¿Existió el llamado en castellano mangual o mayal (‘flail’ en inglés), un arma de una mano medieval y fue usado en combate real? SÍ. Un ejemplo de “polémica barata a través de internet” en el mundo popular y académico.

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Contenidos:

0. Introducción.

0.1. Respuesta corta para el que no quiera leer mucho.

1. El trasfondo. El autor polemista. Entendiendo de dónde proviene la polémica.

2. ¿De qué estamos hablando? El mayal o mangual (flail en inglés).

2.1. Otros nombres y armas parecidas.

3. La polémica en sí. Por qué existen las dudas acerca de la existencia del mangual a una mano.

3.1. Ventajas y desventajas del uso del mangual. Por qué es un arma escasa en el arsenal europeo occidental.

3.2. Otros argumentos en contra de la inexistencia del mangual a una mano.

4. Historia del mayal. Evolución histórica.

4.1. El mayal o mangual (a dos manos) como arma.

4.2. Todavía el mangual a dos manos. ¿Existió la configuración clásica del mayal a dos manos formado por mango, cadena y bola con pinchos? Ejemplares físicos.

4.3. Un ejemplo paradigmático del uso del mayal: los husitas.

4.4. ¿Tan difícil es de encontrar un mangual a una mano referenciado claramente en Europa? Una crítica a la labor investigativa de autores que se basan en la polémica como herramienta de promoción.

5. ¿Se utilizó el mangual a una mano en otros tiempos y lugares que no fuera la Edad Media europea occidental?

5.1. Manguales en la Europa del Este medieval (y posterior).

5.2. El mangual como arma improvisada.

5.3. El mangual en otras culturas: nativos americanos.

5.4. Manguales en el área cultural indo-persa.

5.5. Manguales en el Extremo Oriente: Corea, Japón y China.

6. Conclusión.  La falsa polémica creada por Sturtevant.

7. Bibliografía.

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0. Introducción.

 

Este artículo es una respuesta a este otro en donde se afirma textualmente que el mangual o mayal (el de una mano) no existió nunca como arma en el periodo medieval.

Para el que no lo sepa, le diré que una de mis facetas como friki es la de ser un entusiasta de la Historia militar y de las armas antiguas.

Y se me abrieron los ojos como platos de incredulidad cuando me encontré ese infame artículo circulando por internet afirmando semejante disparate… aunque ese artículo no es sino el enésimo intento de difundir el mito surgido en internet (la polémica no existe en el mundo académico serio porque se sabe a ciencia cierta que es falsa) de que los mayales medievales de una mano no existieron. Más de uno de los que me leáis seguramente vengáis de sitios o foros que han hecho circular ese “artículo” o “mito” como Reddit o Menéame, buscando una respuesta de contraste.

Pues bien, os la habéis encontrado. Esa afirmación es rematadamente falsa: el mayal de una mano existió y “bien existido” en el periodo medieval y posteriores en diversas culturas del mundo y sí, se empleó en combate real.

Veremos las pruebas a lo largo de este (muy) extenso artículo.

Pero además quiero (como siempre), con este mismo artículo, conjuntar varias de mis actividades favoritas:

  • Difundir cultura y divulgar conocimiento técnico y científico.
  • Enseñar sentido crítico y técnicas de debunking. Especialmente para desmontar gilipolleces que uno se encuentra por internet.
  • Desmontar mentiras directas en el ámbito académico.

Ya de por sí soy una persona muy intolerante con la maldad o el absurdo… pero encontrarme con mentiras directas y frontales en el mundo de la cultura y del conocimiento académico (¡¡¡y por parte de supuestos profesionales del área!!!) hace que me cabree más que el Capitán Garfio la vez que Peter Pan le regaló un violín.

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0.1. Respuesta corta para el que no quiera leer mucho.

 

Esto es un Kriegsfegel (mayal o “flagelo de guerra”) alemán del siglo XV de 78,5 cm. Datado por los expertos de la casa de subasta y anticuarios Fischer:

Kriegsfegel (mayal o “flagelo de guerra”) a una mano alemán del siglo XV de 78,5 cm.
Kriegsflegel (mayal o “flagelo de guerra”) a una mano alemán del siglo XV de 78,5 cm.

Mangual medieval de a una mano procedente de Bohemia. Siglo XV. Fuente.
Mangual medieval de a una mano procedente de Bohemia. Siglo XV.  Kriegsflegel, Deutsches Historisches Museum, número de inventario: W1799. Altura del asta: 59 cm. Longitud de la cabeza golpeadora: 20.5 cm. Diámetro en la parte superior: alrededor de 4 cm. Fuente.

¿Ejemplos “aún más medievales”? Venga.

Cabezal de mangual de jinete ruso (este tipo no usaba cadena sino correa de cuero, mucho más perecedera y que, por tanto, no se ha conservado). Siglo XII d.C. Para nada una réplica, ya que fue desenterrado de una expedición arqueológica en la zona de Korsun, Ucrania.

Kiścień o cabezal de mangual ruso para jinete de tipo III (nomenclatura del científico ruso A. N. Kirpicznikowa) de finales del siglo XII. Colección privada de J. Choynowski. Extraído en excavación arqueológica de la zona de Kiev en el siglo XIX. Bronce.
Kiścień o cabezal de mangual ruso para jinete de tipo III (nomenclatura del científico ruso A. N. Kirpicznikowa) de finales del siglo XII. Colección privada de J. Choynowski. Extraído en excavación arqueológica de la zona de Kiev en el siglo XIX. Bronce.

Fuente (en polaco): Muzeum Wojska Polskiego.

Fuente literaria y documental (en polaco).

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¿Se encuentran referencias académicas y descripciones técnicas de estas armas? Sí, por supuesto. Aquí podemos ver una relación y descripción técnica de manguales militares de la obra Glossario ARMI BIANCHE Antiche ed esotiche, de Edoardo Mori. Los ejemplares analizados en esta obra provienen a su vez de los analizados en el libro de Carlo De Vita, Armi bianche dal Medioevo all’Età Moderna, Florencia 1983, publicada con el patrocinio del Ministerio de Bienes Culturales italiano, y ejemplares alemanes  que aparecen en la relación de Müller – Kölling – Platov Europäische Hieb- und Stichwaffen, Berlín Este, 1978.

¿Y nos no lo encontramos en las obras de arte de la época? Bueno, dado que el señor Sturtevant dice en su artículo que no se fía de las ilustraciones medievales, le daremos un ejemplo con la estatuta del paladín Oliver portando un mazzafrusto en la catedral de Verona, Italia. Siglo XII.

Estatua del palatino Oliver portando un mayal de una mano y escudo cometa. Catedral de Verona, también conocida como Santa Maria Matricolare o Duomo di Verona. Italia. Siglo XII.
Estatua del paladín Oliver portando un mayal de una mano y escudo cometa. Catedral de Verona, también conocida como Santa Maria Matricolare o Duomo di Verona. Italia. Siglo XII. Volveremos más adelante a tratar esta imagen.

Esto (primer plano) es un mayal coreano de finales del siglo XV y principios del XVI. Como se puede comprobar, el arma no sólo existió en la Europa medieval, sino en muchísimas más épocas y culturas.

Pyeongon: mayal de guerra coreano de una mano de la dinastía Joseon para jinetes (finales del siglo XV y principios del XVI), con la clásica forma de palo más cadena con bola y pinchos. Idéntica a su homólogo europeo “clásico”. Museo de la Guerra de Seúl. Dado que Corea y Europa NO estaban directamente comunicadas en la época, el desarrollo de este arma en concreto fue una evolución local, no una importación europea. Y dado que la emplearon varias culturas contemporáneas muy alejadas entre sí, la mecánica de su uso no debería de ser tan aparentemente absurda como “algunos” predican. Nótese que no es ninguna réplica y que se usó en combate real.

 

Y, ahora que lo hemos dejado claro de manera resumida, vamos a tratar una respuesta mucho más larga para tratar este asunto desde todos los puntos de vista y ángulos de estudio posibles y que se pueda zanjar de manera definitiva este falso debate sin posibilidad de discusión.

Porque una respuesta corta del tipo “¡zas en toda la boca!” como ésta la puede dar cualquiera.

El ensayo que voy a hacer y con el que voy a destrozar a los gilipollas que crearon esta polémica y a los que se la creyeron, NO.

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1. El trasfondo. El autor polemista. Entendiendo de dónde proviene la polémica.

 

Primero veamos los orígenes “interesados” de esta falsa polémica para ponernos en antecedentes y entender muchos posteriores “porqués.”

Este señor es el doctor Paul B. Sturtevant, supuesto medievalista… e Historiador. Es el autor del artículo donde afirma que no existieron los manguales medievales de una mano que procedo a desmentir.

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El medievalista americano especializado en cine, Paul B. Sturtevant. Su curriculum.

El texto de su artículo lo incluyo íntegro (sin imágenes) porque estoy harto de ponerme a “debunkear” para que luego borren o modifiquen el texto. El que quiera que se lo salte y pase al siguiente apartado (el número 2). Me ha sucedido más de una y diez veces a lo largo de mi vida como luchador escéptico que, cuando “pillo” a alguien en una cagada, borran o eliminan los enlaces con lo que dijeron (los que me conozcan de haber demostrado como falso el Proyecto Venus saben de lo que les hablo). Siempre que puedo intento evitar que los enlaces que pongo se conviertan en rotten links y la mejor forma que he hallado para evitarlo es incluir directamente en mi réplica aquello que dijo el autor objeto de mi debunking y para la posteridad o similar quedan. Así, de paso, me evito acusaciones sobre falacias de hombre de paja, etc. A lo que íbamos. Lo que dijo Sturtevant:

“Just about everybody interested in the Middle Ages, who has played Dungeons and Dragons, or read historical and fantasy novels knows what a military flail is. It’s one of these:

A one-handed military flail (modern reproduction)

A military flail is a medieval weapon consisting of a short handle attached to a chain, at the end of which is a metal ball. This is not to be confused with a two-handed variant, often also called a flail, which derives from the threshing implement of the same name. Varieties of the one-handed version have multiple chains or spiked heads. They have appeared in a range of medieval movies and books, and they are held in the collections of museums like the Metropolitan Museum of Art.

Only problem is: they never existed.

Despite the weapon’s popularity in pop cultural depictions of the Middle Ages, the flail was almost certainly an invention of the imaginations of later people.

But, of course, it’s much harder to prove a negative- that something did not exist – than something did. Military Historians Kelly DeVries and Robert Douglas Smith demur on the question in their book Medieval Military Technology:

“This ball-and-chain weapon has attracted a great deal of comment from modern historians, some claiming that it existed, while others dismissing it as a fantasy. It was likely that a weapon like this was used but was not common.”

Philip Warner, writing in 1968 in his Sieges of the Middle Ages was more blunt, calling all existing examples of this weapon “fakes.”

Let’s look at the evidence.

Firstly, as a weapon of war, the flail is not a good design. The element that makes a flail unique—its chain—is the biggest drawback. The chain and swinging ball make this theoretical weapon extremely difficult to control. In a tightly packed formation, a swinging weapon would be as likely to brain your fellow soldiers as it would your enemies. If it were to rebound, say off a shield or even a successful strike, it would be likely to hit you. God help you if you miss, and hit yourself or the thing flies out of your hand.

And in terms of physics, the swing certainly gives the metal ball a higher speed than the head of, say, a similar mace. However, the mace, being rigid, allows the fighter to follow through the swing with their whole body. Any follow-through with a flail would just make the potentially disastrous rebound hit you even harder. Also, the chain is a weak point that could break or be broken by your enemy, or find itself wrapped around their sword, or the handle of a larger weapon.

“But wait,” you may ask, “what about those flails at the Met that you just mentioned?” This is where the story gets interesting. My working hypothesis is that all the flails at the Met, and those in similar collections occasionally found elsewhere in the world, are, as Warner asserted so bluntly, fakes.

I call this a hypothesis because I have not (and likely will never) examine every single one. And, the possibility that fakes can exist in museum collection sets many curators’ teeth on edge. The art world has acknowledged (and even occasionally celebrated) the fakes in their museum collections for decades now. But history museums have been far slower, generally quietly correcting their catalogues rather than taking this particular bull by its horns. To their credit, due to the questions over their provenance the Met no longer displays their flails in the museum.

I looked at the Met’s flails with the help of Dr. Nickolas Dupras, an expert in medieval arms and armour.

This one, Dr. Dupras, says, takes its form from a horsewhip (a “goad”) instead of a military weapon.

Military Flail, 15th century (?)
German, The Metropolitan Museum of Art, New York, Gift of William H. Riggs, 1913 (14.25.1366)

“The chains look relatively flimsy,” Dr. Dupras said, “these three-ball flails are based on manuscript illustrations depicting early ‘cat-o-nines’ or whips, also depicted as instruments of torture in Passion and martyrdom illustrations.” It’s important to note as well that a real goad would have been made of wood and rope—why this one, a copy of the form, is made of steel is unclear.

The next one in the Met’s collection is very different, with very fine workmanship.

Military Flail, ca. 1500 (?)
German, The Metropolitan Museum of Art, New York, Rogers Fund, 1904 (04.3.48)

But this one, too, probably never saw military action. Dr. Dupras described is as “probably also decorative or ceremonial. Consider that by 1500 [when the Met dates it] arquebusiers and pikemen are the mainstays of the army.” In a world of guns and 20-foot-long spears, this flail would have been worse than useless on the battlefield.

This one is perhaps the most telling of the bunch:

Military Flail, 16th century (?)
German, The Metropolitan Museum of Art, New York, Gift of William H. Riggs, 1913 (14.25.1365)

Here, the Met describes it as “probably mid to late 19th century in style of 16th century”. It is, in essence, a copy—but a copy without an original—more art than weapon. And interestingly, flails attributed to later periods keep cropping up, such as this one at The Future Museum:

Flail, 17th Century, The Future Museum, Kilmarnock (MA/M7)

Interestingly enough, however, there is one source of evidence that complicates matters: art. A military flail of this kind is depicted in a very small handful of mostly late-medieval manuscript illustrations.

At first that would seem to settle the debate: flails certainly existed, otherwise what could these artists be doing putting them in their art? But a peculiar common thread ties all of these depictions together, however: they are all depictions of the exotic or fantastical. The first two are from manuscript editions of The Travels of Marco Poloand the flails are held by warriors from the Middle East.

Livre des Merveilles du Monde, 253r, 1400-1420

The Battle of Mari, from The Travels of Marco Polo

The other is from the first manual of military technology Bellifortis by Konrad Kyeser—surely a more reliable source.

Bellifortis of Konrad Kyeser, MS.1360, 25v

But unfortunately Konrad, and his the artist here also wanders into the fantastical, like with this, my favourite of the images in the manuscript.

Bellifortis of Konrad Kyeser, MS.1360, 10r

The artist certainly had quite an imagination.

These weapons are also neither described in medieval literature or chronicles, nor are they listed in armoury catalogues. They simply aren’t discussed.

This leaves two real possibilities. The first is that the military flail was a very late-medieval technological experiment that never really took off due to its inherent flaws. The few that we have dated to that period are authentic, but they are rare in collections because they represent a dead end.

The more interesting possibility is that they were figments of an active artistic imagination, and that the examples we have are artistic or ornamental. This is a fascinating possibility, because it means that the flail could be an example of what French philosopher Jean Baudrillard called simulacra: copies of something that had no original.

If it is a simulacrum, the original inventors were not weaponsmiths but illustrators. The weaponsmiths who made them—in the sixteenth, nineteenth, or twenty-first century, were just copying an idea rather than a thing. Its realest life has been its afterlife.

In either case, the flail persists in the imagination for the very reason it was invented—whether by artists or smiths—in the first place: because it looks cool, dangerous, unpredictable, unwieldy, and uncivilised. These attributes have made it so successful in its afterlife because they fit so perfectly into the vision of the Middle Ages: the one that is inexorably dark, crude and violent.

Sir Walter Scott deployed this idea when he put a flail into the hands of an unhinged Crusader in his 19th-century novel The Talisman:

“I am Theodorick of Engaddi,” he said,—“I am the walker of the desert—I am friend of the cross, and flail of all infidels, heretics and devil-worshippers.” […] So saying, he pulled from under his shaggy garment a sort of flail or jointed club, bound with iron, which he brandished round his head with singular dexterity.

“Thou seest thy saint,” said the Saracen, laughing, for the first time, at the unmitigated astonishment with which Sir Kenneth looked on the wild gestures and heard the wayward muttering of Theodorick, who, after swinging his flail in every direction, apparently quite reckless whether it encountered the head of either of his companions, finally showed his own strength and the soundness of the weapon, by striking into fragments a large stone which lay near him.

“This is a madman,” said Sir Kenneth.

For similar reasons, flails have featured in medieval films that present the world as brutish and uncivilized. One features in Monty Python and the Quest for the Holy Grail.Another can be seen in Ridley Scott’s 2005 film Kingdom of Heaven, wielded by a knight attempting to assassinate the hero:

And, In The Lord of the Rings: Return of the King, Peter Jackson famously armed the Witch King with the mother of all flails. In the video here, Richard Taylor calls the weapon that Jackson asked for “ridiculously large” and so unwieldy even the prop was practically unusable.

The flail is not a weapon so much as it is an icon. It exists, and will continue to exist, because it so vividly paints the Middle Ages not as it was, but as we believe it to have been. That the medieval military flail exists at all is probably the most fascinating thing about it.

Editor’s note: I know this topic stirs up some heated passions among those on both sides of this issue. Think I’m wrong? Prove it in the comments…

Editor’s note II: Quite a few people have been leaving comments talking about the existence of the two-handed flail. That sort of flail– developed from the agricultural threshing implement– is very well attested. It was generally had a 1.5m long handle, a hinge of leather or rope, and a long head about the length of your forearm. They were very much a thing. They also are not what I’m talking about above. Thanks for the comments! “

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Repito la fuente: su artículo en The Public Medievalist, ¡revista de la que es editor!

¿Hasta aquí todo claro? No, no voy a traducir del inglés, tal y como avisé en la cabecera. Ya sois mayorcitos para saber leerlo.

Volveremos en el último apartado sobre Sturtevant, su curriculum y el porqué redactó este artículo creando esta… polémica. Advierto: no voy a ser muy misericordioso con él.

Resumiendo: Sturtevant niega que haya existido el mayal o mangual a una mano como arma.

Lamentablemente para él, existimos muchos historiadores, entusiastas de la Historia, de las armas antiguas, coleccionistas e incluso estudiantes de Secundaria europeos y orientales que le vamos a dar con las pruebas en la boca… en público.

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2. ¿De qué estamos hablando? El mayal o mangual (flail en inglés).

 

La (falsa) polémica se centra principalmente en torno a si existió o no un arma medieval de la familia de las armas contundentes/mazas con esta configuración básica: mango (de diferentes posibles materiales, el más común la madera) más un sistema de conexión como una cadena o un par de eslabones (también puede ser una cuerda o tira de cuero) a la que va unida una extensión más o menos corta pero generalmente más pesada proporcionalmente y/o más recia (generalmente una bola de metal, una piedra u otro palo más corto). En esa extensión más corta se podrían incluir o no elementos que hicieran aún más peligrosa esa arma, como pinchos metálicos, aletas, extensiones o protuberancias varias.

Existen DOS variedades básicas de esta arma: una tan grande y aparatosa que se necesitan las dos manos para empuñarla y otra, más corta, que se puede empuñar con UNA mano.

No se discute la existencia de la variedad a dos manos. Es la variedad de UNA mano la que se pone en cuestión por parte de Sturtevant y los creyentes en este “mito moderno.”

El arma recibe varios nombres en diferentes idiomas. En español se la llama indistintamente mangual o mayal, aunque con “mayal” nos referimos tanto al arma como a la herramienta agrícola del mismo nombre y con “mangual”, generalmente sólo al arma. Aunque hay excepciones. Una nota a tener en cuenta es que se le llama más “mangual” tanto al arma como a la herramienta cuanto más cerca nos encontremos de la frontera con Portugal, ya que allí ambos objetos reciben ese mismo nombre en portugués: mangual. Por ejemplo, en Huelva, provincia española fronteriza con el país luso, se utiliza más el término “mangual” tanto con respecto al arma como a la herramienta agrícola.

Esta es la herramienta agrícola que se conoce (entre otros nombres) en castellano como mayal:

Mayal agrícola para trillar cereales. Este ejemplar es un original francocanadiense del siglo XIX. Está hecho de madera (el mango largo mide 2,06 m) y tiene una tira de cuero en vez de cadena, como los mayales tradicionales más sencillos. Colección del Musée de la Civilsation. 58-100. Ciudad de Quebec (Canadá). Los campesinos sujetaban con las dos manos el mango más largo y lanzaban el corto aprovechando la fuerza centrífuga sobre el cereal acumulado, para golpear con fuerza éste y romper su cáscara (que posteriormente se separaría del grano). La mayor parte de las veces el trillado se realizaba en la era, el suelo del granero o directamente en el campo, pero en siglos posteriores (y con cosechas pequeñas), el proceso se podía realizar sobre sábanas, para así poder aventar más cómodamente después el cereal y que el viento pudiera separar la paja.
Mayal agrícola para trillar cereales. Este ejemplar es un original francocanadiense del siglo XIX. Está hecho de madera (el mango largo mide 2,06 m) y tiene una tira de cuero en vez de cadena, como los mayales tradicionales más sencillos. Colección del Musée de la Civilisation. 58-100. Ciudad de Quebec (Canadá). Los campesinos sujetaban con las dos manos el mango más largo y lanzaban el corto aprovechando la fuerza centrífuga sobre el cereal acumulado, para golpear con fuerza éste y romper su cáscara (que posteriormente se separaría del grano, normalmente mediante el proceso de aventado, es decir, con la ayuda del viento). La mayor parte de las veces el trillado se realizaba en la era, el suelo del granero o directamente en el campo, pero en siglos posteriores (y con cosechas pequeñas), el proceso se podía realizar sobre sábanas, para así poder aventar más cómodamente después el cereal y que el viento pudiera separar la paja.

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El nombre “mayal” proviene del asturleonés antiguo mallal y éste, a su vez, significa “mallar” esto es, “majar”:

majar

Der. del ant. majo ‘mazo de hierro’, y este del lat. malleus ‘martillo’.

  1. tr. machacar (‖ golpear).

  2. tr. Golpear en la era el trigo, el centeno, el lino, los garbanzos, etc., con el manal o mayal, para separar el grano de la paja.

  3. tr. coloq. Molestar, cansar, importunar.

Fuente: la Real Academia Española.

Más clara y significativa no puede ser la etimología, especialmente en su segunda acepción en la RAE.

Más que nada porque el mayal como arma proviene de ese instrumento agrícola, también llamado “mayal” usado para la trilla de cereales (y legumbres).

El mayal tradicional no es más que un palo largo al cual va atado ya sea con cadena, tira de cuero o con cuerda otro palo más corto pero más grueso, resistente y pesado. Empuñando con las dos manos el palo largo se lanza el palo corto aprovechando la fuerza centrífuga generada sobre la parva (el cereal o legumbre secos) para romper la cáscara dura y separar la paja (nota: al menos en mi tierra, en la cosecha, se le llamaba “paja” tanto a la cáscara como a la paja en sí misma). Ése proceso recibe (entre otros) el nombre genérico de “trillado” aunque si se realiza con mayales se suele utilizar el verbo “mallar”, especialmente en el norte de la península ibérica. Posteriormente, se lanza el grano al aire con cestas, horcas, palas, etc., para que el viento separe la cáscara del grano (ése es el proceso del “aventado”) y se pueda recoger separadamente cada cosa: la cáscara y la paja como alimento para el ganado y el cereal para (generalmente) consumo humano .

Trillado en León
Equipo de cuatro personas trillando con mayales en la provincia de León, España. Fotografía de J. L. Mingote Calderón. Fuente.

Era una forma muy pobre y muy primitiva de realizar el proceso del trillado (descascaramiento y separación de la paja) pero muy efectiva. Lo suficiente como para que se siguiera empleando hasta bien entrado el siglo XX por parte de los campesinos más pobres, especialmente en las zonas rurales más deprimidas de Europa. Es un proceso muy fatigoso y que requiere de mucha fuerza. La mayoría de campesinos prefería pasar un trillo (una especie de trineo con la base muy rugosa y llena de filos) y/o a los animales del ganado por encima del cereal si se lo podían permitir.

Fuente de la historia del mayal como herramienta agrícola: Exploring and Explaining Diversity in Agricultural Technology, editado por Annelou van Gjin, John Whittaker, Patricia C. Anderson.

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Para diferenciar al arma de la herramienta seguramente os hayáis encontrado en alguna ocasión en literatura especializada (libros de Historia, tratados militares o catálogos de antigüedades) o en los videojuegos y juegos de rol con que a este arma se le ha denominado “mayal de armas”, “mayal militar” o “mayal de guerra.” Pero lo normal en la época en que se usaba era referirse al arma simplemente como “mayal” o “mangual”, a secas, igual que la herramienta. Sobre todo porque muy a menudo, los campesinos utilizaban este objeto como herramienta y como arma a la vez.

El origen campesino de este arma, el mayal, configuró profundamente su historia militar. El mayal a dos manos fue, ante todo y sobre todo, un arma de campesinos, de levas, un arma improvisada, no un arma propia de guerreros profesionales aunque conforme fue avanzando la Edad Media, su uso se extendió entre la infantería de los ejércitos hasta el punto en que su aprendizaje se sistematizó formalmente en los tratados militares de la época y fue utilizada en combate incluso por los emperadores germánicos (veremos eso último en posteriores apartados). El mayal a una mano, sin embargo, fue ante todo un arma de guerreros más profesionales y de la caballería. Mucho ojo: de jinetes, no necesariamente de caballeros nobles… aunque hubo excepciones muy notables, como su uso masivo por parte de la infantería husita en la Bohemia de principios del siglo XV. Expandiremos todo esto más adelante.

El nombre “mangual” significa, según la RAE:

mangual

Del lat. manuālis ‘manual’.

  1. m. Arma ofensiva usada en la Edad Media, compuesta de unas cadenillas de hierro terminadas por un extremo en bolas del mismo metal, y sujetas por el otro a un anillo fijo en un mango de madera como de medio metro de longitud. Se hería con ella usándola como látigo.

  2. m. Huel. mayal (‖ instrumento para desgranar).

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A lo largo de este artículo-ensayo, emplearé los términos mayal o mangual indistintamente aunque utilizaré más el de mangual para el arma.

Espero que el señor Sturtevant y los crédulos de sus “seguidores” vayan tomando nota de que incluso nuestros diccionarios, instituciones como la Real Academia de la Lengua y académicos (muchos de ellos historiadores a la vez que lingüistas y etimologistas) hacen referencia a la existencia del arma. ¿Pueden estar equivocados todos nuestros diccionarios, etimologistas y nuestros historiadores? Como poder, puede ser. Pero espero que se entienda que… primero: sería mucha casualidad y mucha torpeza que tanto erudito la fastidiara simultáneamente durante tantísimo tiempo y sin cuestionarse nada y segundo, como veremos más adelante cuando tratemos las pruebas físicas… NO lo están. Menciono esto simplemente para comenzar a enseñar sentido crítico y como “aperitivo” de lo que les espera y para que vayan echándose a temblar.

Otros nombres en la península Ibérica: manal, manel o malle. Mangal (en portugués).

En inglés recibe el nombre genérico de flail. En francés, fléau d’armes; Streitflegel o Kriegsflegel (“flagelo de guerra”) en alemán; mazzafrusto en italiano; řemdih en checo, kiścień en polaco; Кистень (“kisnet”) en ruso.

En líneas generales, no existe un nombre diferenciado para la variedad de una o de dos manos. Esto es, cuando en una crónica se referían a un mayal o mangual, se podían estar refiriendo a la variedad de una o de dos manos, normalmente a la de dos manos que era la más común con diferencia, al menos en Europa occidental. En la Europa central y oriental, la variedad de una mano fue más común en algunas épocas, más que nada porque era un arma propia de los guerreros a caballo, especialmente rusos, ucranianos y polacos. Ya hablaremos de ello con más detalle.

 

2.1. Otros nombres y armas parecidas.

 

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Gurz o lucero del alba indo-persa de finales del siglo XVIII o principios del XIX. Colección del Higgins Armory Museum adquirida por el Worcester Art Museum (por abrir), EE.UU. Técnicamente es más bien un “hisopo de guerra” dada la presencia de un pincho superior de buen tamaño que destaca por encima de los demás y con el que se puede empalar, pero la traducción de gurz suele ser más bien “lucero del alba” debido a la forma esférica de la cabeza y porque la presencia de ese elemento ofensivo no es constante en las gurz indopersas.

Esta arma recibe otros nombres menos apropiados y muchos de ellos posteriores o directamente inadecuados. Los cito aquí tanto por mera divulgación y exactitud de terminología como para que aprendáis a diferenciar y acabar de una maldita vez con la confusión que existe entre diferentes armas de aspecto similar que muchísima gente confunde porque sólo saben de armamento medieval tras haber jugado a D&D o Skyrim.

A) En algunos sitios habréis leído (especialmente en juegos de rol o literatura fantástica aunque la confusión también aparece en los catálogos de antigüedades ingleses de la época victoriana) que se conoce a esta arma como morning star (en inglés, ya sean juntas o separadas ambas palabras) o morgenstern (en alemán, más concretamente el término kettenmorgenstern, esto es, “morgenster de cadena”) que, traducido al castellano sería “lucero del alba” o “estrella de la mañana.” Eso se debe a la confusión (que viene de muy antiguo) con otra arma parecida, una maza con cabeza fija, la cual estaba normalmente equipada con pinchos o protuberancias y aletas muy afiladas. Se la llamaba así por hacer el chiste macabro con la apariencia parecida que guardaba la cabeza del arma con una estrella. Recordad: el mangual tiene una conexión entre mango y cabeza como una cadena, la morningstar, NO. Son armas diferentes. La morningstar puede ser de dos manos o de una. Las variedades más cortas eran usadas por la caballería, para ser empuñadas a caballo: eso mismo se repite como veremos, con el mangual. Repetimos: la variedad de dos manos fue usada, ante todo, por la infantería y la de una mano, por la caballería.

Morgenstern1
Ilustración de la obra Handbuch der Waffenkunde” Das Waffenwesen in seiner historischen Entwicklung vom Beginn des Mittelalters bis zum Ende des 18 Jahrhunderts por Wendelin Boeheim, Leipzig, 1890. Vamos a repasar el alemán universitario oxidado para traducir: “Guía del Experto. Desarrollo histórico de las armas de mano desde la Alta Edad Media hasta el siglo XVIII”. El arma de la derecha es la clásica morningstar, morgenstern o lucero del alba en su forma más reconocible. Como se puede observar, no dispone de partes móviles como corresponde al mayal. Ya por completar: la primera arma por la izquierda también podría calificarse de lucero de alba. La segunda por la izquierda (centro) es una maza de aletas pero que incluye pinchos para hacerla más ofensiva. Las dos armas más a la izquierda son, por tanto y físicamente hablando, más parecidas a hisopos de guerra. Pero no disponen de un pincho aislado superior que sería lo que las haría denominarse así.

 

B) El término “rompecabezas” para referirse al mangual es muy moderno, de finales del siglo XIX, al menos en español.

3. m. Arma ofensiva compuesta de dos bolas de hierro o plomo sujetas a los extremos de un mango corto y flexible.

Es una voz lingüística (1884) diseñada para encasillar mejor esta arma en la RAE, especialmente para referirse a la presencia de más de una cola de cadena y bola (caso que se dio pocas veces históricamente, aunque se dio), pero no hay evidencia histórica de la misma anterior a este siglo.

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Representación contemporánea de Niklaus Leuenberger, uno de los líderes de la rebelión campesina suiza de 1653, portando lo que es, técnicamente, un hisopo de guerra, pero el texto afirma que porta una morgenstern.
Fig. 2. Representación contemporánea de Niklaus Leuenberger, uno de los líderes de la rebelión campesina suiza de 1653, portando lo que es, técnicamente, un hisopo de guerra, pero las crónicas de esta rebelión afirman que porta un Knüttel (“garrote”), esto es, una variante de la morgenstern. En esa guerra, los campesinos pobres se armaron con multitud de garrotes reforzados con pinchos de muy variopintas formas, la mayoría de las cuales se encuadran dentro de los términos más especializados de “chuzos” o “hisopos de guerra.”

C) Tampoco es adecuado llamarla “hisopo” (holy water sprinkle en inglés, aspergillum en latín), “hisopo de guerra” o “chuzo” en castellano. El hisopo es esto que se puede ver en la imagen de la derecha (fig. 1), un artilugio eclesiástico que se mete en el agua y permite rociar con ella rápida y cómodamente a las multitudes o a los lugares para bendecir con agua bendita.

Aspergillum o hisopo metálico bañado en plata de la época victoriana (siglo XIX, Inglaterra). Este objeto está asociado al rito cristiano católico, pero se encuentran variantes en otras sectas cristianas y tiene su antecedente en un objeto del culto hebraico utilizado para santificar lugares. Fuente.
Fig. 1. Aspergillum o hisopo metálico bañado en plata de la época victoriana (siglo XIX, Inglaterra). Este objeto está asociado al rito cristiano católico, pero se encuentran variantes en otras sectas cristianas y tiene su antecedente en un objeto del culto hebraico utilizado para santificar lugares. Fuente.

Por su parecido con este objeto es que recibió su nombre una maza relativamente larga con cabeza fija y también con pinchos o protuberancias (especialmente relevante la presencia de un pincho superior con el que poder empalar), básicamente una variedad de la anterior morningstar y más propia del Renacimiento que de la Edad Media aunque los ejemplares franceses conocidos como goupillon sí son medievales y existieron armas similares como el goedendag (el “buenos días”, aunque su etimología está discutida) flamenco también en el periodo medieval (Guerra de los Cien Años). Como podéis comprobar, los guerreros antiguos tenían un sentido del humor muy negro. En castellano se designaba a esta arma como “chuzo” (castellanización de “suizo”, porque el arma se adoptó a partir del uso militar suizo en el siglo XVI; sin embargo, la RAE tiene la teoría etimológica de que deviene del árabe clásico zuǧǧ, un término poético para referirse a la lanza)… aunque un chuzo español no es exactamente tampoco un hisopo de guerra ya que el chuzo no suele tener pinchos laterales, sino uno único superior en la moharra. El chuzo fue otra más de las armas improvisadas campesinas. Los serenos (y guardias nocturnos) de las ciudades españolas emplearon este arma-herramienta hasta bien entrado el siglo XX y hasta tal punto que se convirtió en herramienta icónica de la profesión, aunque el chuzo de los serenos españoles es poco menos que una lanza corta. Resumiendo: el hisopo de guerra, el chuzo, el goupillon y el goedendag son armas diferentes con respecto al mangual. La diferencia principal es que estas armas no tienen partes móviles (como las cadenas).

Los luceros del alba y los hisopos de guerra solían confundirse muy a menudo debido a que estas armas son muchísimo más similares entre sí que con respecto a un mangual. Un ejemplo que se puede prestar a confusión es el de la  ilustración (fig. 2). Si hay un elemento diferenciador más o menos claro entre una morningstar y un hisopo de guerra es la forma esférica de la cabeza (en el caso de las morningstars) y la presencia de un pincho superior que destaque respecto al volumen del arma y sus otros elementos ofensivos (en el caso de los hisopos de guerra), aunque estas distinciones no son siempre eficaces ni definitivas.

Compuesto
De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: 1. Restos de goedendags originales (sólo las moharras, los mangos de madera se pudrieron con el paso del tiempo) en el museo interactivo de Kortrijk 1302. Kortrijk (Courtrai), Bélgica. 2. Tres chuzos suizos (existe la teoría de que “chuzo” proviene de “suizo”) empleados en las rebeliones campesinas suizas de 1644-1646. Arsenal de Zürich. 3. Reconstrucción del aspecto de un goedendag original. Obsérvese la similitud con un chuzo suizo. 4. Sereno español con un chuzo en la mano derecha. Principios del siglo XX. Nótese la agarradera que sale de la moharra, donde el sereno depositaba su farol para cargar con él. Documentados desde 1715, el cuerpo de vigilantes nocturnos llamados “serenos” porque daban la hora y el tiempo a voces (“sereno” por “tranquilo”) fueron una visión común en las calles urbanas españolas hasta 1977. En la actualidad, este empleo ha “resucitado” localizadamente en algunas poblaciones.

 

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Ilustración de la obra Handbuch der Waffenkunde” Das Waffenwesen in seiner historischen Entwicklung vom Beginn des Mittelalters bis zum Ende des 18 Jahrhunderts por Wendelin Boeheim, Leipzig, 1890. Boeheim las denomina como Streitkolben, que viene a significar simplemente “mazas” en alemán, pero técnicamente hablando son “hisopos de guerra.” No existen muchas diferencias entre una morningstar (“lucero del alba”) y un holy water sprinkle (“hisopo de guerra”). Las dos principales es que la mornigstar suele tener una cabeza de forma más o menos esférica y el hisopo no, además de que el hisopo tiene como elemento diferenciador la presencia de un pincho superior en la cabeza, que suele ser (pero no siempre) de mayor tamaño que los demás presentes en el arma. Dicho elemento suele aparecer para poder realizar ataques empalantes al estilo de los de una lanza tradicional. No obstante lo dicho, muchos historiadores y anticuarios suelen emplear el mismo término (morningstar o simplemente, “maza” o “maza con pinchos”) para designar ambos tipos de armas.

Como nota cultural y para que podáis diferenciar más aún (y por si os encontráis con la palabra en otro contexto), os haré referencia a que la palabra “chuzo” en castellano viene a designar cualquier “pincho de buen tamaño”, generalmente metálico. De ahí la expresión “están cayendo chuzos de punta” para referirnos a cuando llueve muy fuertemente, por ejemplo. Ha habido otras armas improvisadas que se han dado en llamar “chuzos” en España. Las más conocidas, las armas de asta con pinchos afilados que emplearon los madrileños durante el levantamiento contra el ocupante francés en el Dos de Mayo de 1808.

Colección de 8 chuzos con los que los madrileños combatieron a los franceses el Dos de Mayo de 1808. Museo Arqueológico Nacional. Madrid, España.
Colección de 8 chuzos con los que los madrileños combatieron a los franceses el Dos de Mayo de 1808. Museo Arqueológico Nacional. Madrid, España.

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D) También se ha llamado al mayal o mangual, “maza de cadenas”. No es que sea un término incorrecto, es que es un término posterior, anacrónico (no contemporáneo). Se cree que fue acuñado por historiadores y coleccionistas de antigüedades para diferenciar unas armas de otras y agruparlas por “familias”, ya que se encuentran mazas cuya cabeza está unida por una cadena a un mango en muchísimas culturas del mundo, no sólo en Europa (por ejemplo, en la India y Japón). Este término se encuentra en castellano que yo sepa desde el siglo XVIII en adelante.

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E) Como ya dijimos anteriormente, el mayal nació como una herramienta agrícola, para el proceso de trillar o mallar el cereal (separar el grano de la paja y la cáscara). Es por eso que a veces se le llama a este arma “trillo”, “trillo de guerra” o “trillo militar” e incluso el más lírico de “maza campesina.” El nombre es técnicamente incorrecto en tanto en cuanto un trillo propiamente dicho es una superficie plana, generalmente un conjunto de tablones de madera con pedazos de pedernal, lascas o esquirlas de piedra dura o cuchillas de acero encajadas en una de sus caras en su base rugosa y que las bestias de tiro desplazan sobre el cereal y las legumbres duras para romper su cáscara. Un trillo no es lo mismo que un mayal, son objetos diferentes aunque sus funciones agrícolas sean las mismas.

Trillo
De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: 1. Trillo, vista superior. Obsérvese el parecido con un trineo. 2. Vista inferior de un trillo. A la base del trillo, directamente en la madera, se clavaban pequeños guijarros, trozos de piedra dura pero afilada o se le tallaban rugosidades, marcas profundas, etc. La idea era que la superficie no se deslizara suavemente sino que “raspara” porque su función era, como se ve en 3: Pasar por encima del cereal para romper su cáscara. El campesino guiaba a los animales a la vez que hacía peso. Generalmente tiraban del trillo animales de ganado como burros, mulas, caballos, bueyes… aunque he oído de boca de mis familiares que en años de penuria (en los que escaseaba el ganado), hubo veces en que los mismos campesinos tiraban del trillo. La confusión entre “trillo” y “mayal” (tanto en lo referente a las herramientas como a las armas) proviene de que ambos instrumentos sirven para el proceso del trillado, pero son completamente diferentes.

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F) También se la ha llamado poética y metafóricamente, “flagelo”, “flagelo de guerra”, “maza de látigo” o “látigo de armas” por su leve similitud con estos instrumentos (Plinio el Viejo, por ejemplo, llamaba “flagelos” a los mayales agrícolas en su Historia Natural). Las palabras “flagelo” y “látigo” se han empleado a menudo indistintamente aunque el látigo suele tener la connotación de poseer una sola cola. El flagelo, en sí mismo, no es ni más ni menos que un látigo de varias colas cortas de cuero. Han existido variedades cuyas colas eran de metal y/o terminaban en pinchos o puntas también de metal como el flagrum romano (con el que Isidoro de Sevilla compara al mayal agrícola). El flagelo no es exactamente un arma, sino más bien un instrumento de control animal, castigo (caso del corbacho que se usaba para castigar marineros) o de tortura (autoinfligida incluso, como en el caso de los fanáticos religiosos cristianos). El látigo sí se ha empleado mucho más como arma (por ejemplo, el knut en las estepas rusas o el rebenque en las pampas argentinas) pero las variedades de metal son extremadamente raras y el material por antonomasia, salvo el mango, es el cuero aunque existir han existido variedades metálicas: el zanjir iraní, por ejemplo, es un látigo con cadenas. Hay una discusión muy encendida entre expertos militares acerca de si el mangual se podía utilizar en combate o no como se utiliza un látigo, esto es, para poder enredar a un oponente. Se sabe a ciencia cierta que eso es posible con las variedades orientales de mayal de cadena larga como el chigiriki japonés o el kabastin (mangual mogol) de la India, pero es dudoso que eso fuera posible con muchas de las variedades europeas ya que las cadenas solían ser más cortas. Veremos las diferentes pruebas de todo ello más adelante.

Mayal Teruel
Uno de los hallazgos arqueológicos más importantes que os pueda presentar como prueba de lo antiguo que es el mayal agrícola como instrumento. Esto que veis aquí son los caperuzones de hierro forjado de mayal agrícola romano como los que mencionaba Plinio. Se encontró en La Caridad, Caminreal, Teruel, España, y data de la época tardorrepublicana (final del s. II / primer cuarto del s. I a. de C.). Museo de Teruel. Fuente.

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G) Para diferenciar al instrumento agrícola del arma en sí misma, se llama a veces al mayal usado por la soldadesca profesional, “mayal de guerra”, “mayal militar” o “mayal de armas”, que era más elaborado y solía tener elementos adicionales tales como refuerzos, pinchos y piezas de metal que el empleado por campesinos, que contenía mucha más madera y mucho menos metal, hasta el punto en que el único elemento de metal en los mayales campesinos podía ser sólo la cadena o un par de argollas de sujeción (en los ejemplares más pobres, a veces, ni eso: una simple cuerda o tira de cuero). Pero eso es una diferenciación de nuestra época, realizada en tratados históricos y sobre antigüedades militares. En la Edad Media (y el Renacimiento) se referían al arma por su nombre a secas o utilizaban nombres más genéricos como “mazas” o “garrotes de guerra”, como en el caso de las crónicas de las guerras husitas.

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3. La polémica en sí. Por qué existen las dudas acerca de la existencia del mangual a una mano.

 

La polémica sobre la existencia de este arma (el mayal o mangual de una mano) coincide con la aparición y popularización de internet, cuando algunas personas, principalmente amantes de los videojuegos y entusiastas de las armas se preguntaron por la existencia de ejemplares de manguales y de otras armas medievales que les llamaban la atención por su aspecto, muchas veces por mera curiosidad.

Obviamente, para los que tenemos un museo o libros especializados a la mano no es ningún problema el comprobarlo. Pero cuando internet era joven, no existía tanta imagen como ahora y dado que el tema es muy concreto y muy especializado, se tardó mucho en demostrar eso de cara a un público no técnico. Especialmente a un público que reside en países donde nunca se han empleado estas armas y/o herramientas. Es de notar la curiosidad del público estadounidense, que fue de los primeros en tener acceso a internet pero en cuyo país (sus museos) no abundan estos instrumentos medievales precisamente. Los europeos y orientales rara vez se cuestionaron esa posibilidad de su inexistencia ya que el mangual como arma (ya sea de una o de dos manos) tiene una presencia más o menos consolidada en nuestro acervo cultural (y los podemos ver en nuestros museos y obras de arte, insisto). Además, a los estadounidenses (como Sturtevant), desde siempre les ha fascinado todo lo relacionado con la Edad Media europea, un pasado del que ellos no han formado parte directamente pero del que se consideran herederos culturales y en el que se han inspirado todo lo que han podido y más aún. Un ejemplo: gran parte de la filmografía relacionada con lo medieval, videojuegos y juegos de rol como Dragones y Mazmorras provienen de los EE.UU. más que de Europa.

Resumiendo: se tardó mucho en demostrar ante un público muy interesado en la materia pero lego y desinformado en la misma que los manguales tanto el de una mano como el de dos manos, existieron. Nótese que eso no es una cuestión que se pregunten en el seno de la comunidad académica o especialistas: esa polémica “proviene de fuera” o por parte de intrusos e interesados como Sturtevant. Muchas personas pasaron a sospechar que el arma, especialmente el arma de aspecto clásico (el mango más una cadena y una bola con pinchos al final) que aparece en muchas películas de Hollywood como El Cid (1961), Ivanhoe (1952, podéis ver una escena de combate en este vídeo, a partir del minuto 3:40)…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

…o Macbeth (1971), nunca existió. Sobre este prejuicio, basado en el desconocimiento, se asentaron posteriores mitos… y posturas interesadas.

A todo ello hay que añadir que si bien el mangual de dos manos está más que sobradamente atestiguado tanto en testimonios historiográficos (crónicas e ilustraciones medievales), existencia de piezas debidamente registradas en museos y colecciones privadas, hallazgos arqueológicos, etc., el mangual de una mano tiene una mucha menor presencia de prueba física… al menos en la Europa occidental medieval.

Por poner un ejemplo: cuesta muy poco encontrar ejemplos de manguales a dos manos en museos y códices medievales, pero encontrar manguales de una mano es más arduo (aunque tampoco tanto, la verdad).

¿Por qué es eso así? Vamos a verlo.

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3.1. Ventajas y desventajas del uso del mangual. Por qué es un arma escasa en el arsenal europeo occidental.

 

Las causas son muy variadas, pero las principales ya las iremos detallando a lo largo del artículo:

-El arma verdaderamente devastadora es el mangual a dos manos. El de una mano es mucho menos efectivo… especialmente a pie. El mangual de una mano, si bien fue usado por infantes fue ante todo y sobre todo, un arma más especializada, de guerreros a caballo o que tuvieran que controlar posiciones elevadas.

-El mangual a dos manos era un arma campesina que se utilizó masivamente. ¡A fin de cuentas deviene de una herramienta campesina de uso cotidiano!

-El mangual (militar) a una mano era un arma mucho más especializada y más cara, ya que contenía más metal y su uso era mucho más específico y circunscrito: fue empleada, ante todo, por jinetes, para defender posiciones elevadas, mantener varios oponentes a raya y su uso no era apto para guerreros no formados. El mayal a dos manos sabía moverlo cualquier campesino que se preciara porque estaba más que acostumbrado a utilizarlo en las faenas del campo. El mangual a una mano, no: su manejo es distinto, mucho más difícil, requiere de un mayor control y por qué no admitirlo, de una mayor fuerza física continuada. No es un arma para usuarios inexpertos, débiles o mal alimentados como solía ser la norma con los campesinos de la época. El mangual a una mano se utilizó mucho menos en números absolutos.

-Su uso (el del mangual a una mano) está restringido a épocas con circunstancias muy específicas: el combate a caballo en estepas abiertas, asedios, la India de la época mogol, la Edad Media tardía y el Renacimiento europeos… Téngase en cuenta que el mangual a una mano es un arma bastante especializada cuya presencia está unida al hecho de combatir a caballo o desde una altura, que existan oponentes acorazados y no existan armas de fuego eficientes. No es un arma sencilla de manejar ni de aprender, tampoco.

El mangual a una mano no fue un arma muy utilizada ni muy popular, al menos las versiones militares. No abunda su presencia en los arsenales de la época medieval. Es un arma con una muy poco predecible trayectoria de movimiento, una alta inercia centrífuga y una elevada complejidad de manejo por no mencionar que es muy difícil parar otra arma con ella (es prácticamente sólo ofensiva, aunque permite ser utilizada con un escudo)… y que necesita de mucho espacio para poder ser utilizada (no se puede usar en formaciones cerradas, por ejemplo). ¿Era capaz de infligir daño? Sin duda. Según los cálculos del arqueólogo e historiador Anatoly Kirpichnikov, la fuerza de un impacto infligido por un mangual a una mano es de aproximadamente 6,6 a 14 kg. Teniendo en cuenta que para romper cualquier hueso 8 kg son suficientes, es más que posible infligir un daño más que grave a un oponente o aturdir a una persona incluso aunque ésta lleve armadura.

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No obstante lo dicho, el mangual tiene ventajas, obviamente (si no, no se habria utilizado para nada):

-Es un arma tremendamente intimidante. Su visión produce un innegable impacto psicológico en quienes tienen que enfrentarse a quien la blande.

-Tiene capacidad para mantener a raya e incluso golpear a varios oponentes.

-Posibilidad de rodear escudos y protecciones. Los recreacionistas no se ponen muy de acuerdo con esta ventaja en concreto, yo mismo la pongo en duda aunque mi mujer, que es LARPer dice que, efectivamente, los manguales pasan por encima de los escudos y son difíciles de esquivar… y si esquivas tienes que romper la línea de escudos de la que formes parte.

-A diferencia de armas rígidas, la mano que la empuña no tiene que recibir la resistencia del impacto.

-Es devastadora en caso de ocupar una posición superior o elevada con respecto al oponente.

-Es muy buena contra oponentes acorazados (las armas contundentes transmiten mejor la vibración del impacto por lo que una armadura protege menos contra este tipo de armas; las de filo y perforantes son menos eficaces contra armaduras).

-Tiene la posibilidad (aquellas variantes con más longitud de cadena, cuerda, etc.) de atrapar o enredar el arma del oponente (o un brazo, cuello, etc.).

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Pero muchas de esas ventajas son de muy dudosa aplicación en una situación estresante de combate, especialmente una batalla campal. Otras armas más generalistas (lanzas, espadas) fueron más eficaces y, por tanto, más populares.

En este vídeo podemos encontrar un tratamiento sobre el uso de esta arma:

 

 

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Sigamos tratando los porqués de la relativa ausencia del mangual a una mano en arsenales y panoplias medievales:

-No era un arma tan prestigiosa como, por ejemplo, la espada. No interesaba tanto conservarla para la posteridad. Los mayales a dos manos aparecen en nuestras colecciones y hallazgos arqueológicos porque se produjeron a una escala tan masiva que aunque fueran de materiales más perecederos y se perdieran muchos, sobrevivieron bastantes. El mangual de a una mano fue un arma mucho más escasa… especialmente en Europa occidental. Europa central y oriental son otro cantar, ya que allí el arma fue mucho más popular. La escasa o nula presencia de manguales de una mano bien referenciados en los museos de Inglaterra, Francia o España ya hizo pensar a muchos (como Sturtevant, que sólo investigó museos ingleses… ¡y americanos!) que no existían. Esos “muchos” no se molestaron en preguntar a alemanes, checos, polacos o rusos. O a japoneses e indios, ya puestos… que, de esos, “curiosamente”, Sturtevant y compañía, no hablan. En este artículo me voy a centrar, obviamente, en el caso del mangual a una mano en Europa pero también trataré aunque menos pormenorizadamente, ejemplos de esta arma en otras culturas y localizaciones geográficas.

-La época en la que más se utilizó el mangual de una mano en Europa occidental no fue en la Edad Media como mucha gente cree: fue en el Renacimiento. Si bien existen ejemplares europeos físicos desde el siglo VIII d. C. sobre todo en la Europa oriental, esta arma se empleó más que nada desde el siglo XV en adelante en Occidente. Las últimas apariciones en combate real de esta arma constan en la Rusia del siglo XVIII (en campo abierto, como arma muy especializada vio un cierto uso en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, entre los marineros y entre algunos delincuentes de Europa y América como veremos más adelante en el apartado sobre el mangual como arma improvisada). Como se puede comprobar, el mangual tuvo su época de apogeo cuando más utilidad tenía, esto es, cuando hubo una gran presencia de guerreros acorazados contra los que luchar y, a la vez, una ausencia de armas de fuego eficaces. Es de esta época (siglos XV y XVI, principios del XVII) de cuando más ejemplares disponemos en las colecciones y museos europeos… más que nada porque es en esta época cuando se crearon los mejores ejemplares, muchos de ellos utilizados por caballeros nobles que se gastaban su buen dinero en poseer armas de calidad, adornadas y con tal cantidad de metal que pudieron sobrevivir hasta hoy porque su durabilidad era mayor y porque eran ejemplares tan bellos (no como los clásicos medievales, de aspecto tosco y brutal) que merecían ser guardados en colecciones y panoplias. Pero no os preocupéis: existen centenares de ejemplares de épocas mucho más antiguas.

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3.2. Otros argumentos en contra de la inexistencia del mangual a una mano.

 

Sturtevant y compañía (con “compañía me refiero a los que se han creído que esta arma no existió) dan más “argumentos” para apoyar su hipótesis de que los manguales europeos medievales no existieron. Son argumentos muy débiles y/o directamente falsos.

a) Aseguran que no se encuentran ejemplares bien datados anteriores al Renacimiento (falso de solemnidad: los hay y los veremos).

b) Que las apariciones de los manguales de una mano en las ilustraciones medievales son puramente fantásticas y que sólo aparecen en obras de ficción o de escasa credibilidad, como éstas:

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Miniatura (ilustración) del Livre des Merveilles du Monde, 253r, 1400-1420. Escrita en francés antiguo con muchísimo vocabulario en italiano por Rusticello da Pisa a partir de las historias contadas por Marco Polo, contiene muchas ilustraciones con referencias fantásticas. Durante mucho tiempo se pensó que la gran mayoría de las afirmaciones de las historias de Marco Polo eran falsas o exageradas y hoy en día muchas están demostradas como ciertas. Un ejemplo es la ilustración que nos atañe. Muchos contrarios a creer que existió el mangual de una mano señalan que esa arma no se podría usar a caballo (ni a una ni a dos manos) porque es muy incómoda y aparatosa. Esa asunción es falsa: los guerreros coreanos y chinos (justamente como aquellos a los que se refería Marco Polo) combatían a caballo con mayales de mango largo y corto como el pyeongon, que ya vimos en la introducción.
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Esta miniatura también se encuentra en Los Viajes de Marco Polo, como la anterior. Pero esta no describe ningún suceso en el extremo oriente sino un episodio histórico bien referenciado: la batalla (o Desastre) de Mari, que sucedió en 1266 en la que los mamelucos musulmanes derrotaron a los armenios del reino de Cilicia, capturando al príncipe León, hijo del rey Hetoum I. El porqué aparece esta ilustración en la obra es debido a que los armenios eran, por este tiempo, aliados cristianos muy activos de los mongoles, cuyo imperio se dedicó a recorrer Polo en sus viajes. Obsérvese a los guerreros victoriosos con aspecto de sarracenos. Uno de los que custodian al príncipe lleva un mangual de mango corto en el cinto, con cadena y bola con pinchos. Puede que la miniatura contenga elementos fantásticos, como el escudo de uno de los guerreros pero me atrevería a decir que el arma en sí no tiene por qué ser fantástica, dado que muchos pueblos musulmanes de la zona como, por ejemplo, los persas, emplearon hasta la aparición de las armas de fuego, mayales cortos con cabezas (no necesariamente esféricas) con pinchos. Recordemos, además, que el ilustrador no tiene por qué conocer la existencia de esas armas: pudo limitarse a copiar las que tenía en su entorno (Europa medieval)… y ninguna de las otras armas representadas en esta miniatura desentona con lo que sabemos de la época.
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Ilustración de un carro de guerra del Bellifortis de Konrad Kyeser, MS.1360, 25v. Nótese que el caballero que guía las monturas tiene un mangual a una mano… y que uno de los que van en el carro (el último por la derecha) lleva un mayal a dos manos. Esta obra militar escrita por un ingeniero alemán ya para 1405 trata sobre todo de maquinaria de asedio y bélica aunque se nota que tiene una fuerte influencia de la astrología (nada extraño en esta época). Sturtevant afirma que, por tanto, los manguales de a una mano que aparecen en él son tan fantásticos como sus maquinarias. Sturtevant no menciona que por esa regla de tres, también serían fantásticos los caballos, las armaduras y el resto de armas que aparecen ilustrados (y el mayal a dos manos que aparece sabemos que existió a ciencia cierta). Las ilustraciones son posteriores, realizadas por monjes copistas alemanes expulsados del scriptorium de Praga tras la revuelta husita.

Ya veremos más adelante que hay más ilustraciones y no de obras fantásticas, precisamente.

c) Que el arma tiene un aspecto ridículo y su manejo es difícil de creer. Sturtevant llega a afirmar que no se empleó nunca en combate real.

Como veremos más adelante eso es un argumento pueril (“me parece ridículo” NO es un argumento científico, tu obligación es comprobar si se utilizó, te parezca subjetivamente ridículo o no)… y absolutamente falso: el arma es difícil de manejar pero para nada inútil, existen manuales de combate muy antiguos que explican su manejo (uno de ellos, español) a pie y a caballo y podremos comprobar, para masacre intelectual de estúpidos y racistas eurocéntricos… que el arma no se empleó sólo en Europa sino en muchas más culturas (apache, persa, india, coreana, japonesa) y que si se hizo es porque la mecánica del arma, como mínimo, debe funcionar.

Nótese que, por todo lo argumentado, Sturtevant y muchos de sus partidarios han llegado a afirmar la increíble sandez de que los manguales posteriores, esto es, los del Renacimiento en adelante, cuya existencia no pueden negar… no son sino simulacra (singular simulacrum)… es decir, copias de objetos que no existieron. Y que no se utilizaron en combate.

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Resumiendo, la escasa presencia de ejemplares de manguales a una mano:

-bien referenciados y datados…

-en las referencias historiográficas, los museos y colecciones…

-de Europa occidental…

-anteriores al Renacimiento (medievales)…

…ha motivado el que mucha gente crea que NO existieron y que son invenciones posteriores y no funcionales.

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Y es rotundamente falso: existieron los manguales a una mano medievales europeos (y de otras culturas y momentos históricos) operativos y funcionales en combate.

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4. Historia del mayal. Evolución histórica.

 

El mayal como herramienta agrícola existe, que sepamos, desde el Neolítico. Tenemos varios ejemplos como los restos encontrados en la aldea prehistórica de Wetzikon–Robenhausen, junto al lago Pfäffikon, en Suiza.

Pequeño ataúd donde se contenía el hígado momificado del faraón Tutankhamon. Siglo XIV a.C. En su mano derecha aparece un nekhakha (mayal) y en su izquierda, el heka (bastón).
Pequeño ataúd donde se contenía el hígado momificado del faraón Tutankhamon. Siglo XIV a. C. En su mano derecha aparece un nekhakha (mayal) y en su izquierda, el heka (bastón).

Algunas de las representaciones más antiguas de la ambivalencia de este objeto como herramienta y, a la vez, arma, se dan en el Egipto faraónico. El nekhakha, traducido como “flagelo”, es una representación estilizada de un mayal agrícola, y se emparejaba con el heka o bastón de pastor, otra herramienta de campesino. Ambos eran símbolos de autoridad del faraón fácilmente reconocibles para sus súbditos campesinos y representaban, como os podéis figurar, sus poderes como guía (el bastón, empleado para guiar al pueblo como un pastor guía con él a su ganado) y el poder coercitivo (la fuerza del mayal) para castigar y sacarle fruto al mismo pueblo. No por metafórico, menos “claro.” Y más claro aún, el carácter ofensivo e intimidante que a este objeto se le daba ya desde antiguo.

También hay referencias en la Biblia. Véase, por ejemplo, Isaías, 28:27 (traducción de la Biblia Nueva Valera):

Que la neguilla no se trillará con trillo, ni sobre el comino rodará rueda de carreta; sino que con un palo se sacude la neguilla, y el comino con una vara.

Como se puede observar, las traducciones son muchas veces poéticas e inexactas.

Pero las referencias por escrito más claras al mayal anterior a su uso militar, se dan desde el Imperio Romano. Plinio el Viejo, en su Historia Natural, ya señalaba:

Messis ipsa alibi tribulis in area, alibi equarum gressibus exteritur, alibi perticis flagellatur.

A ver si me acuerdo de las clases de latín: “Los cereales son golpeados en algunos lugares con el trillo en la era; en otros, son aplastados por los caballos, y en otros son golpeados con flagelos (“mayales”).”

Tipología de mayales portugueses. Autor: Veiga de Oliveira, 1983.
Tipología de mayales portugueses. Autor: Veiga de Oliveira, 1983.

El mayal como herramienta agrícola no se extendió por todo el continente europeo hasta el siglo IV d. C., conjuntamente con la difusión cada vez mayor del cultivo de cereales de cáscara dura. Pero es de notar que la herramienta en sí se conoce en lugares tan alejados como China y Japón.

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Fig. 3. Un ejemplo del uso de mayales para el proceso del trillado en la provincia de Cantón, China, 1932. Autor: Pendleton, Robert Larimore (1890-1957). Fuente.

Menciono esta última imagen (la de la derecha, figura 3) porque la utilidad de la mecánica de esta herramienta quedaba clara a todos los pueblos que la utilizaron. Con el arma, sucedió lo mismo posteriormente. Id tomando nota.

Más notas importantes para tener en cuenta:

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Trilla medieval con mayal. Calendario-Martirologio de la abadía francesa de Saint-Germain-des-Prés (siglo XIII). Se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia, département des Manuscrits, Latin 12834, fol. 64v. París (Francia).

El mayal no fue nunca una herramienta agrícola de prestigio. Sólo la utilizaban los campesinos que no se podían permitir otra cosa. Mantener animales como caballos y bueyes que tiraran de un trillo era muy costoso, quedaba al margen de la inmensa mayoría del campesinado de muchas épocas y, por consiguiente, los campesinos pobres se veían obligados a recurrir a esta sencilla pero efectiva herramienta. En Europa se estuvo empleando, como ya dijimos, por parte de los campesinos de las zonas rurales más deprimidas hasta bien entrado el siglo XX. Un buen ejemplo de esta situación lo tenemos en el campesinado del norte de Portugal.

El mayal lo utilizaban, ante todo (no siempre ni mucho menos), hombres. La inmensa mayoría de los trabajos agrícolas dependen de tener una fuerza considerable y en el caso de majar el cereal, más aún. Es por eso que estas tareas se dejaban a los varones, a los cuales se percibe normalmente como más provistos de fuerza física. Cuando veamos el apartado dedicado a las guerras husitas veremos que el mangual como arma fue muy utilizado también por mujeres campesinas, pero eso fueron excepciones a la norma general.

Campesinos trillando con mayales. Salterio (libro de salmos) de Luttrell. Entre 1325-1335. British Library. Add MS 42130, f. 74v.
Campesinos trillando con mayales. Salterio (libro de salmos) de Luttrell. Entre 1325-1335. British Library. Add MS 42130, f. 74v.

-Aunque no os lo creáis, el uso de los mayales requiere de una buena coordinación. No es tan simple como que venga un campesino solo y se líe a golpear la montonera de parva. No. Se requería de un mínimo de trabajo en equipo para poder majar grandes cantidades de cereal entre varias personas en áreas muy próximas (no se podía dejar escapar ninguna zona de cereal sin majar) con el consiguiente peligro de que se golpearan unos a otros con instrumentos que pueden hacer mucho daño. Por estudio histórico y antropológico sabemos que la costumbre era que los miembros más fuertes de varias familias de la zona fueran a majar el cereal juntos a las tierras de cada uno. Los majadores más fuertes se situaban en el centro y los más débiles o inexpertos en los flancos. La técnica variaba de lugar a lugar y según las circunstancias (tipo de terreno, tipo de cereal, si el agricultor era zurdo o diestro: los ambidextros eran especialmente valorados), pero normalmente consistía en que se comenzaba a majar en dos filas enfrentadas la una a la otra (o en pequeños grupos de cuatro personas, por parejas) hasta encontrarse en el centro.

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Escena de La Biblia de Maciejowski, también llamada Biblia de los Cruzados, Biblia del shah Abás, Biblia de San Luis o Biblia Morgan. Museo Morgan, Nueva York. Datada en torno a 1250 en el norte de Francia. Esta es una de las biblias ilustradas medievales más famosas y bellas, especialmente considerada por sus ilustraciones del Antiguo Testamento en 46 folios (en algunas bibliografías se habla de 44, durante su larga vida se arrancaron varios folios que están repartidos por varios museos). Esta imagen, en concreto, pertenece al folio 12 y en ella puede apercibirse claramente el proceso del trillado (con mayales) y aventado por parte de campesinos medievales.

Muchas veces no se cobraba por este trabajo del trillado, ya que era un trabajo colectivo basado en la buena fe y en acuerdos hospitalarios. La única gran recompensa era que los que majaban con mayal solían recibir más y mejor comida (que se necesitaba para una actividad tan agotadora). Estas comidas llegaban a constituir rituales en sí mismos (algo parecido a la matanza comunal de cerdos). En suma, que el majado del cereal con mayal era un actividad social muy importante y cohesionadora.

Proceso del mallado (trillado) en Prada, Galicia. Obsérvese la coordinación entre las dos filas de hombres que manejan mayales.
Proceso del mallado (trillado) en Prada, Galicia. Obsérvese la coordinación entre las dos filas tan cercanas de hombres que manejan mayales.

Hasta ahí, creo que podemos citar lo más relevante del mayal como herramienta agrícola que nos interesa para entender su posterior configuración como arma.

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4.1. El mayal o mangual (a dos manos) como arma.

 

Ese trabajo en cuadrillas compenetradas unido al claro apercibimiento de que es una herramienta que puede causar muchísimo daño, fue uno de los grandes motivos por los cuales los campesinos emplearon esta arma de manera masiva… y en grupos. Porque no sólo sabían utilizarla a título individual… también sabían combatir con ella en grandes grupos. Es decir, con el mayal se podía disponer rápidamente de masas de personas que sabían manejar muy bien y de manera coordinada un arma que hacía mucho daño. Con esto os quiero poner un ejemplo de cómo podemos desmitificar la creencia de que las armas de dos manos no pueden ser empleadas en formaciones más o menos cerradas. Ciertamente no se puede realizar una formación de falange con mayales, pero de ahí a decir que no se podían utilizar en grandes formaciones, va un trecho.

Y si no, que se lo digan a los husitas.

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El caudillo Jan Zizka (con venda en los ojos, porque era tuerto) dirigiendo a caballo a las tropas husitas armadas con mayales, ilustrado en el llamado Códice Jensky o de Jena (1490-1510).

Ya hablaremos de ellos con más detalle.

Es en las crónicas leonesas de donde obtenemos testimonio en nuestro país de que los señores feudales del siglo XII disponían de levas campesinas armadas (como las constituidas por los pobladores de Bernesga) formadas por los llamados “peones” (gente a de a pie) con mayales que empleaban como escuadras de apoyo de los caballeros en tareas de limpieza de enemigos, ya fueran éstos las mesnadas de otro señor feudal o la morisma.

Pero el empleo del mayal (todavía a dos manos, recordemos) o mangual como arma no se circunscribe a la península ibérica ni muchísimo menos.

Todas las ventajas que reportaba el uso de esta herramienta campesina (entrenamiento, fácil de producir, barata, etc.), provocó el que fuera un arma improvisada pero que vio una gran actividad militar en toda la Edad Media y buena parte del Renacimiento.

¿Desde cuándo se empleó el mayal como arma?

No lo sabemos a ciencia cierta. Pero dado el indudable carácter ofensivo de este objeto, queda claro que se emplearía como arma improvisada cada vez que un campesino tuviera que defenderse o atacar.

Y no lo decimos por decir: es que existen en el arte incontables representaciones de campesinos empleando mayales para defenderse de soldados, saqueadores y todo tipo de amenazas.

La Venganza del Campensino, c. 1633. Entintado. Realizado por el ilustrador lorenés Jacques Callot. National Gallery of Art, Washington D.C. Los campesinos han sufrido muchísimo históricamente a manos de soldados y saqueadores itinerantes que seguían a o formaban parte de los ejércitos. Las crónicas históricas mencionan muy a menudo las emboscadas que realizaban los habitantes rurales en venganza o como defensa.
La Venganza del Campesino, c. 1633. Entintado. Realizado por el ilustrador lorenés Jacques Callot. National Gallery of Art, Washington D.C. Los campesinos han sufrido muchísimo históricamente a manos de soldados y saqueadores itinerantes que seguían a o formaban parte de los ejércitos. Las crónicas históricas mencionan muy a menudo las emboscadas que realizaban los habitantes rurales en venganza o como defensa.
Otro entintado de Jacques Callot, titulado de manera parecida al anterior: La Gran Miseria de la Guerra, la Venganza del Campesino. 1663. También muestra la omnipresencia del mayal en el escaso arsenal de las clases pobres dedicadas al campo.
Otro grabado entintado de Jacques Callot, titulado de manera parecida al anterior: La Gran Miseria de la Guerra, la Venganza del Campesino. 1663. También muestra la omnipresencia del mayal en el escaso arsenal de las clases pobres dedicadas al campo.

De hecho, los mayales fueron muy utilizados en las rebeliones campesinas.

Kämpfende Bauern, Holzschnitt Date early 16th century Source eingescannt aus: Otto Henne am Rhyn: Kulturgeschichte des deutschen Volkes, Zweiter Band, Berlin 1897, S.20 Author Hans Lützelburger (+1526) nach Meister NH (nb NOT Hans Holbein d. J.)
Detalle de Kämpfende Bauern (“Batalla de los Desnudos y los Campesinos”), ilustración (grabado en madera) de la llamada Guerra de los Campesinos Alemanes (1524-1525) por el maestro Hans Lützelburger. Principios del siglo XVI. Obsérvese al campesino enarbolando a dos manos su mayal para golpear a sus víctimas. Esta rebelión campesina se enmarcó en los inicios de la Reforma protestante. Miles de campesinos y siervos aprovecharon para rebelarse contra sus opresivos señores feudales. La masacre de los primeros por parte de la aristocracia impresionó incluso en una época que se caracterizaba por la crueldad en las guerras. Se calculan centenares de miles de muertos en el espacio de unos pocos años. El mismísimo Martín Lutero llegó a condenar los alzamientos campesinos en un tono muy feroz.

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Panfleto de los doce artículos de la revuelta campesina alemana de 1525. Surgiendo de entre la masa de armas de asta pueden verse un mayal (a la izquierda) y una morgenstern (a la derecha). El movimiento campesino alemán contemporáneo con la Reforma comenzó con unos ideales democráticos muy acentuados y novedosos. Lamentablemente eso fue una de sus debilidades a la hora de enfrentarse a sus enemigos aristocráticos, los cuales tenían un mando centralizado, tropas profesionales y bien equipadas. Los campesinos no tuvieron un mando unificado ni tenían disciplina o armamento militar de relieve.
Panfleto de los doce artículos de la revuelta campesina alemana de 1525. Surgiendo de entre la masa de armas de asta pueden verse un mayal (a la izquierda), ya “mejorado” con elementos ofensivos adicionales (pinchos) y una morgenstern (más a la derecha). El movimiento campesino alemán contemporáneo con la Reforma comenzó con unos ideales democráticos muy acentuados y novedosos. Lamentablemente eso fue una de sus debilidades a la hora de enfrentarse a sus enemigos aristocráticos, los cuales tenían un mando centralizado, tropas profesionales y bien equipadas. Los campesinos de este movimiento, a diferencia de los husitas, no tuvieron un mando unificado ni tenían disciplina o armamento militar de relieve.

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Campesinos y soldados en el exterior de una taberna. Una alegoría de la violación de los Países Bajos, por Jan Havicksz Steen (c. 1626 – 1679). Este cuadro de la Edad de Oro holandesa refleja las dificultades y crueldades que los campesinos sufrían a manos de la soldadesca. En el centro de la composición puede observarse a un campesino desesperado enarbolando su mayal contra los soldados saqueadores y violadores.

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Óleo titulado Chairing the Member (más o menos “Llevando a hombros al Miembro Electo del Parlamento”, en inglés, con las connotaciones de “entronizar”, “hacer ocupar la silla -o puesto- oficial”), de la serie The Humours of an Election (“Los humores de una Elección”) por el pintor William Hogarth, 1755. En el centro de la imagen puede observarse a un seguidor del candidato tory elegido enarbolando un mayal contra el seguidor de su adversario político whig, que se le enfrenta con un bastón nudoso. Hogarth reflejó de manera muy satírica en esta serie de cuadros el ambiente político de la Gran Bretaña de su época, con la corrupción del sistema electoral de por aquel entonces y con sus enfrentamientos populares incluidos.

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Y no se puede decir que el arma sea desconocida para los historiadores. Incluso los historiadores españoles la mencionan.

Breve Historia del Armamento Antiguo y Medieval.

Óscar Luengo Soria – Lcdo en Historia del Arte por la Universidad de Castilla-La Mancha.

El mangual fue un arma ofensiva aterradora durante la alta y plena Edad Media. Su origen, como tantas otras armas de guerra, estuvo en la agricultura. Concretamente en una antigua herramienta llamada mayal, que consistía en un mango de madera de una longitud aproximada de un metro, en el que en uno de sus extremos, iba una cadena de unos centímetros de largo que unía otro palo de menor tamaño que el anterior de sección cuadrada. Se utilizaba para desgranar el centeno a modo de guadaña y fue muy popular en países de Europa del Este y Rusia. Sustituyendo la madera por el metal, podía servir perfectamente como arma ofensiva. Durante el siglo XII se fue adaptando al uso militar, modificando el antiguo mayal a las exigencias guerreras. Así nació el mangual, que estaría presente en los ejércitos hasta el siglo XIV, compuesto por un mango de madera de diversas longitudes, más corto o más largo, dependiendo de si su uso iba a ser desempeñado por una o dos manos. El más utilizado era de una mano, con un mango corto, de unos 40 centímetros de longitud. Se sujetaba por su extremo inferior y en el superior, había una cadena que sustentaba una pesada esfera de hierro de unos cinco centímetros de diámetro a la que se le unían numerosas púas fabricadas del mismo material. Esa misma cadena, podía a su vez, llevar dos e incluso tres cadenas, sujetando sendas esferas, pero lo más común era que sólo llevase una cadena y una esfera. En posición vertical, hay que señalar que la longitud de la cadena con la esfera, siempre medía un tercio de la longitud del propio mango para que no llegase a lastimar la mano. En numerosos modelos de mangual, en el extremo inferior por donde se tomaba iba una tira de cuero o una cadena que sujetaba la muñeca del guerrero, ya que era un arma fácil de perder en combate. Fue un arma realmente peligrosa no solo para el oponente, si no también para el propio portador, si no se utiliza como es debido. Siempre que se manejaba había que hacerlo con el brazo extendido, ya que inevitablemente si no se hacía de ese modo, el propio guerrero que lo usaba, corría el serio peligro de lastimarse. Hay que balancearlo para que coja velocidad y adquirir la potencia suficiente para que este arma cumpla su cometido ofensivo; si se para, se pierde el control, con lo que siempre tiene que estar en constante movimiento. Hay que señalar, que con un potente golpe de brazo, estudios modernos han valorado la velocidad de impacto de la esfera en unos 150 km/h. A esta velocidad, ni que decir tiene, que era más que suficiente para que las púas rompiesen y perforasen armaduras, cascos, escudos, etc. El mangual, en cambio, no fue un arma perfecta. Exigía mucho esfuerzo físico para que fuera efectiva, ya que en el momento en que se dejase de girar, el oponente tenía todas las de ganar. Por esto, fue un arma agotadora de emplear. No obstante, los ejércitos cristianos durante las Cruzadas, emplearon diversos tipos de mangual en el ataque cuerpo a cuerpo. Un guerrero experimentado, no sólo podía manejar el mangual como arma para impactar en el cuerpo del enemi-go, si no que en varias ocasiones, se utilizaba a modo de enganche. De esta forma, si el contrario empleaba en su defensa una espada o un arma similar, la cadena se enredaba en la hoja de la misma, con lo que con un tirón, se podía dejar al enemigo desarmado y a merced después de un impacto mortal de este arma. El mangual fue usado por los ejércitos medievales durante unos 200 años. Este corto período de tiempo (si se compara con otras armas), fue debido sobre todo a su exigente esfuerzo físico para poder usarlo con efectividad y a la dificultad de manejo que suponía su empleo en la batalla, en numerosas ocasiones sin espacio para poder girarlo con velocidad. Con esto, el arma que antaño fue terrible, quedó relegado a mero objeto ornamental, decorando multitud de paredes sobre todo, en algunos salones de las casas señoriales y castillos de la baja Edad Media y Edad Moderna. Actualmente, los ejemplares existentes de mangual, son copias de los medievales con un uso meramente decorativo, ya que como herramienta bélica, su función estuvo más que cumplida y hace siglos que pasó a la historia y al olvido.

Fuente.

Pero no siempre fue el mayal a dos manos un arma propia de campesinos. Todo cambió (en Europa) a finales del siglo XIV y principios del XV, cuando un ejército basado en levas campesinas transformó la percepción militar que hasta entonces se tenía de los mayales: el husita, aquel ejército de rebeldes religiosos checos, que tantas innovaciones militares tiene en su haber. Por ahora, baste decir que dado que el ejército husita estaba tan basado en el campesinado, los mayales constituyeron una parte fundamental de su arsenal. Tan importante que, a día de hoy, los checos todavía consideran al mayal su “arma nacional.” El eficacísimo empleo de los mayales contra los ejércitos cruzados enviados por el rey de Bohemia, el emperador germánico y la Iglesia Católica, provocó el que se adoptara su uso de manera inmediata entre los pueblos de Europa central y oriental limítrofes con Bohemia. Desde entonces y hasta bien entrado el siglo XVII, los mayales adquirieron un prestigio bien ganado entre los guerreros profesionales de la época y de esa región geográfica en concreto.

Más adelante hablaremos de los husitas con mayor detalle.

A la derecha: ilustración de uno de los famosos “carros de guerra husitas” y a la izquierda, batalla en campo abierto con regimientos luchando tras grandes paveses, del manuscrito anónimo (se suele decir que su autor fue Johannes Hartlieb pero no se sabe con seguridad) Kriegsbuch, conocido en castellano como “De las Guerras Husitas” (aunque no sea su traducción literal, que es “Libro de la Guerra”) que se encuentra en la Osterreichische Nationalbibliothek de Viena, Austria (no se sabe la fecha de su creación con certeza, se cree que pueda ser de entre 1420 a 1480). Obsérvese la gran variedad de armas portadas por los guerreros bohemios: desde ballestas a armas de fuego primitivas, pasando por mayales (hay uno a la izquierda) y un lucero del alba (abajo, a la derecha) en la página derecha. Se pueden observar más mayales en el regimiento husita que se oculta tras un gran pavés con los símbolos del ganso y el cáliz.

 

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Ilustración (letra capitular “O”) del A Mátyás Graduálé o Gradual (libro de cantos religiosos) del rey Matías Corvino de Hungría. 1480-1488. Folio 184r. Biblioteca Nacional Széchényi, Budapest, Hungría. En él puede observarse a un caballero húngaro enfundado en armadura de placas completa portando una variante más “profesional” del mayal a dos manos. ¿En qué se nota esa especilización? En que los mayales de tipo más “militar” tenían cadenas de metal y numerosos elementos ofensivos como los pinchos en el cabezal del que aparece en la imagen, cosa que los mayales tradicionales campesinos, obviamente, no portaban (ni falta que les hacía en las labores del campo). El rey Matías Corvino fue un afamado estratega militar, el responsable de convertir a la nación húngara en una auténtica potencia de la época. Llegó a derrotar en repetidas veces a los turcos otomanos con su “Ejército Negro”, uno de los primeros ejemplos de ejércitos permanentes formado por soldados profesionales. Como podemos ver, Corvino tampoco le hizo ascos a adoptar tácticas husitas previas, como el empleo de mayales de guerra.

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Detalle del Triumphzug (“Triunfo”) del emperador germánico Maximiliano I de Habsburgo. En esta ilustración de la serie de grabados en madera de Hans Burgkmair puede observarse a una representación de maestros de esgrima del mayal alemanes de principios del siglo XVI, más concretamente, de 1517. La importancia de esta arma queda definitivamente reflejada en el hecho de que incluso disponía de enseñanza formalizada.

Llegó incluso un momento en que el empleo de los mayales a dos manos fue visto en manos de los emperadores del Sacro Imperio Germánico.

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Hoja ilustrada número 35 del llamado Freydal (1519). En él puede verse al emperador Maximiliano I de los Habsburgo derrotando a un oponente en un torneo con mayales a dos manos. Kunsthistorisches Museum, Viena. Freydal fue la tercera y última parte del Gedechtnus (“Memorial”), una serie de obras poéticas ilustradas que narraban las hazañas (muy romantizadas) de Maximiliano, desde sus guerras, hasta los torneos, pasando por banquetes y bodas. Desde mediados del siglo XV y hasta mediados del siglo XVI puede calificarse como la época en la que más uso se le dio al mayal a dos manos desde un punto de vista militar, ya como arma de prestigio y no solamente como arma improvisada de origen campesino. Pero con la progresiva mejora de las armas de fuego, el mayor empleo de la pica y la cada vez mayor desaparición del combate cuerpo a cuerpo directo, el mangual a dos manos vio descender de manera relativamente rápida su uso entre los ejércitos europeos aunque entre el campesinado siguió usándose por largo tiempo.

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Y se enseñó su uso de manera reglada y sistemática en las academias militares, tratados de esgrima y libros de combate de la época.

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Comentario nº 88 del Fechtbuch im Rappier (“Libro de combate con espada ropera”) del maestro de esgrima alemán Michael Hundt. En él se hace referencia a cómo un espadachín debe tratar con un oponente con mangual a dos manos. La traducción es mía: “88. Si vuestra merced observa que viene hacia vos alguien con un mangual, de noche, y que os va a golpear con él (como sucede ocasionalmente en las universidades, cuando uno se levanta de la mesa será atacado por los guardias si alguien le ha hecho algo previamente a los guardias y éstos necesitan de deshacer el agravio), enrollad vuestra capa en el brazo izquierdo, y corred bajo su mangual con gran presteza, de tal manera que golpee por encima de vos. Sed cauteloso con su fuerza, vuestra merced, forzad el mangual de las sus manos, para mayor protección de vuestra vida y miembros.”

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Ilustración de combate con mayales a dos manos del New Kůnstliches Fechtbuch (“Nuevo Manual Ilustrado de Esgrima”) escrito por el alemán Jakob Sutor von Baden e impreso en 1612.

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Ilustración nº 2 sobre combates con mayales de la inmensa obra de esgrima y artes marciales alemana conocida como Opus Amplissimum de Arte Athletica (MSS Dresd.C.93/C.94), de Paulus Hector Mair (fecha tradicionalmente adscrita de 1542). Los originales residen en la Sächsische Landesbibliothek de Dresden, Alemania. Ilustrada por el renombrado pintor Jörg Breu el Joven y producido a un elevadísimo coste (Mair fue procesado y condenado a muerte por robar fondos del tesoro municipal de Augsburgo para sufragar sus caprichos, como estos volúmenes) esta obra es quizás la referencia absoluta en lo concerniente a las llamadas “artes marciales occidentales europeas.” Los libros que componen esta obra tratan desde el combate con hoces y guadañas hasta las espadas y las alabardas y es uno de los pocos manuales de combate que reflejan el estudio de artes marciales en tanto combate sin armas en Europa.

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Folio 60v del Talhoffer Fechtbuch (también conocido por el código MS 78.A.15), encargado por el maestro de esgrima alemán Hans Talhoffer, seguramente a mediados del siglo XV. El original reside en el Stiftung Preußischer Kulturbesitz de Berlín. La ilustración muestra una parada del flegel con el brazo izquierdo a la vez que se inicia un contraataque con el diestro a la cara del adversario (se ve incluso la sangre), con lo cual se demuestran las capacidades ofensivas de este arma incluso con una sola mano y que no se limitan exclusivamente al balanceo del cabezal.

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Aquí tenemos una sorpresa para los que hablamos castellano: sí, existe un tratado de manejo de armas de origen español en el cual aparece descrito el mangual (con ese nombre: “mangual”). En la imagen podéis ver un grabado de la portada del Resumen de la verdadera destreza de las armas, en treinta y ocho asserciones (el título es mucho más largo), de Miguel Pérez de Mendoza y Quijada (fallecido en 1679), el riojano maestro de armas de la familia real durante el reinado de Felipe IV. La obra es muy conocida entre los estudiosos de las armas porque incluye una descripción muy completa del manejo del montante (espada a dos manos) ibérico aunque en este artículo nos interesa, sobre todo, porque menciona el uso y manejo del mangual. La obra se publicó en Madrid en 1675. Obsérvese que en la ilustración aparece un mangual de tres colas. Este tratado nos viene a demostrar que esta arma no era desconocida ni en la parte más occidental de Europa y que su manejo se conocía incluso a finales del siglo XVII. Lo que sí es cierto es que este tratado, una auténtica joya de la esgrima de la época, menciona su manejo como un arma a dos manos. Aquí, una exhibición de esgrima con montante y mangual ibéricos.

Veamos ahora unos cuantos ejemplares físicos de esta arma.

Mayal bohemio utilizado en las guerras husitas (1510). Tiene el mango roto y los pinchos doblados por su uso. Este ejemplar ha sido más preparado para la guerra que su contrapartida tradicional campesina, mucho más sencilla (sin tanto metal ni tanto pincho).
Mayal bohemio utilizado en las guerras husitas (1510). Tiene el mango roto. Este ejemplar ha sido más preparado para la guerra que su contrapartida tradicional campesina, mucho más sencilla (sin tanto metal ni tanto pincho). Nota: el pincho doblado no es producto del combate: servía para engancharlo en una arandela o argolla situada en el mango. Así se evitaba que el cabezal se cimbreara de manera molesta durante el transporte y causara incomodidades o accidentes.
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Lote nº 3164 de la casa de subastas Hermann Historica. Mayal de guerra alemán. Probablemente de la época de la Guerra de los Campesinos alemanes. Altura del asta: 230 cm.

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4.2. Todavía el mangual a dos manos. ¿Existió la configuración clásica del mayal a dos manos formado por mango, cadena y bola con pinchos? Ejemplares físicos.

 

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Objeto de inventario W 1494 (Deusches Historisches Museum). Kettenmorgenstern del siglo XVI-XVII. Obsérvese lo rudimentario del arma.

Y, ahora, pasemos a ver unos cuantos ejemplares originales de mayales o manguales de combate que se conservan en museos y colecciones y podamos así:

1. Constatar su existencia física y no sólo por referenciación bibliográfica (o historiográfica).

2. Su empleo en combate real.

3. Y también podremos comprobar, con ellos, que la forma física de mango de madera más cadena más bola (con o sin elementos como pinchos) se empleó y sobradamente… en contra de lo que Sturtevant asegura en su artículo. Esto es, la configuración en sí misma, y observad que todavía estamos hablando de variantes a dos manos, no sólo no es rídícula sino que se empleó y muy efectivamente en combate. O sea, que su argumento ya empieza a tambalearse y eso sin tan siquiera hablar de las variedades a una mano… que veremos después.

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Objeto de inventario W 74/101 del Deutsches Historisches Museum: Kettenmorgenstern (esto es, lucero del alba de cadena) de finales del siglo XV- principios del XVI empleado en la Guerra de los Campesinos alemanes (1525). Como se puede comprobar, tiene la configuración “clásica” de cadena y bola con pinchos, es funcional, vio combate y uso real. Si bien es un arma con un asta tan larga que no debería ser considerada arma a una mano.
Ketten-Morgenstern, eiserne Hohlkugel, Dm. ca. 7 cm, mit vier 4,5 cm langen, spitzen Dornen, neun feuerverschweißte Kettenglieder, gekanteter Handgriff aus Schmiedeeisen, beidseitig eingerollte Ösen, wohl 17. Jh., genauer Fertigungszeitraum nicht eindeutig feststellbar, (He) Specialist: Karl Hellmer
Ketten-Morgenstern del siglo XVII (sin mango, hierro forjado) datado por el especialista
Karl Hellmer para la casa de subastas Dorotheum.
Arsenal de armas husitas en el Museo Husita de Tabor, República Checa. Principios del siglo XV. Obsérvese la variedad de armas de asta, incluyendo en este caso, mayales de varias configuraciones, una de ellas, la clásica de cadena con bola y pinchos.
Arsenal de armas husitas en el Museo Husita de Tabor, República Checa. Principios del siglo XV. Obsérvese la variedad de armas de asta, incluyendo en este caso, mayales de varias configuraciones, una de ellas, la clásica de cadena con bola y pinchos.

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Arsenal husita, incluyendo varios mayales a dos manos de principios del siglo XV en el Museo del Castillo de Praga, República Checa. Varios de ellos incluyen cadenas y una gran variedad de cabezas con diversos elementos ofensivos.
Arsenal husita, incluyendo varios mayales a dos manos de principios del siglo XV en el Museo del Castillo de Praga, República Checa. Varios de ellos incluyen cadenas y una gran variedad de cabezas con diversos elementos ofensivos.

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Seguramente algún “espabilado” de los que se creyeron la polémica sin contrastar se atreverá a decir, ya aterrorizado ante lo que se le viene encima, que eso no demuestra nada, que no se tiene constancia de que los husitas, alemanes o cualesquiera guerreros de otras nacionalidades emplearan esas armas que aparecen en esos museos estén correcta o incorrectamente datadas. El problema, queridos… es que su empleo está corroborado por las obras de arte de la época. Servíos y comed:

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Masacre de los Husitas. Grabado de la Crónica Bonee, 1545.

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Imagen de un políptico checo del siglo XV que retrata a varios guerreros husitas y su variedad de armamento. El arma del centro es lo que las crónicas denominan “estaca de guerra husita” y los técnicos en lengua alemana, kettenmorgenstern, es decir, “lucero del alba con cadena.”

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Guerrero husita de la facción taborita (nótese el cáliz pintado y el ganso en el cinto, símbolos de su religión), portando un mayal con cadena y bola con pinchos… y con una sola mano (aunque se pueda usar a dos por su longitud). Imagen contemporánea de un manuscrito anónimo conservado en el Museo Husita de Tabor, Chequia (República Checa).

Esta última imagen nos va a servir de conexión con el siguiente apartado.

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4.3. Un ejemplo paradigmático del uso del mayal: los husitas.

 

El ejemplo más claro y uno de los mejor registrados del empleo masivo de mayales campesinos como armas es el de los husitas. Es más, los husitas emplearon tanto el mayal a dos manos como el de una mano.

Los husitas, del checo Husité (“seguidor de Hus”) o Kališníci (“Gente del Cáliz”) fueron uno de los primeros movimientos religiosos cristianos opuestos al poder de la Iglesia Católica… que tuvieron éxito. De hecho, fueron un antecedente del Protestantismo. Estos cristianos seguían las enseñanzas del reformador Jan Hus (c. 1369–1415), que predicaba algunas cuestiones opuestas a la doctrina católica. Tras su asesinato a manos del papado, el cual consideraba a Hus un hereje, el campesinado checo y un buen número de nobles (a los que atrajo el mensaje de sencillez comunitaria y humildad de Hus), especialmente los de menor rango, se alzaron en armas a principios del XV en una rebelión en la que lograron vencer tanto a la Iglesia y al rey Wenceslao de Bohemia como a los sucesivos ejércitos de cruzados que se enviaron para sofocarla. El movimiento también tuvo como consecuencia el despertar del nacionalismo checo (por aquel entonces a un checo también se le llamaba “bohemio”), contraponiéndolo especialmente a la injerencia alemana. Llegó un momento en que prácticamente toda la nación checa se convirtió al husismo.

Resumiendo: los husitas, al contrario que muchísimas otras rebeliones campesinas lograron vencer en la multitud de guerras (entre 1419 y 1434) que tuvieron que librar por su libertad e independencia porque se organizaron muy bien y muy rápidamente (entre otras cosas gracias a líderes de la talla de Jan Žižka). De especial relevancia fue la coordinación entre campesinos y nobleza menor y el empleo de muchas tácticas militares novedosas, tales como:

-El uso de armas de fuego primitivas (como los cañones de mano).

Especialización de armas por cuerpos. Los husitas se organizaban en escuadras en las que cada hombre tenía un arma y la usaba cuando hacía falta. Por ejemplo, se empleaban picas y alabardas para mantener a raya al enemigo mientras ballesteros y fusileros disparaban y la infantería (la inmensa mayoría, campesinos armados con mayales) surgía desde detrás de los carros de guerra para enfrentarse al enemigo cuando éste se acercaba demasiado. La caballería (los husitas empleaban los carros entre otras cosas porque no tenían tanta caballería pesada como sus enemigos cruzados) hacía lo mismo para atacar en el momento decisivo o para perseguir.

La invención del carro de guerra (Wavenburg en alemán) y la formación de fortalezas móviles. Los husitas se desplazaban en carretas agrícolas reforzadas y con aberturas para disparar que organizaban según las necesidades tácticas entrelazándolas unas con otras formando cuadrados o círculos de una forma similar a la más conocida por las películas del círculo de carretas del Lejano Oeste. A veces, incluso, cavaban fosos y los llenaban de agua para dificultar el acceso enemigo. Los husitas empleaban estas fortalezas móviles tanto para defenderse como para atacar.

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Volvamos a esta imagen de los carros husitas según el Kriegsbuch de Johannes Hartlieb (s. XV). Los mayales y luceros del alba se usaban como armas para el cuerpo a cuerpo en caso de que el enemigo lograra alcanzar la línea de defensa formada por los carros. Los mayales son ideales como arma de remate, especialmente contra oponentes acorazados como sus enemigos cruzados germánicos (las armas que causan daño contundente son más eficaces contra las armaduras de metal ya que éstas frenan, ante todo, el daño perforante y, muy especialmente, el de corte). Debido a que los defensores se encontraban normalmente a mayor altura, en los carros, era más cómodo y eficaz emplear un arma con un asta más corta. Es muy probable que ésa fuera la razón por la que algunos husitas acabaran acortando el mango de los mayales campesinos: para hacerlos más eficaces desde una posición elevada. Esa idea se ve corroborada por el hecho de que otros pueblos que han usado el mayal a una mano (como los coreanos o habitantes de la estepa rusa) lo han hecho como arma de jinete. El mayal a una mano es ideal también para defender una posición ante varios enemigos (como los que intenten trepar los parapetos de los carros de guerra), ya que es un arma de barrido con una gran posibilidad de acción en molinete.

Bien, pues el mayal o mangual (řemdih en checo) es considerada el “arma nacional” de los checos (más correctamente, de los husitas). Recordemos que gran parte del ejército husita fueron campesinos.

Y emplearon tanto variedades de dos manos (la mayoritaria)…

Como de una sola mano.

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Guerreros husitas. El primero por la izquierda porta un mangual a una mano. Nótese que es básicamente un mangual a dos manos con el mango recortado. Museo de la Ciudad de Praga. Siglo XV.

Recordemos la ilustración contemporánea del siglo XV de un guerrero husita de la hermandad taborita (obsérvese los símbolos del cáliz y el ganso colgando del cinto; “ganso” en checo se pronuncia muy parecido a “hus”) portando un clásico mangual a una mano de los de bola… con pinchos.

¿Por qué los husitas emplearon variedades de una sola mano? Básicamente, porque las empleaban desde sus carros de guerra para desmontar jinetes o soldados enemigos que intentaran sobrepasar la línea defensiva. Los manguales de una mano son ideales para atacar desde una posición superior y defender puntos de entrada o enfrentarse a varios enemigos (especialmente si esos enemigos están acorazados) a la vez.

Espero que se entienda y lo digo por si aparece algún partidario de las teorías de Sturtevant… que “inicios del siglo XV” NO es el Renacimiento. Es finales de la Edad Media. El Renacimiento no llegó a esa zona de Europa hasta la segunda mitad del siglo XV.

Aquí podéis ver un vídeo (en checo, lo siento), donde se muestra la efectividad de un řemdih de una sola mano y cómo se maneja (minuto 3:44):

https://www.stream.cz/nicenipovoleno/10008001-remdih

Una imagen de cómo empleaban tácticamente los husitas sus armas en un escenificación de modelismo:

SAMSUNGOtra imagen más, una reconstrucción pictórica de una batalla entre husitas y cruzados.:
Uso del mangual husita desde un carro de guerra

Para una mayor información (en checo), el museo husita en Tabor.

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Manguales taboritas (una facción de los husitas) originales. Siglo XV. Museo Nacional de Praga. Éstos pueden ser usados a una o a dos manos.

Una vez visto este ejemplo en concreto relacionado con los husitas, nos pasamos a preguntar en el siguiente apartado…

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4.4. ¿Tan difícil es de encontrar un mangual a una mano referenciado claramente en Europa? Una crítica a la labor investigativa de autores que se basan en la polémica como herramienta de promoción.

 

La respuesta es… no, si sabes buscar.

Es cierto que el mangual a una mano fue un arma excepcional y poco utilizada en Europa occidental. Pero lo fue. Y existen varias referencias claras e incuestionables.

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Imagen de Guillaume d’Orange y Rainouart de la canción de gesta de finales del siglo XIII Moniage de Guillaume, Biblioteca Trivulziana 1025, fo.142 encontrada en la obra The Horizon Book of the Middle Ages.

Mi crítica principal a Sturtevant y a todos los que han creado esta falsa polémica… es que no han querido o no han sabido buscar bien. Y se supone que él en concreto es un técnico especializado que debería saber buscar pruebas historiográficas, arqueológicas y referencias porque es su trabajo.

Insisto en mi crítica: Sturtevant y compañía lo que han hecho es investigar en tres o cuatro museos (y me llevo la mano a la cara de frustración al comprobar que casi todos eran americanos como el Metropolitan de Nueva York) y, como no ha encontrado ningún ejemplar claramente datado en la Edad Media… ya han deducido que el arma no existió.

Vamos a ver, señor mío. Existen más museos de más países y libros en más idiomas que los del área anglófona. Cualquiera que se lea el artículo de Sturtevant y su curriculum nota a las primeras que el tipo no sabe idiomas (una carencia muy típica de ciertos investigadores que se creen que todo tiene que estar en inglés). Un historiador y, más aún, un medievalista, debería conocer varios idiomas europeos por no mencionar lenguas clásicas como el latín. Yo, sin ser técnico, estudié latín en bachillerato, hablo tres idiomas de origen indoeuropeo y puedo defenderme en otros tres, uno de ellos oriental. No conozco ni un solo entusiasta de las armas medievales que no conozca algo de latín y, especialmente, alemán (la mayoría de tratados de esgrima y armas medievales que han sobrevivido están escritos en alemán).

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Un caballero se enfrenta en combate a Felipe de Borgoña portando un mangual de bola y cadena sobre su hombro. Éste es un detalle aumentado de la xilografía anónima circa 1485 que ilustra el poema Le Chevalier Délibéré por Olivier de la Marche. Waldman 2005, 148. Me llama poderosamente la atención que Sturtevant no mencione a Waldman por ninguna parte. Es, quizás, uno de los autores que más y mejor han estudiado el tema concreto de la existencia del mangual en Europa.
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Volvamos con la estatua del paladín Olivier en la catedral de Verona. Siglo XII. Os la vuelvo a poner para que podáis apreciar mejor, con un delineado (del siglo XIX), el mazzafrusto (mangual, en italiano) que porta en la diestra sobre su escudo.
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Miniatura del Codex Vindobonensis folio 37 de 1389. Biblia de Wenzel (Wenceslao), mandada hacer por el rey Wenceslao IV de Bohemia en Praga y escrita en alemán. Obsérvese el guerrero con un mangual (de dos manos aunque el asta es relativamente corta) con la configuración clásica de cadena y bola con pinchos en el extremo izquierdo.
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BL Egerton 745. Vida de San Eustaquio y Otros Santos. 1300-1325. El guerrero sarraceno del centro de la miniatura porta un mangual a una mano de doble cola con varias bolas.
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Panel de la vidriera de la iglesia de Saint Mary en Fairford, Gloucestershire. En esta ilustración de los tormentos infernales, uno de los demonios porta un mangual con cadena y bola con pinchos. La vidriera fue construida entre 1500 y 1517. Su autoría se atribuye al vidriero flamenco Barnard Flower, maestro vidriero del rey inglés Enrique VII.
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Arco del pórtico románico de San Miguel de Uncastillo, siglo XII. El pórtico estuvo originalmente en ese pueblo de Zaragoza, España. Hoy en día se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Boston, EE.UU. En él aparece la figura de un guerrero armado con un mangual de cadena y bola. Lo empuña a dos manos pero el asta es lo suficientemente corta como para empuñarlo con una sola. La fotografía fue tomada por Francis Bartlett en 1912. El esquema de la derecha aparece en el catálogo Arms & Armour of the Crusading Era de David Nicolle.
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Detalle de La batalla entre Heraclio y Cosroes, pintada por Piero della Francesca alrededor de 1452. En él podemos observar a un soldado empuñando un mangual de bola y cadena de tres colas. Ampliación de la imagen al completo.

La labor de Sturtevant no ha tenido sistematicidad ni seriedad. Ha querido montar la polémica por labrarse un nombre rápido. Y, en última instancia… es que se trata de sentido común: una simple labor de investigación histórica te tiene que conducir, inevitablemente, a notar que aparecen referencias en el arte medieval, a constatar que si se utilizó el mangual a dos manos y que el de una mano está atestiguado sin posibilidad de discusión, desde el siglo VIII en Europa oriental y en el XV en la occidental… ¿¿¿no entiendes, alma de cántaro, que sería extremadamente extraño que NO se hubiera dado el caso de un mangual a una mano en Europa occidental en la Edad Media??? Sería ilógico el tan siquiera suponer eso. Por no mencionar que el mecanismo de funcionamiento del mangual a una mano se dio en muchas otras culturas, entornos y épocas (Japón, China, Persia, India, entre los nativos de Norteamérica, entre los marineros y delincuentes, etc.). Es decir, si el mangual a una mano funcionó en la India… ¿por qué no iba a funcionar en Europa? ¿Qué pasa? ¿Que las leyes de la Física son distintas en nuestra área cultural y geográfica o qué? ¿La fuerza centrífuga y la inercia funcionan en Europa de otra manera?

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Manguales militares alemanes. Siglo XV (la datación se debe a la decoración gótica en las bandas de refuerzo del mangual más largo). Museo de Historia Alemana. Berlín.
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Manguales militares alemanes. Siglos XV al XVII. Museo de Historia alemana de Berlín.
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Mangual alemán a una mano del siglo XV. Fuente.
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Mangual alemán (inequívocamente a una mano) del siglo XVI. Museo de Historia Alemana de Berlín.
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Kettenmorgenstern alemán o suizo. Siglos XV-XVI. Colección privada. La fuente creo que es Waldman, 2005.
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Uno de los ejemplares más fascinantes y mejor datados de manguales de guerra de a una mano. Se utilizó en las Guerras Campesinas alemanas de principios del siglo XVI y lo complejo de su fabricación (íntegramente en metal, estuvo pintado para evitar la corrosión y lo original de la cadena), denota que fue posesión de un caballero muy adinerado. Nota aparte merecen los comentarios acerca de las decoraciones de estilo flamígero. Fuente.

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Manguales bávaros (junto a mazas, hachas y martillos de guerra) a una mano íntegramente de metal del siglo XVI. Bayerisches Nationalmuseum.
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Lote de subastas de Christies’. El mangual de a una mano es del siglo XVI y fue propiedad de un jinete. Fuente.

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Mayales alemanes del siglo XVI (morgenstern, las llaman en los catálogos de estas casas de subastas) de la época de las Guerras de los Campesinos (Bauernkrieg). Existen varios de estos ejemplares que tenían por curiosa característica el sustituir la tradicional bola con pinchos del cabezal por bolas de cañón encerrradas en una especie de jaulas. Tienen algún sentido macabro (devolverle al enemigo la bala). Hay ejemplares del siglo XVII, también alemanes. Fuente.

Voy a dejarlo más claro aún para que se entienda: muchos partidarios de esta teoría aducen que los manguales a una mano más antiguos que se conservan en los museos de Europa occidental son del siglo XV y que “eso no los hace medievales” (¿?). En principio, el Renacimiento se entiende a partir de la segunda mitad del siglo XV en muchos países europeos pero bueno, aceptemos eso. A lo que me vengo a referir: si existieron desde principios del siglo XV, ¿qué te hace pensar que NO existieron a finales del siglo XIV aunque así consten en el arte europeo? ¿Qué pasa? ¿Que los manguales a una mano aparecieron, así de pronto, sin evolución previa, de la nada? ¿Se los inventó alguien en un momento determinado y único a partir del cual se copiaron masivamente y en poco espacio de tiempo de una punta a otra de un continente? ¡Por favor!

Por no mencionar que sí, sí existen ejemplares datados en plena Edad Media.

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Mangual centroeuropeo de a una mano del siglo XIV. Nótese lo primitivo de la configuración del arma… y que si ha llegado hasta nosotros es porque está construido íntegramente de metal. La principal razón por la que no se encuentran más manguales de una mano (netamente medievales) en los museos de Europa occidental es porque no han sobrevivido los componentes perecederos como astas de madera y tiras de cuero (o cuerda). Fuente.
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Hacha y mangual del siglo XIV. Rusia. Sólo las cabezas de las armas son originales.
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Kisten varangiano. Siglos X-XIII. Encontrado en las cercanías de Kiev pero de origen nórdico. Fuente.

Y sí, sí aparecen referenciados en varios tratados sobre Historia, Antigüedades, catálogos museísticos, arqueología, de estudios medievales, etc. Ciertamente, algunos serán falsificaciones y otras estarán mejor o peor datados pero lo que quiero hacer notar al incluir toda la información pertienente es que la labor de un investigador es ver el total de la información, el conjunto. Esto es, si uno sólo mira referencias en el Arte o sólo busca piezas museísticas o sólo busca dentro de determinados segmentos temporales o culturales, puede caer en el error o darle la impresión de que el mangual a una mano era tan escaso que no existió. Pero eso queda absolutamente refutado al comprobar el conjunto del tema… y es que existen referencias al arma en cuestión en el Arte, en los museos, en referencias historiográficas, etc. De no haber existido, alguna de las referencias cruzadas habría fallado… pero es que todas concuerdan, ¿se entiende?

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Mazas y ejemplares de mazzafrusto. Ilustraciones de Carlo De Vita, Armi bianche dal Medioevo all’Età Moderna, Florencia 1983.
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Listado e ilustraciones referenciadas (en inglés) de varias tipologías de mayales militares (de asta larga y corta) de los siglos XI al XVI. Fuente: ‘Weapons of War’ de Auguste Demmin.

Y digan lo que quieran decir, los ejemplares del siglo XV en adelante, se encuentran fácilmente en cualquier museo europeo, especialmente en los del Centro y Este de Europa. Como se puede comprobar incluso visualmente… no son simulacra. Son objetos sin apenas belleza estética, sin adornos y sin cualidades de “arma de parada.” Han sufrido un uso. Más concretamente, han visto combate.

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Mangual alemán de los siglos XVI-XVII.  De hierro. Cabeza ovalada con cinco pinchos cuadrangulares forjados .Longitud 45,5 cm. Fuente.
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Mangual alemán. Siglos XVI-XVII. Fuente.

 

5. ¿Se utilizó el mangual a una mano en otros tiempos y lugares que no fuera la Edad Media europea occidental?

 

El porqué de esta pregunta no es baladí. Tiene su importancia porque, de demostrarse que existió como arma en otros momentos y entornos, se demuestra a su vez que el que afirme que el mangual a una mano no pudo existir… se equivoca rotundamente.

La existencia del mangual a una mano en otras épocas y lugares vendría a decir y demostrar:

-Que no es un arma tan irreal, ridícula o de una existencia tan imposible como nos la quieren hacer creer personajes como Sturtevant.

-Que si se usó es porque se puede usar. El principio mecánico de un peso unido mediante conexión flexible a un asta de mano es más que razonable. Sea ésta a una o a dos manos.

-Esto es, si existió (por ejemplo) en la Corea de la época Joseon… ¿por qué no iba a existir en la Europa medieval? ¿Cuál es el impedimento? ¿Es que los europeos somos más tontos que los orientales u otros pueblos?

Y sí, existió en otras épocas y lugares geográficos. Veamos eso.

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5.1. Manguales en la Europa del Este medieval (y posterior).

 

Los ejemplos más claros provienen de las culturas nómadas de la estepa oriental y póntica europeas. Los manguales a una mano fueron muy, muy utilizados por los guerreros jinetes de la estepa rusa. En terminología arqueológica se les conoce como kiścieniem o basałykiem (en polaco) o кистень (kisten en singular, kisteni en plural, en ruso). La etimología está discutida: no se sabe con certeza si es un término tártaro relacionado con la palabra “palo” o relacionada con una raíz de orgen eslava para denominar algo “desgarrador.” Los más conocidos son los empleados por los guerreros profesionales de la entidad política que, en términos históricos, conocemos como Rus (el antecedente de la Ucrania y Rusia actuales, con centro geopolítico en Kiev). Fueron armas muy utilizadas por los jinetes por lo que  hemos comentado anteriormente: desde la altura que proporciona estar montado a caballo, el giro que se le puede imprimir al cabezal de un mangual, ayudado por la gravedad, es muy efectivo, por no mencionar que se puede utilizar para poder enredarla en el arma (o brazos o cuello) del adversario.

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Un muestrario de cabezales de lo que en ruso se llama Кисте́нь (mangual). Catálogo de 2004 de la casa de subastas de antigüedades rusas Antik1941. Obsérvese la gran cantidad de formas y tamaños.

Existen multitud de excavaciones arqueológicas de antiguos arsenales y tumbas (¡incluso de mujeres!) donde se han encontrado cabezales de estos manguales por centenares junto a estribos, bocados y aparejos de caballos, puntas de flecha y lanzas de jinetes. ¿Por qué sólo los cabezales? Porque tanto las astas de madera como las correas de sujeción (normalmente de cuero; sólo se conoce un caso con cadena entre los jázaros) estaban hechas de esos materiales perecederos que no se han conservado bien. La mayor parte de los cabezales de estos kiścieniem (kiścien en singular), están hechos de metal (hierro, bronce, ¡incluso hueso!). La mayoría se utilizaron entre los siglos X y XIII d. C. Pero existen también ejemplares anteriores y posteriores a esta época, ya que se usaron hasta bien entrado el siglo XVIII. Los arqueólogos e historiadores como Kirpicznikowa y Kryganov creen que el origen del arma en sí es propia de los pueblos jinetes nómadas orientales (más concretamente, mongoles y tártaros), fue adoptada en el área de las actuales Rusia y Ucrania en torno a los siglos X y XI y, posteriormente a esta fecha, otros pueblos europeos cercanos (eslavos y germánicos) lo adoptaron desarrollándolo hasta llegar a la cúspide de su diseño en los siglos XV y XVI. Los primeros ejemplares pertenecen a la cultura Saltovo-Mayaki (en español los conocemos como “jázaros“) de Europa Oriental (región del río Don) y están datados en torno al siglo VIII. Pero no sólo ellos utilizaron estos manguales: búlgaros del Volga, mongoles, tártaros… también los incluyeron en sus arsenales. Los kazajos, en concreto, estuvieron utilizando estas armas hasta el siglo XVIII.

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Estos son algunos ejemplares de kisteni utilizados por los guerreros del estado de Novgorod. Siglos XI-XII. Museo Estatal de Historia de Moscú. Como se puede observar, los cabezales son lo único que sobrevive de aquellas armas. Se colgaban de correas de cuero unidas a mangos de madera (a veces reforzados con metal). Eran armas bastante ligeras, más cómodas de empuñar con una mano y para uso de jinetes. Las formas y tamaños varían muchísimo pero casi todas tienen en común un aro a través del cual pasar la correa.
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Los ejemplares más simples y antiguos de kisteni ni tan siquiera tenían aros de sujeción: simplemente tenían una perforación a través de la cual pasar la correar y anudarlas en el otro extremo. De hecho, a estas armas se las suele considerar más lo que se llama en inglés un slungshot que un mangual propiamente dicho (más adelante hablaremos de estas armas). Museo Estatal de Historia de Moscú. Siglo X.
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Armas parecidas a los kisteni no sólo aparecieron en el área geográfica de la estepa rusa y póntica. Se han encontrado ejemplares parecidos en Finlandia y Alemania aunque son extremadamente raros. Este ejemplar de bronce, en concreto (de tipología lash-ball), se encontró en Raisio, Finlandia, y fue utilizado por un guerrero finés del área de la actual Turku. Está datado en el siglo XIII y se encontró junto al equipo de… sí, lo habéis adivinado: un jinete. Fotógrafo: Antti Huittinen.
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La inmensa mayoría de los kisteni o kiścieniem encontrados tienen el cabezal de metal pero han logrado sobrevivir algunos ejemplares de materiales orgánicos duros como el aquí expuesto, que combina una sujeción de hierro con la cabeza propiamente dicha de asta de alce. Siglo X -XII. Museo Estatal de Novgorod en el Kremlin de Novgorod. Fotografía de Henry Skodell. Conforme avanzaban los siglos, se fueron sustituyendo los ejemplares de piedra o hueso por los de metal para poder enfrentarse a enemigos cada vez más acorazados con armaduras también de metal. Nótese el símbolo grabado. Muchos de los kiścieniem tienen grabados símbolos identificativos de los grupos políticos y étnicos de los guerreros que los empuñaban (existen incluso ejemplares con imágenes de los antiguos dioses paganos eslavos, como Perun). En las crónicas polacas y rusas aparecen referencias a ejemplares de manufactura incluso más primitiva en manos de guerreros tártaros y que consistían en quijadas de vacas atadas crudamente con una tira de cuero a un simple palo de madera.
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Ésta es, quizás, la tipología más “estandarizada” de los cabezales de kiścieniem encontradas, las que tienen forma periforme. La mayoría, como este ejemplar ruso, tienen una decoración de un árbol de la vida esquemático grabado. Éste está hecho de bronce y relleno de plomo (una técnica metalúrgica muy habitual para combinar peso, durabilidad y ahorro económico). Los ejemplares, como ya he mencionado, varían muchísimo de forma y tamaño (el que aparece en la imagen mide 60x35mm), pero no solían superar los cuatrocientos gramos de peso ni solían tener unas dimensiones que sobrepasaran el ancho de la palma de un adulto. Algunos incluso cumplían una doble función como pesas y medidas para las balanzas. Recordemos que estas armas están diseñadas para combinar contundencia y flexilbilidad. Este ejemplar fue realizado en el Estado Rus de Kiev en torno a los años 1200-1240. Fuente: página de antigüedades oldthing.ru. Los cabezales de kiścień se encuentran tan habitualmente en las excavaciones arqueológicas de aficionados que existe un mercado de antigüedades bastante intenso en Europa del Este. Nota: les recuerdo a mis lectores que ESO es expolio cultural y un delito bajo la legislación europea. Así que ya sabéis, si os encontráis con esto, a denunciar ante las autoridades pertinentes.
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Asesinato del Gran Príncipe de Kiev Igor Olgovich en 1147, según la Crónica de Radziwiłł (o de Königsberg), que es una copia del siglo XV de un original del siglo XIII. Ilustrador anónimo ruso. En esta ilustración se observa a un guerrero portando un kisten, el tradicional mangual ruso a una mano.
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Grabado que ilustraba la serie alemana titulada Moscovia de Sigismund Herberstein. 1557. En esta imagen podemos observar el equipo militar de la caballería moscovita del siglo XVI. Los Кистень tradicionales rusos, en manos de caballeros, habían evolucionado a una forma más corta, más parecida a una fusta. Insisto: el mangual de la Europa oriental era eminentemente un arma de jinete, de guerrero profesional aunque ya para esta época se usaba como arma auxiliar, para propinar golpes repentinos e inesperados, siendo las principales las armas de asta como las lanzas y, por supuesto, el arco, que tardó mucho más tiempo en desaparecer en la Europa oriental que en la occidental. Los manguales llevaban usándose en la zona de la estepa rusa desde aproximadamente el siglo VIII d. C. y su uso militar constatado continuó hasta el siglo XVIII aunque los civiles también las usaron profusamente. Obsérvese el mangual (prácticamente un slungshot que cuelga de la cadera (así se portaba) del jinete más a la derecha, por ser el que se ve más claramente.
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Kisten ruso de principios del siglo XVI. Es el mismo tipo que el observamos colgando del cinto del caballero ruso del grabado anterior. Incluyo esta imagen para que podamos comprobar que el arma no sólo aparece en el arte o como resto arqueológico, sino que se conservan ejemplares originales, de la época. Este tipo, en concreto, es más parecido a un slungshot, del que hablaremos más adelante. Los kisten aparecen inventariados en los arsenales militares rusos hasta el siglo XVII pero los civiles los usaron casi un siglo más (p. e., se usaron mucho en la rebelión de Pugachev, 1773-75 y los cocheros y conductores de diligencias la tuvieron como arma icónica), hasta que el uso de las armas de fuego los volvió obsoletos. Hasta los sacerdotes ortodoxos los usaban para defenderse de ladrones y lobos.
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Manguales militares utilizados por los rebeldes de Pugachev (o Pugachov), 1773-1775. Obsérvese que éstos ya tienen una configuración principalmente metálica. El de la derecha no creo que pudiera utilizarse a una mano.
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Mangual militar ruso con una configuración más cercana a lo que en Europa occidental tenemos por más estandarizada. Parte del equipamiento de los famosos streltsí zaristas. Siglo XVI-XVII. Museum Velizariy de Kiev.

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5.2. El mangual como arma improvisada.

 

Una de las características del mangual es que es un arma que es, a la vez, compleja en su manejo y relativamente fácil de improvisar.

Y con más usos de lo que uno se podría esperar.

Comento esto más que nada porque mi intención es hacer notar al lector a simple vista que el mecanismo básico de hacer ondear un objeto con un mango (o similar) para aprovechar la fuerza centrífuga y la inercia en el golpe es algo que se reconoce rápidamente. Numerosas culturas han hecho uso de este concepto de forma utilitaria (ya hemos visto el caso del mayal agrícola) u ofensiva.

Una de las formas más básicas de emplear el mismo principio que el mangual es meter un peso enfundado en tela. Esta arma improvisada recibe en inglés el nombre de loaded sleeve(s) porque a menudo se empleaba una manga con un objeto pesado al final. Uno de los ejemplos más conocidos es el citado por Robert van Gulik en su libro The Willow Pattern A Judge Dee Mystery: en 1935, en Pekín, unas monjas extranjeras lograron escaparse de los ocupantes japoneses que las tenían acorraladas metiendo sus breviarios en las mangas y atizándoles con ellos. Muy frecuente también es el uso de meter una piedra dentro de una sábana o trozo de tela.

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Ilustración de un duelo judicial entre un hombre ¡y una mujer! según el derecho medieval suabo (actual Alemania). Los duelos judiciales medievales adoptaron numerosísimas formas y variantes. En ésta, observamos que el oponente (en este caso, masculino), se encuentra en un agujero en el suelo, relativamente inmovilizado (para equilibrar las posibilidades de la mujer, supuestamente menos fuerte y experta en combate que un hombre) y se defiende de los ataques que la mujer le propina con lo que es un mangual improvisado (un peso enfundado en una tela). Ambos oponentes muestran no tener muchos medios ni ofensivos ni defensivos (emplean acolchamientos básicos y armas improvisadas) por decisión de la corte judicial para evitar en lo posible un final mortal en el duelo. Nótese en la ilustración inferior izquierda que la mujer emplea una de las posibilidades más comentadas históricamente del mangual como arma: la capacidad de enredar el arma del adversario e inmovilizarla. Los duelos judiciales fueron una característica del Derecho medieval que se mantuvo durante siglos en las regiones de la Europa central, más concretamente en el área germanófona. Hans Talhoffer (Ms.Thott.290.2º f80r, 1459).

Desde tiempo inmemorial, se han empleado armas improvisadas consistentes en un peso atado a una cuerda o tira de cuero. No sé de un término en castellano que las mencione pero en inglés se las conoce como slungshots. Se traduce literalmente como “tiro de honda” pero el origen del término es marítimo. Los marineros empleaban antiguamente un peso al final de sus cuerdas (a veces, un simple nudo grande) para lanzarlas de un extremo a otro de las naves o a quien estuviera en el muelle (para amarrar la nave). Ese principio (girar una cuerda con peso) lo aplicaron después con fines ofensivos y con objetos mucho más pequeños y manejables.

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Ejemplares de slungshots modernos recreando los que usaban los marineros británicos. La mayoría se realizaban con cuerda fuerte de yute. Algunos podían incluir pesos (por ejemplo, plomadas de pescar) pero lo normal era emplear nada más que un nudo “puño de mono”, como el ejemplar de más a la derecha. Son armas baratas, eficaces, silenciosas, fáciles de fabricar, portar y ocultar, etc. Y pueden llegar a ser mortales, especialmente si se golpea con ellas en la cabeza. En España y gran parte de Europa, estos objetos están prohibidos. Fuente: Simon Davidson Leather, tienda de coleccionista.

La forma más simple consiste en utilizar una simple cuerda con un nudo grueso y apretado al final del cabo, a veces formando una correa para que no se saliera de la mano al tomar impulso. Este nudo recibe en inglés el nombre de “puño de mono” (monkey’s fist) y algunas veces el arma en sí recibe ese nombre.

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Diagrama mostrando cómo hacer un “puño de mono.”

Los slungshots más conocidos en la Historia son los utilizados por marineros… y por las bandas de criminales (las zonas portuarias suelen coincidir tradicionalmente con los bajos fondos, el contrabando, etc.) entre los siglos XVIII y principios del XX aunque el arma se asocia principalmente a la actividad criminal del siglo XIX.

Como podemos ver esta arma es, básicamente, un mangual a una mano… sin mango. Podríamos decir, incluso, que el mangual es una evolución del slungshot. El incluir estas armas improvisadas es, una vez más, para poder incidir en el hecho de que el mecanismo ofensivo propio del mangual es sólido, útil, evidente, y se ha usado muy frecuentemente. No es tan ridículo o poco probable como algunos nos lo quieren presentar.

Otras armas que se basan en el mismo principio del mangual (o parecido) son las conocidas como blackjacks (cachiporras en español), broccs, cubbies, saps, los pitones de las motos, meter una piedra en un calcetín o las llaves al final de una cadena.

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Por último, me gustaría mencionar (y reseñar) que el mangual vivió una especie de renacimiento (como arma improvisada) en un contexto muy determinado: la lucha de trincheras de la Primera Guerra Mundial. Durante las incursiones nocturnas para asaltar las trincheras enemigas (la Gran Guerra fue especialmente infame por el extenso uso de trincheras), muchos soldados (especialmente los ingenieros y carpinteros de los regimientos y unidades) acabaron diseñando y empleando multitud de armas improvisadas con las que poder atacar a los centinelas de la forma más silenciosa posible y/o abrirse paso luchando cuerpo a cuerpo en entornos muy cerrados y agobiantes en los que las armas de fuego largas (como los fusiles con bayonetas caladas) se volvían muy difíciles de utilizar en un asalto a una de estas líneas defensivas.

La mayoría de estas armas fueron mazas, garrotes, etc., hechas con materiales improvisados que estos soldados podían encontrar en el frente. La forma más común de crear una de estas armas improvisadas era añadirle un pedazo de metal a un mango de madera: garrotes con clavos, palos con un peso de metal atado, atornillado o clavado, etc.

Y una forma menos común, pero aun así ampliamente atestiguada fue la de usar un mango de madera (o barra de metal) al que estaba unido mediante cadena un peso con pinchos. Se conservan incluso ejemplares de varias cadenas.

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Maza de trinchera con configuración de mangual alemana utilizada en la Primera Guerra Mundial. Este es un ejemplo muy inusual de mangual no improvisado utilizado en aquel conflicto bélico. Fue fabricado comercialmente en gran número por F R Kottenhof, una compañía con sede en Gevelsberg, Westphalia, dedicada a fabricar herramientas, que aceptó y adaptó un pedido especializado de armas para el frente. Lo más llamativo de esta arma es… que parte del asta o mango es un muelle. El fabricante quiso ver en esta configuración alguna ventaja de índole mecánica pero lo cierto es que es muy dudoso desde un punto de vista estrictamente pragmático. Fuente.
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Esta es una selección de herramientas para cortar cables (izquierda) y armas improvisadas (derecha) empleadas en el combate de trincheras de la Primera Guerra Mundial. Se encuentran en el museo Tre Sassi (que fue una fortaleza durante el conflicto) en el Passo di Valparola (Belluno, en la región del Véneto, Italia). Foto: Stefano Menchiari. Se utilizaron en el frente de los Dolomitas, en el que combatieron soldados italianos contra los del Imperio Austro-Húngaro. Según afirma el autor de la fotografía, el texto explicativo que acompaña a las armas asegura que se emplearon para rematar a los soldados afectados por los ataques con gas. En la parte superior derecha de la imagen, puede verse un mangual de tres colas, de a una mano. Nótese que muchas de las mazas están hechas con piezas de metal pertenecientes a otros objetos: minas, granadas de mano, piezas de motor, etc.

Lo cierto es que estas armas improvisadas fueron utilizadas, y de manera masiva conjuntamente con armas más tradicionales como cuchillos, sables, chuzos, etc., por prácticamente todos los ejércitos, no sólo los Aliados o las Potencias Centrales.

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Resumiendo, todas estas variantes del mecanismo del mangual como armas improvisadas son relativamente efectivas y muy fáciles de procurar (y, muchas veces, de esconder).

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5.3. El mangual en otras culturas: nativos americanos.

 

El mecanismo del mangual como arma es tan básico que se encuentra incluso en culturas alejadas de la europea… e incluso del Viejo Mundo. Los nativos americanos, muy especialmente las tribus de indios de las Grandes Praderas y de los desiertos del Sudoeste (nótese: tribus de jinetes) de Norteamérica lo emplearon habitualmente. Suelen consistir en un peso tal como una piedra envuelta en piel de búfalo (u otros animales) curtida y cosida, y atada a un mango de madera.

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Mangual a una mano (aparece como slungshot en los catálogos de subasta pero es, técnicamente hablando, un mangual) de manufactura apache. Segunda mitad del XIX. Objeto de subasta American Indian & Ethnographic Arts – 2237. Mango de madera, El cabezal de piedra está sujeto con cuerda de fibra vegetal trenzada con envoltura de tela. Este ejemplar incluye decoración en forma de pequeños conos colgantes de estaño. Fuente.
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Garrote de cabeza suelta o flácida (flop head) apache. Colección de Clem Caldwell, Kentucky. Finales del siglo XIX. Fuente.
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Manguales (slungshots) de los llamados “cola de caballo” por su decoración o o flop heads (“cabeza suelta”) por su configuración, fabricados por tribus de las Grandes Praderas. Finales del siglo XIX. Fuente.

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5.4. Manguales en el área cultural indo-persa.

 

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Ya lo hemos mencionado anteriormente: el kabastin, una de las armas pertenecientes a la familia de las mazas con cadena y muy utilizada en Persia e India, especialmente a partir del siglo XVI y en el contexto histórico del ascenso del imperio mogol y las guerras persas contra otomanos, indios y afganos.

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Mangual kabastin del norte de la India con cabeza cónica de acero colgada de una cadena forjada manualmente. En el mango se pueden apreciar decoraciones geométricas de intrusiones de plata en las guardas esféricas. Segunda mitad del siglo XIX. Este ejemplar mide 94 cm.

En realidad, sólo fue utilizada por algunos grupos étnicos, principalmente castas de guerreros del norte de la India. El principio de uso de esta arma es el mismo que el del mangual europeo pero con alguna diferencia. La cadena solía ser bastante más larga pero el arma es menos pesada en conjunto que sus contrapartidas europeas porque era más deldada, estilizada y fina. Los ejemplares tasados y catalogados en Persian and Indo-Persian arms and armour of 16th–19th century from Polish collections, de Antoni Romuald Chodyński para el Verlag Muzeum Zamkowe w Malborku (año 2000), tienen pesos de en torno a los 3 kg, mangos de 80 cm y cadenas de en torno a los 30, pero las medidas podían variar muchísmo de uno a otro ejemplar, sobre todo porque era un arma muy individualizada.

De hecho, esta arma sí tiene una clara capacidad de enredar al oponente. Se podía emplear empuñando las dos manos dado que el arma está construida íntegramente de metal y la cadena es muy larga, aunque existen muchos ejemplares de una mano, como éste:

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He encontrado algunos textos en los que se asegura que se empleaba a veces desde el lomo de elefantes pero no me han parecido fuentes muy serias así que lo menciono como curiosidad pero quiero indicar que esta arma sí parece ser que la usaron infantes y guerreros a pie. No sé si conocéis el estilo de combate de la India del periodo mogol pero os lo explico: no se combatía al estilo europeo, en clara formación cerrada.

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Kabastin indopersa de finales del siglo XIX o principios del XX. Royal Ontario Museum. 116 cm. Acero forjado. Catalogado por Dr. Robert B. J. Mason.
Kabastin doble cola
Kabastin indio de doble cola. Siglo XVIII. Obsérvese que el hecho de que existieran manguales de más de una cola en varias culturas desacredita la creencia de que esos mismos manguales no pudieran existir en los arsenales europeos medievales y renacentistas. Una vez más, no son armas tan absurdas como algunos las quieren hacer creer. Fuente: el Metropolitan Museum.
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Kabastin a dos manos mogol del siglo XVIII en el Lahore Museum (Pakistán). Éste tiene también doble cola y las bolas tienen la configuración clásica con pinchos tan icónica de su contrapartida europea. Como se puede observar, no sólo a los europeos se les ocurrió utilizar ese “formato.” El kabastin, como su pariente el mangual europeo son armas individualizadas e intimidantes, más pensadas para actuar contra oponentes acorazados y defender posiciones elevadas que para abrirse paso entre formaciones cerradas (formaciones que no abundaban en el estilo de guerra del norte de la India).

5.5. Manguales en el Extremo Oriente: Corea, Japón y China.

 

Ahora nos trasladaremos al Lejano Oriente para estudiar armas similares al mangual. Una vez más, por completar y para que podamos comprobar por nosotros mismos que estas armas ni son tan excepcionales ni tan “ridículas” en su manejo (aunque ciertamente son complicadas de empuñar).
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En Corea existen dos versiones del mangual, que recibe el nombre genérico de pyeongon en coreano (traducido normalmente como “vara de dos secciones”). Uno, más largo, para infantes y jinetes (en torno a 1,87 m de altura en su sección larga y 47 cm en la corta, conectados mediante cadena aunque a veces se empleara cuerda) y otro, más corto (hay una ilustración en la introducción del artículo), normalmente utilizado sólo por guerreros a caballo. Ambos podían tener pinchos en su sección más corta o no. Se emplearon durante el periodo Joseon (que fue muy largo: 1392-1897) y aparecen largamente mencionados en los manuales de artes marciales Muyesinbo y Muyedobotongji.

El origen de esta arma sí aparece frecuentemente mencionado como de origen campesino, basada en el mayal agrícola para batear el arroz, a diferencia de su contrapartida china.

Pyeongon
Ilustración del Muyedobotongji (hanja:武藝圖譜通志, hangul:무예도보통지 ) el cual es un manual ilustrado de las artes marciales practicadas en la península coreana. Este libro, fue escrito por Yi Deokmu (이덕무, 1741-1793) y Pak Jega (박제가, 1750-1805) por orden del rey Jeongjo. En él se describen en detalle las artes marciales con y sin armas acompañadas de ilustraciones. Este libro se publicó en cuatro volúmenes además de un volumen adicional en el cual los caracteres chinos originales son presentados en la versión coreana hangul. El guerrero de la izquierda maneja un pyeongon largo, para infantes (la versión más utilizada) aunque, como se puede comprobar, se puede usar a una mano.
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Uso del pyeongon largo a caballo. Ilustración del Muyedobotongji. Como se puede observar, no es imposible utilizar un mangual a dos manos a caballo, aunque sí es cierto que requiere de gran destreza y habilidad hípica.
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Uso del pyeongon largo con una mano a caballo. Ilustración del Muyedobotongji.

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En Japón. La variedad de armas “de cadena” aumenta considerablemente conforme dirigimos nuestra atención al archipiélago japonés. “Armas flexibles” como el surujin okinawés, el jōhyō o “dardo cuerda” (que aparece tan frecuentemente en el anime Naruto, el cual aborrezco profundamente a nivel personal) y toda la inmensa variedad de las kusari (literalmente, “cadena”, en japonés), como la kusari-fundo, kusari-gama, … incluso el famoso nunchaku de Okinawa puede considerarse un arma muy similar en concepto al mangual. De hecho, esta última arma posee un clarísimo origen campesino ya que comenzó como implemento agrícola para descascarillar el arroz.

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El famosísimo y cinemático (popularizado por Bruce Lee) nunchaku es, técnicamente hablando, otro tipo de mangual a una mano (utiliza el mismo principio cinético para golpear). De hecho, sus orígenes son netamente agrícolas, como el mayal largo europeo. Tanto es así que, aunque se le tiene por un arma japonesa (más bien okinawesa), se lo encuentra prácticamente en todas las culturas asiáticas que tengan el arroz como cereal principal de cultivo: Vietnam, Indonesia, Filipinas (donde se le llama tabak-toyok), China… todos estos países y las culturas que en ellos han aparecido han empleado esta herramienta agrícola para descascarillar el grano de arroz (o incluso la soja)… o como arma improvisada. La principal diferencia con respecto a su “pariente europeo” es que es más corto, no tiene una vara más larga que la otra ya que el arroz no tiene una cáscara tan dura como el trigo o el centeno y vapulear un grano tan fino con un mayal más grande podía romperlo. De ahí que existan tantas variedades de mayal agrícola de una mano en Oriente, al contrario que en Occidente. La etimología del término nunchaku no está clara, aunque la mayoría de filólogos consideran que es de origen chino y hace referencia a la expresión “pareja de bastones/palos.” El ejemplar de la imagen es un modelo japonés relativamente antiguo de una colección particular que emplea cadenas y engarces de metal para unir los dos mangos. Pero el implemento agrícola solía utilizar cuerdas y/o tiras de cuero, para abaratar su producción. Diversas artes marciales orientales como el kobudo okinawés, la eskrima filipina o el hapkido coreano han adoptado el empleo del nunchaku como arma de cuerpo a cuerpo que se complementa muy bien con un estilo ágil, rápido y, a la vez, contundente (es su principal ventaja frente a un mangual europeo: en el tiempo en que un europeo golpea, el usuario del nunchaku puede haber realizado más de un golpe; menos mortífero y que precisa de acercarse más al adversario, eso sí). El empleo del nunchaku, no obstante, como el de prácticamente todas las armas de cadena es extremadamente peligroso y requiere de mucha práctica. Los accidentes en su manejo son muy comunes.

Pero si hay un arma que se parece tremendamente al mangual europeo en Japón, ésa es, sin duda, el chigiriki (契木術). Esta arma es, básicamente, la versión japonesa del mangual de guerra: un asta o mango largo al que va conectado un peso (generalmente una bola de metal) a través de una cadena de metal bastante larga. No fue un arma muy común y, de hecho, sólo aparece mencionada desde finales del periodo Muromachi (siglos XIV-XVI).

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Tetsu-chigiriki japonés, una variante del chigiriki que consiste en un bastón de hierro hueco que tiene a su vez una plancha de hierro unida a una cadena oculta en el interior. Existe un ejemplar idéntico en el museo de Kawagoe, en Saitama. Ambos son, supuestamente, del periodo Muromachi.

La mayoría de expertos en artes marciales cree que el arma no es nativa de Japón sino que se inspiró en el pyeongon coreano (o su equivalente chino, que veremos a continuación) pero con la diferencia de tener un peso en forma de bola (a veces podía tener varias colas) en vez de otra sección para golpear y estar realizado en numerosas ocasiones íntegramente en metal aunque lo frecuente es que el asta, muy larga, sea de madera. Es un arma propia de guerreros poco refinados. Aparece muy asociada a disturbios y revueltas de ronin pero la enseñanza de su manejo se encuentra regulada en varias escuelas de artes marciales japonesas. La cadena es de longitud muy variable y, de hecho, existen ejemplares con las cadenas retráctiles (se podían esconder dentro del mango hueco).

Es un arma de área y se suele emplear a dos manos.

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Y por fin llegamos al país donde quería llegar porque es tremendamente importante para entender el origen del mangual como arma… y su expansión por buena parte del mundo.

Una vez más, nos encontramos con que en China existen multitud de armas de la familia de las “cadenas” (muchas de las cuales influyeron en la creación de otras armas similares en países cercanos de la sinoesfera), como el martillo meteoro (liúxīng chuí; 流星錘) el bastón de tres secciones (san jie gun; 三节棍) y el jiébiān (節鞭), que es básicamente un látigo de cadena de tres (el más común), siete o nueve secciones, aunque el número puede variar. Las similitudes con el mangual consisten en la presencia de un mango de madera muy corto en un extremo de la cadena y la presencia de una especie de dardo o cabezal puntiagudo en el otro, con la que golpear, cortar o incluso atravesar al oponente. Es un arma propia de algunas disciplinas del wushu, muy versátil, ya que permite enredar a un oponente, desarmarlo, atacar a distancia, etc. Los inconvenientes son los habituales: requiere de mucho espacio para ser utilizada y de un gran entrenamiento para dominarla. Tanto es así que se la considera el arma más difícil de dominar en el wushu, a la altura del más famoso (por sus apariciones cinemáticas) y ya mencionado martillo meteoro.

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Jiébiān (節鞭) inusual de cuatro secciones, originario de la provincia de Shanxi. Colección particular del sifu John Barbary. Fuente.

Pero el arma china que más se le parece al mangual militar es prácticamente una copia de su homólogo europeo: la vara de dos secciones (caracteres chinos: 长小棒; pinyin: cháng xiǎo bàng; literalmente: ‘palo corto/largo’; también recibe el nombre de shaozi gun): un asta corta se una a una vara larga por medio de una cadena de metal (de muy diversa longitud). Puede ser empleado a una o a dos manos, ya que es relativamente versátil y poco pesado.

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Ilustración de un mangual de dos secciones. Manual militar de la dinastía Ming (siglos XIV-XVII).

A veces se le atribuye un origen shaolin pero sus verdaderos orígenes son otros. Hay referencias a esta arma ya en el Periodo de los Reinos Combatientes (siglo V a. C.) y los manuales de guerra de la dinastía Song aseguraban que los orígenes de esta arma se encuentran en… los guerreros nómadas del norte de China.

Una vez más, nos encontramos con que esta arma tiene una estrechísima conexión con el combate a caballo. Y un detalle a tener en cuenta: dado que los chinos adoptaron esta arma de pueblos incursores nómadas a caballo de las grandes estepas y desiertos del centro de Asia y lo mismo hicieron posteriormente rusos y eslavos a inicios de la Edad Media que fueron quienes introdujeron esta arma en Europa occidental, la conexión está clarísima.

El origen es el mismo.

Queda demostrada sin lugar a dudas la existencia del mangual a una mano como arma que vio un uso en combate efectivo. Todas las referencias cruzadas coinciden.

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Pergamino colgante (en seda) chino representando al dios del Trueno Lei Gong (una deidad protectora) enfrentándose a los espíritus malignos con un mangual de oro otorgado por el Emperador de Jade. En la parte superior derecha se puede observar a otro espíritu guardián enarbolando un mangual similar. El autor es anónimo pero se puede leer quién encargó la obra: la concubina Shen y la fecha en que se terminó de pintar, el 6 de mayo de 1542. Esta obra se encuentra en el Metropolitan de Nueva York. Nº de referencia: 1989.155.

 

6. Conclusión.  La falsa polémica creada por Sturtevant.

 

Bueno, como ya hemos visto, el mangual a una mano existió y tuvo un uso militar incluso en la Edad Media europea (y en otros periodos y culturas)… y no era tan difícil darse cuenta de ello. Entonces, ¿por qué hay gente que se empeña en decir que no existió?

La polémica es falsa.

Esa polémica fue creda adrede para generar atención.

Volvamos a hablar de Paul B. Sturtevant, el supuesto medievalista creador de esta polémica.

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Retrato de Paul B. Sturtevant obtenido en su web personal http://www.paulsturtevant.com. Uuuuy, sí, con el pin de la Rebelión de Star Wars en la solapa. Ahí, dándoselas de “friki.” Pues lo siento: con su falsa polémica sobre el mangual a una mano, Sturtevent ha demostrado ser una vergüenza como profesional… y como friki. Un friki no debería mentir o forzar una falsa polémica en su área de interés y/o conocimiento. Su presentación no tiene desperdicio: Welcome to my website. I’m an author. I’m an historian. And I’m a public medievalist. While you’re at it, throw onto that pile public speaker, gamer, sociologist, consultant, former actor, and, very occasionally, karaoke rock god. And even though I’m on the very cusp of some people’s definitions, I know I’m a “millennial” because my side-gigs have side-gigs. My mission in life is to uncover interesting new histories, and make them understandable, entertaining and, better still, meaningful for people. As such I’m always looking for new (old) stories to tell, and new ways to tell them. And I firmly believe that unless you connect the past to the present, it never rises above the level of anecdote. And I also believe that we can look to the past to find instructive lessons on who we should be in the present. Y, ¡por supuesto! No se le puede pasar por alto intentar vender SU libro: My book is now available! The Middle Ages in Popular Imagination: Memory, Film and Medievalism is available.

Y digo “supuesto” porque aunque tenga algunas acreditaciones adecuadas…

-Ha obtenido un PhD, el equivalente a un doctorado en Estudios Medievales por la Universidad de York, se ve el plumero enseguida de por dónde va. La inmensa mayoría de sus estudios se han centrado en la relación entre cine, literatura fantástica y Edad Media. Recordemos que en el mundo anglosajón las carreras universitarias están “hechas a pedazos”, no tienen una linealidad más o menos constante en sus materias como las nuestras. Esto es, un historiador en España y Francia aprende, ante todo, Historia… NO CINE. La jodida tesis de Sturtevant se titulaba: The Sword, The Cross and The Camera: Modern Myths of The Crusades in Film.

His PhD at the University of Leeds covered how big-budget feature films influence popular ideas about the medieval past.

Sí, señor, con dos cojones el “experto medievalista.” Anda que se iba a molestar en tratar una tesis histórica sólida. El señor se la pasó revisando la relación entre cine y una época concreta. Un trabajo que cualquiera podría hacer en la Secundaria del sistema educativo español o francés.  ¡¡¡Magnífica acreditación!!!

-Su formación y ocupación es ridícula y ridículamente especializada e interesada como para dárselas de “divulgador” (serio):

He also is the owner of a consultancy company, History for the People LLC, through which he does museum evaluations and training courses on public engagement and public speaking skills for universities.

Fuente.

El artículo en contra del mangual a una mano (recordemos: redactado en The Public Medievalist, la misma revista de la que él es editor; no la ha publicado peer-reviewed, lo cual es descaradamente impresentable para un técnico de índole científica) es, obviamente, una forma de publicidad de su “negocio de consultoría historicista”… y, tangencialmente, de forma de publicidad para vender su libro. ¿Qué mejor forma de presentarse con algo de prestigio cuando no es un académico de renombre ni tiene formación sólida en un área tan especializada como la comunicación histórica que decir: “yo fui el desmontador del mito de que existió el mangual a una mano; contratadme que yo sé de lo hablo y soy capaz de transmitirlo y divulgarlo”?

-Él mismo admite que se metió a estudiar Historia tras una fracasada carrera como actor de teatro y porque le gusta la Historia como medio para contar “historias”. Fantástico, joder, fantástico. Tenemos a un actor fracasado cuya pasión es el cine y lo fantástico (valga la redundancia). Ya nos podemos hacer una idea de la calidad investigativa de este individuo y de la seriedad de su formación. ¡Que no me lo invento, ahí van las pruebas!

My first dream was to be an actor. I know this seems like a diversion, but go with me for just a second. Unlike a lot of actors I knew, who drank up the adoration of their audiences like the water of life, I was always far more interested in telling stories. Particularly, I was happiest when these stories really affected people. I didn’t mind much if they clapped until their hands fell off. I wanted to make them gasp, laugh, cry.

When I left the theatre for good, I was drawn to history– but not the type of history that entails a meticulous search through archives and manuscripts for chasing an ephemeral ideal of “truth” (which many historians would argue is not what they do at all, but let’s leave that to one side). Rather, I was far more interested in history as a storytelling medium– as a way that people make sense of their lives, view the world around them, and come to hope and fear for the future. So, the research that I did during my Master’s at the University of York and my PhD at the University of Leeds focused on the ways in which we tell historical stories today, and how they affect our perceptions of the medieval past.

[…] What I am is a Public Historian– a Public Medievalist. That title is a bit vague […]

For example, my focus is on the Middle Ages. But while contemporary Europeans have a more-or-less monopoly on medieval historical sites and archive material, Americans (such as myself) consume a huge amount about the medieval world in other ways. We do this either through the media, popular culture or the internet, and play with it through hugely-popular re-enactment societies and renaissance faires.

Fuente.

Vamos, más claro y con menos vergüenza no lo puede decir este tipo.

-No es, por tanto, en sus propias palabras, un historiador de la “vieja escuela”, de los de buscar en libracos viejos y patearse los museos y tiendas de antigüedades. Ni tan siquiera habla otros idiomas. A lo largo del artículo compararemos su “actitud” poco científica y académica con la de varios otros historiadores europeos a los cuales, por lo que veo, desprecia subrepticiamente por no ser cool ni conocer la influencia que lo medieval tiene en el mundo audiovisual. Y sí, hablando de ello: ni tan siquiera es europeo, es estadounidense… y adolece en sus obras (influenciadísimas, encima, por su “amor” al cine) de una cultura básica sobre la Edad Media en la que cualquier estudiante europeo de Secundaria le da veinte vueltas como ya le hicieron notar en los comentarios de su artículo diversos comentaristas polacos, checos, alemanes, belgas y franceses. Este tipo es un “nostálgico” americano de una “medievalidad europea” que ni conoce ni acaba de entender. Para él la Edad Media europea es importante “porque sale mucho en el cine y la televisión”, no porque sea un periodo histórico que conformó la cultura de docenas de pueblos, ¿no te jode?

-Como se puede comprobar, el mito de que no existió el mayal medieval de una mano ha nacido a partir de y es difundido por gente interesada y que no son precisamente unos entendidos ni unos técnicos (serios) en la materia. Esta polémica aparece esencialmente desde que surgió internet, no antes. Y eso es más que significativo: de hecho, es uno de los mejores ejemplos de desinformación interesada que os puedo presentar para que entendáis el concepto de falso debunking.

-¿Y por qué parezco tan enfadado? Porque aparte de su descaro, la actividad y actitud personales de Sturtevant como académico ha sido de todo menos seria y profesional. Impropia de un historiador. Incluso impropia de un friki, que es de lo que va esta bitácora que estáis leyendo. Y, por supuesto, impropia de un técnico, investigador o científico social. Más que nada, me han molestado sus pésimas técnicas de investigación y su inmerecida soberbia y chulería. Tras la publicación de su artículo, decenas de comentaristas pasaron (pasamos) a rebatirle su asunción con pruebas físicas y perceptibles a simple vista. El tipo tuvo la cara tan rematadamente dura de decir esto:

Editor’s note: I know this topic stirs up some heated passions among those on both sides of this issue. Think I’m wrong? Prove it in the comments…

Y se lo probaron (un servidor incluido).

Todo ello me ha inclinado por categorizarle como mínimo de mínimos, de “pésimo investigador”… y a redactar este artículo recopilando pruebas porque no puedo pasar por alto este fraude en un área de conocimiento que me apasiona… y las personas necesitan saber que esa afirmación está más que equivocada y recontraequivocada… y que esta información pueda ser más fácilmente accesible y recomprobable que en unos comentarios de una web aislada. No puede ser que circule ese artículo sin que nadie pueda encontrar una respuesta adecuada, desmintiéndolo. A fin de cuentas, a todos nos debería gustar el conocer la verdad de un debate o polémica, ¿no?

Vamos a dejarlo claro… ese artículo de Sturtevant afirmando una mentira directa (que no existió el mayal/mangual medieval de una mano) no es sino otro ejemplo más de “fabricación de una polémica barata por internet” para provecho personal. Ese artículo no es más que un click-bait (“cebo para cliquear [con el ratón]”) para atraer audiencia, obtener lectores para sus libros y artículos de “tercera categoría regional subpreferente”, seguidores, clientes para su negocio de “comunicación pública” y lograrse una fama rápida por parte de alguien que se nota enseguida que ni es un técnico bien formado ni un académico honrado o de prestigio arduamente adquirido.

Si es que su intención primigenia era la de plantear un debate sincero.

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Nota: en una actualización Sturtevent dice haber “reevaluado” su posición frente al mangual en esta respuesta. Si eso es una rectificación y, más aún, una rectificación de índole técnica, académica y científica, mis cojones son claveles.

De vergüenza. Estoy absolutamente indignado.

Ya ni me paro a efectuar un segundo debunking. Con este individuo, es perder el tiempo. Con mi artículo, que aquí queda, ya sólo espero y aspiro a dejar zanjada definitivamente la falsa polémica: el mangual a una mano medieval existió y vio uso en combate.

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7. Bibliografía.

 

Os podréis encontrar con referencias y enlaces por todo el artículo, pero en este apartado específico he incluido las obras de literatura académica que considero más relevantes.

Hafted Weapons in Medieval and Renaissance Europe: The Evolution of European Staff Weapons Between 1200 and 1650 (History of Warfare). John Waldman, 2005.

George Cameron Stone, Donald J. LaRocca: A Glossary of the Construction, Decoration and Use of Arms and Armor: in All Countries and in All Times, Verlag Courier Dover Publications, 1999, Seite 228, ISBN 978-0-486-40726-5

Stadt im Wandel: Kunst und Kultur des Bürgertums in Norddeutschland 1150–1650, Autoren: Cord Meckseper, Braunschweigisches Landesmuseum, Braunschweigisches Landesmuseum für Geschichte und Volkstum, Herzog Anton-Ulrich-Museum Braunschweig, Dom St. Blasii (Braunschweig, Germany), Cord Meckseper, Verlag Edition Cantz, 1985, ISBN 978-3-922608-37-0

Manuel Braun, Cornelia Herberichs: Gewalt im Mittelalter: Realitäten – Imaginationen, Wilhelm Fink Verlag, 2005, ISBN 978-3-7705-3881-2

Antoni Romuald Chodyński, Muzeum Zamkowe w Malborku, Persian and Indo-Persian arms and armour of 16th–19th century from Polish collections, Verlag Muzeum Zamkowe w Malborku, 2000, ISBN 978-83-86206-31-5

2 comentarios sobre “¿Existió el llamado en castellano mangual o mayal (‘flail’ en inglés), un arma de una mano medieval y fue usado en combate real? SÍ. Un ejemplo de “polémica barata a través de internet” en el mundo popular y académico.

  1. Hace mucho pude ver unas jornadas “LARP” en Sevilla, en el parque del Alamillo. Hicieron varias actividades, entre ellas, duelos. Había un tipo con mangual que ganaba casi siempre. Pero creo que era porque la cadena era muy larga y tenía mucho alcance, junto a la inexperencia de los contricantes al enfrentarse a ese tipo de arma.

  2. Excelente artículo, muy bien ejemplificado, to soy practicante de nunchaku y coincido que los mayales han existido por todo el mundo en diversos tamaños y formas: largos, cortos, simétricos, asimétricos, como herramienta, como arma, etc. Incluso, una ves leí un artículo en inglés, que probablemente el arma de Thor era un mayal originalmente, pero los pueblos nórdicos al pasar de un estado primitivo agricultor a un estado guerrero con el uso del hierro, el mazo sustituyó al mayal, lo que tiene sentido si tomamos en cuenta que Thor “giraba su arma” para golpear; en ese mismo artículo mencionaba que también los europeos pudieron haber intruducido los mayales cortos a Okinawa y no los chins como se acostumbra, lo que tiene mucho sentdo si comparamos la técnica del nunchaku con las “pequeñas barradoras” chinas, son muy diferentes las técnicas… etc. lástima que perdí el enlace del artículo, si sabes algo al respecto lo agradecería.
    Respecto al articulo donde dice que nunca existió el mangual, ya lo había leido, no tiene fundamento, es como decir que la guitarra barroca no existió solo porque no hay guitarras en los museos y que los dibujos de los tratados son una “fantasía” de los artistas… qué imbécil… jajaa Saludos desde México.

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