Excursión al Caminito del Rey. 2ª parte.

Continuamos con el relato de la excursión que hicimos Isabel y yo al Caminito del Rey el 27 de enero de 2019.

En la anterior parte, nos quedamos a punto de llegar al Puente del Rey, una vez pasados los Balconcillos del Desfiladero del Gaitanejo y el Tajo de las Palomas.

A continuación veremos el paraje natural del Valle del Hoyo, que separa este primer cañón (y las pasarelas que lo cruzan) del segundo y último tramo de pasarelas, el que lleva a atravesar el Desfiladero de los Gaitanes y el Tajo de la Encantada.

Para el que quiera seguir nuestra excursión junto con la señalización de Wikiloc, os dejo el enlace pertinente, y seguimos.

Una vez pasado el Tajo de las Palomas, el río Guadalhorce riega un pequeño valle, el Valle del Hoyo. Tuvo una cierta explotación humana pero hoy en día es, ante todo, un paraje natural, donde triscan cabras montesas y vuelan águilas y buitres leonados.

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Vegetación arbórea típicamente mediterránea de altura. Pinos, vaya. Todo tipo de pinos: piñoneros, negros, carrascos… Los más abudantes, pinus pinaster y halepensis.
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No entiendo mucho de ingeniería hridrológica, ¿vale? Me parece recordar que éste es el canal secundario de aliviadero de la central de El Chorro que lleva al desarenador (un lugar donde se quitaba el cieno del agua para que no atascara la central). Pero no estoy seguro.

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Aquí podemos ver el túnel del ferrocarril que lleva a Málaga (el mercancías) con su correspondiente talud, que atraviesa el Tajo de las Palomas. Por lo visto (corregidme en los comentarios si me equivoco), ésta no es la línea antigua (la del año 1865), sino la nueva. En primer plano y maldita la gracia que me hace, eucaliptos en la ribera del Guadalhorce. Los talaba todos. TODOS. Putos invasores destructivos…
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Dejamos atrás el Tajo de las Palomas…

…y nos dirigimos al Puente del Rey.

Se llama así (al igual que el Caminito del Rey) porque lo inauguró Alfonso XIII el 21 de mayo de 1921. Según nos contó María, nuestra guía, el rey acudió a instancias de los contactos de Rafael Benjumea, el ingeniero de buena familia que había creado todo el entramado hidrológico e industrial de El Chorro y que acabó siendo ennoblecido por el rey con el título de Conde de Guadalhorce por sus esfuerzos modernizadores. El rey vino, por lo visto, en un día lluvioso y se acabó calando hasta los huesos. La inauguración duró lo justo y Benjumea se lo llevó corriendo bajo techo, a su casa, la llamada Casa del Ingeniero, que está en los Tres Embalses.

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Puente del Rey.
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Sigue habiendo una “mijita” de altura.
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La función del Puente del Rey y su apeadero es (o era) la de conectar las dos paredes del cañón, con la intención de poder alcanzar las vías del tren y descargar o cargar personal y materiales para las instalaciones y el entorno hidrológico de El Chorro. Estaba muy deteriorado por tantos años sin uso. Nosotros no lo cruzamos. Ni vimos que dejaran a nadie cruzarlo. Estaba vallado por nuestro lado, de hecho.

Otra anécdota relacionada con la inauguración cuando vino Alfonso XIII.

Los campesinos y obreros de la zona no habían visto un rey en su vida, Hulio. Por lo visto, la expectación era enorme: no era muy habitual que uno de los monarcas visitara lo que siempre había sido una de las comarcas más aisladas y pobres de España. Y cuando los periodistas de la época preguntaron a los lugareños reunidos qué les había parecido el rey… recogieron todo tipo de comentarios de gente decepcionada. Resulta que la mayoría de ellos se imaginaba a un rey como los que describían los cuentos tradicionales: con corona, cetro y capa de armiño, grande y orondo. la genética nobiliaria no fue muy generosa con Alfonso XIII. Nosotros estamos más acostumbrados a ver en los medios a su nieto (Juan Carlos I) y a su biznieto (Felipe VI) que, quieras que no, son dos tíos bien plantaos, altísimos y que han hecho deporte toda su vida. Pero los “plebeyos” se encontraron con un señor flaco, escuchimizado, con bigotito y vestido con sombrero y llevando un bastón.

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Alfonso XIII inaugurando el que posteriormente se llamaría Puente del Rey en 1921. ¿Veis que todavía no está la línea de ferrocarril nueva y que antiguamente el puente tenía barandas de seguridad?
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Alfonso XIII siendo recibido por las autoridades al bajar del tren camino de inaugurar las obras hidroeléctricas de El Chorro.

Vamos, que el republicanismo aumentó en la zona varios puntos tras la visita, ja, ja, ja…

Más fotos históricas, aquí. Por lo visto, se hacen hasta pases teatralizados. Pero para teatro, me voy a la Maestranza de Sevilla y, para hacer rol en vivo, me voy a la Drachenfest, gracias.

Seguimos con nuestra excursión.

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Zona de La Herradura.
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Río Guadalhorce a su paso por el Puente del Rey. La etimología del nombre Guadalhorce (wādī l-jurs) está muy, muy discutida. Se proponen varias teorías de lo que significa este nombre en hispanoárabe: “río de la guardia” o “río silencioso.” En otras épocas se lo llamó también Guadalquivirejo (“Pequeño Guadalquivir”, es decir, “Pequeño río Grande”). Recordemos que el Guadalhorce es el tercer río más largo y caudaloso de Andalucía tras el Guadalquivir y el Guadiaro. Se pueden observar varias cambutas en las paredes del cañón.
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Esta fotografía, que no parece gran cosa, la incluyo como nota personal: para acordarme del frío y del viento que hacía (afortunadamente no tanto como para que cortaran por seguridad el tránsito, cosa que hacen si supera los 35 km/h). Uno de los problemas de depender de imágenes para recordar experiencias (os recuerdo que estáis leyendo unas “Memorias”) es que no siempre te permiten recordar sensaciones. El día fue muy soleado, eso sí. Pero no apetecía quitarse los abrigos y cortavientos.

 

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Aquí podemos ver los diferentes estratos geológicos.
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Hay sitios muy estrechos y sólo se puede pasar de uno en uno y, eso, con cuidado. Las antenas están repartidas por todo el recorrido, garantizando las comunicaciones (excepto en los túneles).
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Nos adentramos en el Valle del Hoyo, un gran espacio abierto entre los dos cañones (Gaitanejo y Gaitanes) del Guadalhorce. La vegetación es mucho más abundante y es, en puridad, el verdadero espacio natural de este recorrido senderístico.

 

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Al fondo puede verse el Tajo de la Encantada. Hasta allí hay que llegar andando.
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Aquí podéis ver un resumen de la fauna endémica más representativa de la zona. En nuesta excursión, sólo alcanzamos a ver cabras y algún buitre en la lejanía. Yendo en grupos es muy difícil poder encontrarse con esta tímida fauna silvestre. María dijo que a los buitres leonados se les alimentaba con donaciones de despojos de las carnicerías de Málaga… y con los excursionistas con cascos verdes que se caían por el desfiladero.

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¡Y venga pinos! Pinos a cascoporro.

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Pinos carrascos (Pinus halepensis). Creo recordar que nos dijeron que, en su día, hubo una industria artesanal de la resina y de la extracción de estricnina por los pueblos de alrededor.

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Hembra de cabra montesa o íbice (Capra pyrenaica hispanica). Antaño era cazada (hay restos de caza de cabras desde el Paleolítico) pero hoy está protegida. Conforme avanza la tarde, descienden a beber el río tras estar todo el día pastando por los riscos. En este entorno no tienen depredadores naturales.

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Cartel explicativo describiendo la flora más representativa de la zona.

 

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Algunas laderas están canalizadas para evitar que torrentes repentinos causados por tormentas arrasen con las obras hidrológicas (y con el entorno).

 

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María nos señaló esta planta como materia prima del jabón de los antiguos pobladores de esta zona pero no me supo decir el nombre científico. Tengo que investigar más sobre ella. Si alguien la conoce, por favor, le agradecería que me dejara el nombre en los comentarios. Es que me parece que ella o yo nos hemos confundido con la oreja de liebre (Bupleurum rigidum).

 

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Uno de los problemas que tiene esta área es que es muy vulnerable a la erosión. Durante las lluvias torrenciales del otoño de 2018, éstas se llevaron buena parte de algunas paredes montañosas, arrastrando incluso el pequeño charco que los biólogos habían destinado a la reproducción del amenazado sapillo pintojo meridional (Discoglossus jeanneae). Se está intentando solucionar este problema con la creación de taludes vegetales, como veis en la imagen.
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La charca (reparada) donde los biólogos intentan desesperadamente recuperar el sapillo pintojo meridional.

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Eso que se ve es el husillo o tornillo que a través de una rueda servía para accionar manualmente la compuerta de agua que conducía al desarenador del canal de la presa. Recordemos que estamos siguiendo el camino del canal de aliviadero/desarene. A lo largo de éste, podemos encontrar muchas manivelas que se usaban para controlar el flujo del agua. Antes de la automatización, se necesitaban muchos operarios para llevar una central hidroeléctrica. Si mal no recuerdo fue por esta parte (o a la altura de la charca) donde hicimos un alto para comer, en lo que llaman un “descansadero.” Es el sitio más ancho de la ruta, la mejor para hacer una parada. Hay incluso bancos. Como os dije en la anterior entrada, me arrepentí de no haber traído bocadillos y eso que sabía que no íbamos a comer en restaurantes porque no nos daba tiempo con la hora de entrada (entramos a la una y media). Nos conformamos con las puñeteras barritas energéticas. Cómo tragaban tortilla de patatas los demás “senderistas”, mecagüendiosssss…
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El Valle del Hoyo estuvo habitado hasta más o menos mediados del siglo XX. Muchos operarios tenían una casita en esta zona más llana y, antes de ellos, muchos pastores y algún carbonero vivían por la zona. Recordemos que en Andalucía se hacía mucho carbón de picón para los braseros y cocinas. Era un trabajo muy arduo, sucio y penoso. Desapareció rápidamente con el advenimiento de la electricidad y el gas butano. Muchos de estos habitantes tenían huertos particulares, y algunos de los árboles que plantaron quedaron atrás. En la imagen, un algarrobo (hueco), cuya fruta (la algarroba) se usa como forraje de calidad para el ganado (y la crema de la vaina es un sustituto del chocolate). No tengo fotos del algarrobo más grande de la zona que data de los tiempos andalusíes, cuando lo plantaron las tribus de pastores bereberes, pero era inmenso.
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Un acebuche. No sé si alcanzáis a ver unas rocas a mano izquierda. Es un peñón y, detrás de él, se encuentran los restos de una casa. Por todo el valle quedan algunos restos de las viviendas de los antiguos pobladores.
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Restos de la Casa del Peñón. Detrás de los árboles se pueden ver los restos de la casa derruida. El Peñón del Cristo fue explotado en su día como cantera.

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Casa (o Cortijo) del Valle del Hoyo. “La Casa toma el nombre del frondoso Valle, denominado también de los Naranjos; abandonada sobre una pequeña elevación es testigo y referencia del modo de vida de otra época como pequeña explotación agropecuaria. Su alberca, que tomaba agua del Canal, abastecía tanto a la familia como al huertecillo de naranjos, a otro frutales y al propio rebaño de animales. La Casa se construyó antes que las obras del antigua Pasarela, pues se tienen registros de las personas que la habitaron desde finales del siglo XIX, viviendo sus descendientes en Ardales y Álora. En la casa se vivía de una economía de pura subsistencia, contando con unas cuantas vacas, gallinas, cerdos, cabras y ovejas para hacer también queso. A finales de los años setenta la casa se abandona y empieza a servir de refugio a los montañeros y escaladores que accedían a las paredes del Desfiladero, recibiendo distintas denominaciones. Durante los ochenta se detectó, por un sondeo arqueológico, la presencia de cerámica medieval islámica y castellana, lo que indica la existencia de un asentamiento al menos desde el siglo XIII, probablemente una pequeña alquería “القرية / al-qarīa” o casa de labor.” Fuente.

Lo que no dice la web oficial es que quien estuvo viviendo en esa casa hasta los años setenta fue la matriarca del clan (me parece recordar que María dijo que tuvo doce hijos; nos dijo el nombre pero no me acuerdo), quien se fue quedando sola conforme se fueron mudando a Ardales y Álora.

Después de este… llamémoslo “hito”, la senda se pega a las paredes del Peñón del Cristo (te avisan de que hay riesgo de desprendimiento) hasta llegar a una pequeña escalera de madera para acceder al último tramo de Pasarelas.

Aquí me paré a hacer fotacas del Valle del Hoyo mientas esperábamos nuestro turno (es un sitio estrecho y no cabe más de un grupo).

Os dejo con un poco de información de la web oficial:

Aquí también se separaba el Canal, introduciéndose en la pared rocosa que parte de una “boca de entrada” y recorre unos 300 m visitables al haber sido rehabilitado con iluminación. La pequeña escalera se eleva sobre la estructura de una gran “Compuerta de Control del Canal”, que cuenta con el mecanismo que accionaba su subida o bajada. Sus distintos elementos son: tablero o tajadera, husillo con rosca, marcos, rueda y escalera de acceso.

El Canal inicia aquí un recorrido prácticamente subterráneo, con una pequeña abertura en el vértice de la Falla Chica, hasta el Puente acueducto. En 2017 el Canal ha sido reabierto tras su restauración, permitiendo el tránsito por su interior y utilizándose como alternativa al sendero aéreo los días que, debido a la lluvia o al viento, se producen desprendimientos de piedras. Una solución práctica que evita tener que cerrar el Caminito u obligar a los visitantes a volver sobre sus pasos hasta la entrada.

Dispersos por el techo del túnel existen pequeñas oquedades realizadas por algunas perforaciones de barrenos y pequeñas grietas, que son utilizadas como refugio diurno por diferentes especies de quirópteros (murciélagos). Para evitar molestarlos, se ha instalado una tenue iluminación led a baja altura.

Los murciélagos, obviamente, no los vimos, pero sí que pasamos por los túneles.

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El Peñón del Cristo.

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Foto del Valle del Hoyo tomada desde el Mirador de la Gran Compuerta.

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Antes de entrar en el tercer cañón, no señalaron una sabina (Juniperus thurifera) centenaria. Pero la foto me salió con el culo y del revés a la pata coja, así que os dejo esta foto pública.

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La Gran Compuerta.

Como hacía vientecillo, pasamos por los túneles en vez de por la pasarela. Es muy difícil echar buenas fotos en esas condiciones.

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Abajo, a la izquierda, se puede ver el viaducto del ferrocarril. Qué acojone el viajecito en tren, ¿eh? Ah, por cierto, revisando las fotos he podido comprobar con extrema alegría, gozo y algarabía que me salió la sabina centenaria, que se puede ver arriba, a la derecha, colgada horizontalmente.
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Se pueden ver las Hornacinas de San Cristóbal y las Cuevas del Peñón del Cristo.

 

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Éste es el Desfiladero de Gaitanes propiamente dicho, el último de los tres cañones de la ruta. La gente le está echando fotos a unos fósiles de amonitas pero mi cámara no daba para tanto y, para perder el tiempo, mejor decidí continuar.

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A la pasarela de la izquierda la llaman El Puentecito. Atraviesa la Falla Chica.

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Puente-Acueducto de Eugenio Ribera.

 

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Y llegamos a la parte más emocionante del viaje: el puente colgante del Caminito del Rey. Quizás lo más espectacular y por lo que es más conocido. Tuvimos la suerte y la desgracia de que hacía viento, con lo que se zarandeaba que daba gusto. No os preocupéis, es muy seguro. Lo que sí es que como no había llovido mucho, sólo nos cayeron gotas (y no chorros) de agua con el viento. Con eso y todo, agarraos bien. Y lo dicho: mejor calzado antideslizante que ir vestido en plan “casual.”

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Para otras cosas puede, pero para esto hay que reconocer que Isabel no es miedosa para nada.
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Pasarelas de salida del Gran Gaitán.

 

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Ciento cinco metros de altura… todos para abajo, si te caes.

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-¡Aaaaah! ¡Que me mojoooooo! -Señora, que es agua, no ácido sulfúrico.

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Muérete de envidia, Indiana Jones.

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Por esa torreta se alivia la presión del aire cuando se llenan de agua las tuberías y canales de la central hidroeléctrica.

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Y éste, señoras y señores, es el Tajo de la Encantada. A sus pies, el embalse de la Encantada creado por la represa del río Guadalhorce.

 

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Tajo de la Encantada. Puede verse que el nivel de agua este año está bastante bajo. Hay mucho cieno. A la derecha, Túnel y Puente del Gran Gaitán. Por ahí pasa el ferrocarril.

Salimos por el punto de salida de la Puerta Sur… y anduvimos un rato (advertencia: hay una leve cuesta y luego una bajada por el cerro Majá de la Cebolleta) hasta entrar en la aldea de El Chorro, donde tomamos el autobús de vuelta al inicio de la ruta. Por el camino, encontramos varios carteles explicativos.

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Puente de la Josefona.

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Capilla escuela de El Chorro.

Como dato curioso, hay unas pocas casas-cueva en las inmediaciones:

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Esta foto no es mía, es de la web oficial. A estas alturas me temblaban ya las manos del cansancio y pocas fotos me salían bien.
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Ésa es la nueva central hidroeléctrica de El Chorro (derecha).

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Y aquí acabó lo que fue nuestra excursión. Hay una casa (Oficina de Turismo) donde se entregan los cascos. Simplemente quiero repetir lo que dije en la primera parte: una vez pasada la puerta, entraréis en la aldea (antigua barriada) de El Chorro y tomaréis el bus de vuelta (no tiene pérdida, hay carteles por todas partes) cuyo ticket espero hayáis comprado con la entrada. Si no, deberéis dar el importe exacto.

Hay quien me ha preguntado si se puede volver andando por si ni tiene pasta ni compra el ticket. Hombre, como poder se puede… pero son casi tres horas de caminata por una carretera (cosa que veo peligrosa). Y después de haber hecho la ruta, me imagino que lo que menos ganas tendréis, es de seguir andando. Pero cosas más raras habré visto. Yo recomiendo tomar el bus, insisto. En nuestro caso, nos bajamos cerca del bar El Quiosco, nos montamos en el coche (lo teníamos en el Mirador, tuvimos que andar un poquito)… e hicimos un viaje sin mucho que comentar porque era domingo por la tarde, casi de noche y no había apenas tráfico.
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Resumen.

Voy a decir la verdad verdadera de nuestra experiencia (Isabel coincide conmigo): no es que lo pasáramos mal ni mucho menos pero lo cierto es que nos pusieron esta ruta tan por las nubes que esperábamos mucho más. Por comparar, nos gustó más la ruta senderística del río Borosa, en Jaén, de la que hablaré otro día.

Sí, lo del puente colgante llama mucho la atención y hay que admitir que es una excursión buena para hacerla en un día pero… no sé, no fue para tanto. Tal vez deberíamos haber rematado la faena visitando Ardales y Álora (la bien cercada, tú que estás a par del río, cercote el adelantado una mañana en domingo…). Tal vez deberíamos haber comido algo, que eso mejora mucho una excursión.

Eso sí, se la recomiendo a quien no quiera quebrarse mucho la cabeza y quiera variar su actividad de senderismo habitual. Pero, en mi opinión, es más turismo organizado que senderismo auténtico.

¡Hasta la próxima!

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