los cojones.

Y nos volvimos a echar a dormir. Madre mía, qué forma de dormir. A la pata llana, oiga. Descansamos como cabrones, sin despertador ni pollas en vinagre. Estuve viendo la tercera temporada de Stranger Things en nuestra cuenta de Netflix en la tablet pero de puro sueño no aguanté ni capítulo y medio (y eso que esta temporada está mucho mejor que la segunda, han logrado recuperar el feeling ochentero de la primera).

No tengo fotografías del bufé del desayuno (ya me parecía pasarse hacer el cateto echándole fotos), así que os dejo con un par promocionales del Hotel (todos los derechos reservados para sus autores y propietarios y bla, bla, bla…).

Almenara hotel bufé
hotel almenara buffet breakfast
Puedo decir que era muy completo y de calidad, muy abundante (como buen español no bajé de los tres platos más uno de postres), que los camareros se esforzaban por mantener todo repuesto y que tenía lo típico de estos establecimientos del sur de España: desayuno de tipo continental y británico con algunas concesiones al desayuno español (aceite de oliva, tomate, membrillo, pan rústico…). Cómo no, probé de todo. Mucho.

Como anécdota, me gustaría contar que los orondos gorriones de la zona no tienen vergüenza alguna y se pasean por las mesas y el suelo (¡interiores!) picoteando miguitas. Se llegan hasta a sentar en las sillas. Están muy acotumbrados “pavlovianamente” a que el personal y los clientes les dejen tranquilos.

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El domingo por la noche, para cenar (y para terminar de explotar al máximo el lugar), nos fuimos a comer al restaurante de lujo de la planta superior del hotel, el Gaia. Fuimos muy temprano, después de la piscina… y no había nadie. Bien. A zampar y a echar fotos como un descosido.

Almenara escalera
♪ ♫ Pisando fuerteeeee, pisando fuerteeee… ♩ ♬

Almenara Gaia pisando fuerte
Almenara Gaia dos
Almenara Gaia tres.

Vistas desde la terraza del Gaia:

Almenara vistas desde la terraza del Gaia
Bueno, ¿y qué pedimos? Esto:

Un aperitivo (de cortesía), de pan fino, cebolla y queso.

Gaia menu aperitivo
Por supuesto, no podía faltar como entrante salmorejo (con pan de hojaldre de aceitunas y miga de bacalao). En la bolsa de arpillera había un surtido de panes, el de maíz estaba buenísimo.

Gaia entrante salmorejo
Canelón de pato a la naranja.

Almenara primer plato
Picaña de ternera al estilo brasileño con guarnición de verdura picada.
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Almenara plato principal Gaia
Ésta no estaba en la carta, pero me la comía también.

Isabel Gaia
Y, cómo no y una vez más, Isabel hizo uso de su estómago independiente para postres que tiene al margen del principal y se pidió toda esta salvajada. Rica salvajada.

En primer plano, tatín de manzana; en el centro, coulant de chocolate con helado de vainilla; a la izquierda, texturas de chocolate y, al fondo, sopa de fresas con helado de chocolate blanco.

Almenara Gaia postres
Y, ahora, mi crítica y análisis: el trato, estupendo; no nos hicieron esperar y la comida estaba muy buena y bien preparada. Pero… hay que mencionar dos cosas. La primera, es que… sí, la comida estaba buena pero no tan buena como para el precio que tenía (muy cara). Vuelvo a insistir: en relación calidad-precio estaban mejor el Veinteeocho y, por supuesto, el servicio de habitaciones. Dos… no disponían de la mitad de las carnes. Hubo un tiempo que fui vegano pero me dejaba muy débil… hasta mi médico me dijo que un tiarrón como yo necesita de proteínas abundantes. Es por eso que prácticamente siempre me pido carne de principal (o pescados grasos). El camarero me puso cara de circunstancia porque le iba recitando una cosa, otra… y no tenían. Tuve que pedir la picaña (no era mi primera elección, no me termina de convencer el estilo sudamericano de preparar la carne) y compartirla con Isabel porque no tenían otra carne. A ver, estamos de acuerdo en que era domingo por la tarde-noche, que el hotel está muy lejos de los proveedores y que tendrían el stock agotado pero, hombre, que falte la mitad de uno de los surtidos (y la carta era muy reducida) no se justifica mucho en lo que pretende ser un restaurante de lujo.

Es por eso que digo que las cuatro estrellas estaban bien puestas. Es por estas cosas por las que no llega a cinco.

Después de comer nos dimos otro paseo por los campos de golf porque todavía había luz (Isabel se quitó antes los tacones).

Almenara golf uno
Almenara golf dos
Almenara golf tres

A la vuelta, nos tomamos unos cocktails en el bar Pentagrama. Una vez más, problemas de stockage: Isabel se pidió un Puerto de Indias con Seven-up y no tenían ese refresco. Le pusieron un Sprite (y no, no es lo mismo). Yo me pedí un mojito bajo en alcohol. Bien, pero… un pelín ácido. Se me subió muy rápido a la cabeza, ya no estoy acostumbrado a beber desde que me autorprohibí las bebidas alcohólicas (no hay cantidad de alcohol sana): es el primer alcohol que pruebo en más de un año.

Almenara cocktails
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El spa Elysium.

Al día siguiente a nuestra llegada nos levantamos tarde (tarde para lo que estoy acostumbrado, para el común de los mortales, fue a una hora normal). Lo primero que hicimos fue… “ir al desayuno del bufé”, supongo que os pensaréis. Pues no. Isa tuvo la buena planificación de ir primero al spa. Suponíamos (y no nos equivocamos) que no habría gente y nos pudimos meter en el agua sin una digestión pesada. Como el bufé cerraba a las diez y media nos daba tiempo de sobra.

Bueno, en realidad sí había una persona. De estas viejas acartonadas británicas de las que están más tiempo en el agua con su hidroterapia y tomando el sol porque tienen tiempo libre a raudales. Ay, qué bonito es ser rentista. Ya te queda poco para el Brexit, ya…

Spa Almenara

A diferencia de en otros spa que he visitado, aquí sí que permitían (o al menos no prohibían expresamente) el uso de móviles y tablets. Muchos clientes usaban el spa viendo películas recostados en las tumbonas, navegaban por internet con sus dispositivos móviles y muchas parejas de hacían selfies (o duefies que se les dice ahora).

Por si acaso, las tomé cuando menos gente había. El lunes, cuando se fue esa señora, ya pude tomar fotos tranquilo.

Aquí tenéis una vista de la piscina con las toberas y su circuito dinámico encendido (nota: se activan mediante sensor; ojito porque muchos clientes apagan el circuito con el botón de emergencia de la puerta porque quieren nadar tranquilos, como nos avisaron en la entrada). Al fondo podéis apreciar lo que es el jacuzzi propiamente dicho.

Almenara spa dos
A ver, hay que admitir que el spa es físicamente muy amplio (eso es fundamental, estoy hasta los “janders” de spa rácanos con el espacio) y es bastante variado pero… no es un spa de cuatro estrellas. O al menos yo no lo calificaría como tal. Es cierto que después de haber estado en el Oriental Spa Garden de Tenerife todos me parecen inferiores pero es que éste tenía algunos puntos negativos claros.

Esto es a lo que yo me venía a referir anteriormente con que iba a ser la crítica fundamental del establecimiento. Y me centro sobre todo, en el mantenimiento. La puerta automática no se abría bien (pude ver a un turista inglés chocándose con ella), la ducha tropical directamente es que no funcionaba, lo componentes de cobre ya empezaban a verdear (es un problema muy común a todo establecimiento de baños e hidroterapia) con la edad, tuve que recoger con el pie dos teselas caídas de la piscina principal y, ante todo, un aspecto que quizás debería haber dejado por escrito en la recepción (no lo hice porque me da mucha fatiga): fijaos en el techo, en las baldosas con motivos de estrellas. Son baldosas gruesas pegadas a favor de la gravedad pegadas entre diferentes materiales (techo y vigas). No soy ningún experto en cuestiones arquitectónicas pero como me gusta recordar a menudo (ya deberíais saberlo después de haber leído mi “debunking” del Proyecto Venus), he hecho muchas obras a lo largo de mi vida y creo que con las tensiones térmicas y de humedad eso puede acabar siendo un peligro. Y no lo digo por decir, es que pude recoger del fondo de la piscina dos pedacitos de cemento que provenían claramente de las junturas de las baldosas. Baldosas y azulejos deben ir lo menos en contra de la gravedad que se pueda. ¿Verdad, Calatrava?

Más cosas: te dan chanclas, toalla y gorro gratis (detalle muy simpático). Poneos las chanclas. No las dan por gusto. Me pegué un resbalón en las escaleras que por poco me caigo de culo. Personalmente prefiero un suelo más antideslizante. Es más puñetero de limpiar pero se agradece, yo mismo lo puse en mi piscina.

Almenara spa tres
El spa tiene dos circuitos: uno de tonificación y otro relajante. Nota: si no activáis la piscina principal, no funcionarán ni el jacuzzi extra de relax ése del fondo que veis ni el jacuzzi que vimos en la anterior imagen. Este spa, a diferencia de otros en los que he estado, no tiene hielo.

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El spa Elysium está en el mismo edificio donde dan los masajes y donde está el gimnasio (completísimo). Pero tenéis que pagar aparte el spa. De hecho, ambas zonas están separadas y no se puede ni salir desde el spa a la piscina al aire libre (lógico, si no todo quisqui se metería en el spa sin pagar).

Isabel sí hizo uso del gimnasio por probarlo y porque le daba la sensación de estar comiendo más de la cuenta. Yo no (para eso tenemos un gimnasio en nuestra propia casa), yo preferí usar a fondo el spa, que es algo que no puedo hacer todos los días y… me pagué un masaje que faltita me hacía (los vendedores e inversores que vamos a resultados sufrimos mucho). Estaba más tenso que Doraemon en la aduana del aeropuerto.

Nada especial, un masaje de espalda, cuello y hombros.

Cuando lo solicité, la lista de masajistas estaba completa pero pedimos que nos avisaran si surgía alguna cancelación… ¡y la hubo! Nos llamaron a la habitación y ni nos lo pensamos.

Me lo dio una masajista y me dije: “¿ésta va a poder conmigo que casi le saco una cabeza?” Joder que sí. Qué arte y qué fuerza tenía. Insisto: el personal estaba a más altura que el spa.
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La piscina.

No usamos mucho la piscina, sólo un par de veces porque no hacía mucho calor y sí mucho viento.

Almenara piscina

Muy grande y muy bonita. Creo sinceramente que la piscina está más pensada para dejar a los críos mientras los padres juegan al golf o van al spa.

Ésta sí es una piscina de lujo, de esas que comienzan a nivel y van descendiendo progresivamente (muy buena para niños pequeños), con socorrista, bar de cocktails y comida rápida de calidad. Además, te dan tu toalla. Y un detalle curioso (al menos, para mí): te dejan bañarte de noche bajo tu responsabilidad (no hay socorrista pasadas las siete), con que acudas con otra persona, basta. No me he encontrado muchos sitios donde te dejen nadar de noche.

Se me olvidaba mencionar que el pago de un masaje da derecho al uso del spa. Como ya habíamos pagado ese día, la chica de recepción me ofreció la posibilidad de descontarlo de la factura o de pasarlo al día siguiente. Opté por lo segundo. Coño, tanto fue así que prácticamente fue salir del spa antes del check-out y meterme en el coche para conducir de vuelta, jo, jo… Ahí, aprovechando al minuto.

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Resumen.

Fue un buen fin de semana, nos lo pasamos muy bien aunque he de admitir que en relación calidad-precio la visita al Hotel Almenara fue un poco cara. De todas formas, fuimos a sabiendas de que íbamos a experimentar algo fuera de lo acostumbrado para nosotros, más centrado en un relax puro y duro que en nuestras habituales excursiones intensas y bien aprovechadas de senderismo o turismo monumental.

Creo que el Hotel Almenara está más pensado para aficionados al golf que buscan servicios adicionales (spa, gimnasio, masajes, tratamiento dermatológico), sitio al aire libre, proximidad a la playa y estar, a la vez, lejos del ruido y la masificación) que para la pareja de turistas ocasionales como nosotros… que no somos aficionados al golf, para colmo.

Pero que lo que es descansar de manera integral, descansamos. Y a base de bien. En eso, cumple. Sobradamente.

Hasta la próxima.

2 comentarios sobre “Visita al Hotel Almenara (Golf Club), Sotogrande (Cádiz).

  1. Hola, Chemaz

    Hace unos meses he estado leyendo tu blog y tu perfil de Facebook. No soy una persona conspiranoica, pero sí he conocido personas que lo son y, digamos, me infecté un poco de sus memes; lo típico, culpar a los banqueros de todo lo malo y, más encima, no hacer nada al respecto.
    De todas maneras, nunca me sentí del todo convencida, ya que nadie hablaba en términos económicos -y reconocía en mi interior que nunca había tomado un libro de economía-, así que nunca leí ni escuché con mucha dedicación a nadie con esas ideas. También fui recatada y escéptica cuando esa gente me hablaba del proyecto Venus y de lo mal que estaba la sociedad sin mencionar si quiera nada concerniente a la sociología o alguna ciencia social. Sin embargo, nunca tuve herramienta ninguna para oponerme de lleno y desmontar aquello.

    Hasta que, obviamente, encontré y leí tu blog y el de Natsu. Amé cada palabra que dedicaste a Zeitgeist y al Proyecto Venus, devoré los artículos sobre la escuela austriaca y el neoliberalismo; muchas gracias por haber abordado a Chile en ellos, estás por encima de la propaganda -y ahora lo sé, ¡propaganda!- del colegio.

    No obstante, eso no es lo que me ha impulsado a escribirte. Personalmente, no he tenido una infancia y adolescencia felices, ahora mismo lidio con una depresión.
    En medio de una crisis, hace, quizá, unas dos semanas, me encontré en tu blog otra vez y leí un post tuyo en el que hablabas sobre los días negros que tú y los de tu alrededor estaban teniendo. Yo estaba disponiendome a autocompadecerme y hundirme aún más, pero continué leyendo y comprendí que tu artículo no iba sobre lo deprimente que era todo, sino que se trataba de algo simple: hay que luchar, y también, hacer las cosas bien.
    Eso me inspiró y me empujó a seguir luchando contra mi enfermedad, a seguir trabajando por lo que quiero y a hacer las cosas bien en mi vida.

    Muchas gracias por haber dedicado parte de tu tiempo en la divulgación de economía y en desmontar las conspiraciones, además de haber abierto parte de tu vida al público.

  2. ¡Hola, Ana!

    Soy Natsu, aunque estoy comentando con la cuenta en la que puse mis dibujos.

    Llevo queriendo contestarte desde que Chemaz me enseñó tu comentario, porque ambos nos hemos sentido muy identificados… Yo personalmente, y José porque me conoció con 17 años y ha visto las consecuencias de… bueno, yo tampoco tuve una infancia y adolescencia felices. Y con 37 años me diagnosticaron una depresión, que había pasado desapercibida durante décadas como “vagancia”, “glotonería” o “demasiado soñar despierta” y “no tener los pies en el suelo”… cuando dormir de más, comer azúcar (y luego ir al gimnasio a quemarla), soñar despierta y sumergirse en mundos de fantasía es simplemente una forma de luchar contra la depresión.

    Por suerte yo encontré un antidepresivo que me funciona bastante bien (desvenlafaxina, la marca es Pristiq), y mi vida ha cambiado a mejor, radicalmente. Pero eso no quita que haya momentos bajos, y como me dijo una médico: “estás enferma, y tendrás días malos… eso no se puede evitar”. He aprendido a luchar contra los días malos haciendo deporte hasta extenuarme, hasta que la camiseta y el sujetador están empapados en sudor y estoy demasiado cansada como para sentir ansiedad, y demasiado ahíta de endorfinas y dopamina producidas por el ejercicio como para estar triste. Es duro, pero son mejores las agujetas que la tristeza.

    “Personalmente, no he tenido una infancia y adolescencia felices, ahora mismo lidio con una depresión.
    En medio de una crisis, hace, quizá, unas dos semanas, me encontré en tu blog otra vez y leí un post tuyo en el que hablabas sobre los días negros que tú y los de tu alrededor estaban teniendo. Yo estaba disponiendome a autocompadecerme y hundirme aún más, pero continué leyendo y comprendí que tu artículo no iba sobre lo deprimente que era todo, sino que se trataba de algo simple: hay que luchar, y también, hacer las cosas bien.
    Eso me inspiró y me empujó a seguir luchando contra mi enfermedad, a seguir trabajando por lo que quiero y a hacer las cosas bien en mi vida.”

    Nos enterneció muchísimo leer esto. No sabría decirte cuánto, porque he estado ahí donde estás tú ahora… Chemaz ha estado conmigo, y aunque él no sufre la depresión, sí ha sufrido sus efectos conmigo, preocupándose por mí y sufre cuando me ve hundida y con la cara verde. Eso sí: siempre me apoya, me anima a hacer deporte y a realizar todas las actividades que me ayudan (ir a ver a la familia o amigos, ir a un bosque con fuentes de agua y arroyos, viajar…). Ahora mismo estoy extenuándome a hacer deporte porque al estar todos en cuarentena bajo lo que es, a todos los efectos, un arresto domiciliario, es la única forma de luchar contra la depresión que me queda. He batido todos mis récords de andar cuesta arriba rápido en mi cinta de andar… Mi récord son 8 horas y 25 minutos. Quería llegar a diez horas, pero mis pies no han dado más de sí 🙂

    Nos enternece saber de tu situación, y nos alegra en el alma saber que algo de lo que hayamos escrito alguna vez te ha servido para levantarte. Si algún día quieres hablar, escríbeme… Yo a veces he tenido que declararle la guerra a mi cuerpo para salvar a mi mente. Pero ha merecido la pena, siempre.

    Bueno, tan sólo lamento haber tardado tanto en responder. Te pido disculpas a ese respecto.

    ¡Mucha suerte con todo!

    Isabel M. Guzmán, A.K.A. Natsu

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